Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Paulo García Díaz

La obra del puente, un despropósito histórico

Se ha cumplido un año de la protesta contra el cierre del viaducto de Ribadesella

Se ha cumplido un año desde la manifestación que concentró en el puente de Ribadesella a mil personas. Allí mostramos el rechazo a la decisión unilateral del Ministerio de Transportes de cerrar al tráfico rodado el puente durante quince semanas para acometer las obras, cambiando el criterio anterior de dejar siempre un carril abierto. Justificaron la decisión del cierre en la "urgencia" de ejecutar y agilizar los trabajos, porque "las pilastras no aguantan más", y en que esto permitiría acabar el puente en "diciembre de 2025".

Una vez que hemos comprobado y "padecido" que esa urgencia no era tal, que no se ha cumplido el objetivo, ni se ha atendido la petición municipal de poner tres turnos de trabajo, al igual que se hizo en el desfiladero de La Hermida; el Gobierno estatal debería reconsiderar el cierre y apostar por una alternativa que no sea rodear diecisiete kilómetros para cruzar la ría. De no ser así, partirán en dos un pueblo y será devastador para la economía local. Se lo explicaría personalmente al ministro, al director de Carreteras del Estado y al presidente del Principado, pero no han tenido a bien recibirme.

Y sí, contra la opinión del Ministerio, mantengo que hay alternativas técnicas al cierre. Así lo afirman los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos con los que he consultado. La respuesta: "Hoy, técnicamente se puede hacer todo. Es cuestión de cuánto quieras gastar". ¿No merecen los riosellanos ese esfuerzo? Todo está inventado. Hay países "construidos" sobre el agua.

Manifestar mi postura en este asunto (qué alcalde no exigiría minimizar los daños a los vecinos ante cualquier gobierno y signo político), ha traído consecuencias personales para mí y mi entorno, pero eso no va a evitar que siga reclamando lo que me parece justo y me traslada una mayoría de vecinos. De los más de siete millones del puente, ¿cuánto supuso tener aquí a la empresa adjudicataria de brazos cruzados más de un año?; ¿por qué pagan las consecuencias de una mala gestión los riosellanos?; ¿por qué no facilitan la documentación que acredite la postura que defienden?

El destino ha querido, además, que dos puentes emblemáticos sobre el río Sella, la salida y la llegada del Descenso Internacional, estén en obras a la vez. Dependen de dos administraciones gestionadas por el Partido Socialista: la autonómica, en el caso de Arriondas; y la del Estado, en el caso del de Ribadesella. Me alegro por los parragueses por la gestión que reciben del Principado en este asunto; y por su alcalde, que llevaba años luchando por esa actuación. Evidentemente, exijo lo mismo para Ribadesella.

Querer es poder y ahí está el puente de Arriondas para recordárnoslo: en poco más de un año, rotonda en una carretera nacional, previa al inicio de las obras; demolido el puente viejo y colocada la estructura del nuevo. Tres años después, Ribadesella solo tiene reforzadas algunas pilastras y un corte al tráfico rodado de cuatro meses, en el horizonte.

Ribadesella merecía un puente nuevo, y no este despropósito de obra. La remodelación se adjudicó en diciembre de 2022, se inició en marzo de 2023, se paró durante más de un año, y no se ha cumplido ni uno solo de los plazos anunciados públicamente. Deberían replantearse la situación, están a tiempo de evitar una injusticia histórica con los riosellanos y plantear una ejecución menos lesiva.

No se trata de política, se trata de proyectos que afectan a la vida de las personas, cuyos daños colaterales son evitables. Inaugurarán el puente de Ribadesella antes de las elecciones de 2027, pero las estrategias políticas no deberían estar nunca por encima del bienestar y el interés público.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents