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Habaneras en Llanes

Las aportaciones de José Manuel Borbón y José Luis Sotres al repertorio coral

En cierto modo, los Encuentros de Habaneras de Llanes, en los que cada año tomaban parte coros de Asturias, Cantabria y País Vasco, parecían diseñados para el lucimiento y disfrute de los coralistas. Exentos de la presión competitiva de los concursos, eran pura exhibición. Con el retablo plateresco de la Basílica de Santa María como invariable telón de fondo, alcanzaron a cumplir veintidós ediciones consecutivas entre 1998 y 2019. Siempre con el aforo del templo colmado. Siempre con el broche final del “Asturias, patria querida”, entonado al unísono por los tres coros participantes y por el público puesto en pie.  

El evento había surgido en el marco de un programa de contenido americanista que puso en marcha el Ayuntamiento llanisco en 1998. Desde el primer momento contó con la colaboración del párroco Luis Díaz García (1931-2021), gran aficionado a la música. Don Luis -cuyo padre, repartidor de pan de la tahona de Regino Muñiz, había muerto en la batalla de El Mazucu, en septiembre del 37, formando parte del ejército republicano- era uno de los cantores de la Schola Cantorum (el coro parroquial) y compondría, en colaboración con el musicólogo Ramón Sobrino, la “Misa Llanisca”, reservada hoy para determinadas fiestas litúrgicas. 

A lo largo de más de dos décadas, la cita polifónica dejó en la villa de Posada Herrera una huella difícil de borrar. Hacía posible el contacto entre coros de regiones distintas y tenía el valor de marca distintiva del verano llanisco, al igual que las actuaciones de la OSPA, que, desde 1990 y hasta 2019, ofrecería en el mismo escenario 26 conciertos. 

En el relato de las emociones generadas a su sombra, el Encuentro de Habaneras daría visibilidad y resonancia a inesperadas aportaciones al cancionero por parte de dos protagonistas de la pequeña historia local: José Manuel Borbón Concha (1936-2017) y José Luis Sotres Alles, “Chaleco” (1938-2022). Ambos habían sido emigrantes en algún momento de sus vidas, y los dos supieron dejar constancia poética de un exultante llanisquismo mamado desde la niñez. 

Hijo de Manuela Concha Cagigal, la entrañable dama de Telléu que cocinaba y vendía bollas en su vivienda de la calle de San Agustín, Borbón tenía alma de artista. Amasaba el barro y cincelaba y pulía la piedra. Cantero, poeta vocacional y buen jugador de bolo palma, convertía el mármol de Carrara y la piedra autóctona del país en escudos heráldicos, imágenes de la Santina y conjuntos escultóricos para panteones. Ancestros suyos habían sido tejeros, y a él le gustaba explicar que el mayestático apellido que llevaba puesto en el DNI provenía de un lejano desliz amoroso de Felipe V. En Suiza, adonde emigró en los años 60, escribió el poema “A la villa de Llanes”, que mucho después sería armonizado por Justo González Antuña, director de la Coral San Martín de Sotrondio, y estrenado como canción por el coro asturiano en el III Encuentro de Habaneras de Llanes, el 14 de julio de 2000.  

Entre similares parámetros de emigración y añoranzas transitó también la historia de José Luis Sotres, “Chaleco”, nacido en el Cuetu e hijo del primer chatarrero que hubo por aquí después de la guerra. Había marchado de joven a las Vascongadas. Trabajó inicialmente en talleres de calderería y acabó siendo supervisor de fabricación y jefe de mantenimiento de equipos auxiliares de Altos Hornos. Entre medias se sumó a la Coral “Irutasun Abesbatza” de Algorta y escribió la letra de una especie de himno personal. A aquellas líneas escritas para sí mismo las pondría acordes musicales el profesor del Conservatorio de Bilbao Pedro Guallar. Con el título de “Soy de Llanes”, la canción se estrenaría el 16 de julio de 2004 en el VII Encuentro de Habaneras, cantada por el propio “Chaleco” y sus compañeros de la “Irutasun”. 

http://higiniodelriollanes.blogspot.com.es

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