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Opinión | Relatos sobrte Vitela

La monumentalidad barroca de la Obra-Pía de Piloña

El valioso conjunto de retablos que conserva la Fundación Marqués de Vista Alegre

Si en el amplio territorio de la comarca centro-oriental asturiana existe una muestra destacable de lo que supuso el esplendoroso barroco asturiano, no podremos señalar otra que el conjunto de retablos que conserva la capilla de la conocida Obra-Pía de Piloña, identificada también como Fundación Marqués de Vista Alegre.

A pesar de que su hechura original, ejecutada bajo los cánones estilísticos del barroco, se retrotrae a mediados del siglo XVIII, mantiene su traza y porte estético como si el tiempo no hubiese tenido algún tipo de incidencia sobre su estado. Fue respetado el conjunto retablístico cuando en el año 1908 los marqueses de Vista Alegre, doña Presentación de Tineo y Unquera y su esposo don José Piernas Hurtado, encargaron al prestigioso arquitecto don Juan Álvarez de Mendoza, el proyecto de transformación parcial del edificio de la Fundación que databa de la primera mitad del siglo XVIII. En realidad esta reforma afectaría solo al aulario permaneciendo intacto el ábside de la capilla en donde permanecen los retablos y la torre del edificio

Los estragos de los violentos acontecimientos que durante la guerra dieron al traste con el riquísimo patrimonio de la Iglesia comarcal tampoco tuvieron alguna incidencia sobre este tesoro artístico de Piloña, gracias a las hábiles gestiones del que fuera capellán de la Fundación en aquellos desgraciados días, don Prudencio Días González, un ilustre clérigo revestido de grandes cualidades de intelectual, al que la villa de Infiesto debería de recuperar al menos su memoria para resarcirle del ostracismo al que fue sometido tras la guerra y hasta el año 1953, fecha de su fallecimiento.

Como clérigo titular y catedrático de Gramática y Lengua Latina defendió sagazmente y con ahinco el histórico edificio y su capilla, en cuyo presbiterio de base poligonal y cubierto por bóveda de horno compuesta de cinco gallones, se encuentran los tres retablos, enmarcados por ligeras molduras que partiendo desde la bóveda se deslizan en sentido vertical.

El conocido como retablo mayor o central presenta una traza tradicional constituida por tres cuerpos y tres calles. El inferior conformado por la predela o banco con el sagrario al centro y las ménsulas de arranque de las columnas-estípite y pilastras a los flancos de aquel y de las calles laterales. El cuerpo central alberga una gran hornacina con arco rematado con un medallón. El piso superior o remate está constituido por arco de medio punto dividido en tres calles, con una pequeña hornacina en la central que alberga un Crucificado sobre tabla pintada con la escena del Calvario.

A ambos lados de este retablo central se encuentran otros dos de menor tamaño pero siendo su traza un remedo de aquel. Se diferencian de este en la ausencia del sagrario en su predela y sustituyen el medallón que coronaba la hornacina del cuerpo central por una ampulosa cartela vegetal. Albergan también sendas pinturas en su remate con representaciones de santa Catalina, el de la izquierda; y de san Cipriano, el otro.

La maestría del diseño y la técnica de ejecución de la obra vincula su factura, llevada a cabo hacia 1751, a algún discípulo de Antonio de Borja o a ese mismo taller. Así lo confirma el profesor Ramallo al describir el retablo de San Juan de Berbío, llevado a cabo en la misma fecha y ambos ejecutados con el caudal de don Juan Blanco, piloñés emigrado a Méjico y fundador de la Obra Pía de Piloña.

Esta Institución de carácter benéfico-cultural y presente en la comarca con ininterrumpida vida desde su fundación, allá por los años de 1740, se muestra muy orgullosa de seguir conservando un patrimonio único en el territorio del oriente asturiano. Su presencia en el itinerario del ya conocido como Camín de los Santuarios enriquece enormemente esta vía de peregrinación y se convierte en hito imprescindible para cuantos peregrinos y caminantes se dirijan a Covadonga, a San Salvador o hasta Santo Toribio de Liébana.

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