Opinión
Colillas y desperdicios en el canto rodado de El Puentón, sobre el río Sella
El monumento nacional une los concejos de Cangas de Onís y Parres, convertido en un "cenicero"
Infinidad de colillas pueblan -incluso en un "cenicero" habilitado tras la extracción de una piedra de mampostería- buena parte del canto rodado del emblemático Puentón de Cangas de Onís tras el paso de los turistas y visitantes de la última Semana Santa, y en el inicio del "puente" del Primero de Mayo, ofreciendo en estos momentos una imagen deplorable y dantesca cara a quienes suelen acercarse a ese lugar para contemplar desde lo más alto las cristalinas aguas del mítico río Sella. Y es que se hace indispensable un baldeo en condiciones para limpiar esos residuos y desperdicios que se localizan en ese Monumento Nacional, pese a las diversas papeleras ubicadas en el entorno.
Como dicen los expertos, si hay un lugar en el Principado de Asturias que rezuma historia ese es el archiconocido Puente Romano de Cangas de Onís, o, como se le conoce popularmente, El Puentón o Puente Vieyu. Su silueta robusta y elegante se alza sobre el río Sella, uniendo los concejos de Cangas de Onís y de Parres, y desde hace siglos es paso obligado para quien desea sumergirse en la esencia más pura de Asturias. Aunque su nombre pueda inducir al error, este puente no es de época romana, sino medieval, construido en tiempos del rey Alfonso XI de Castilla en el siglo XIV.
Un puente medieval con alma romana
La estructura actual del puente, a pesar de su denominación romana, responde a la arquitectura gótica. Consta de tres arcos de desigual tamaño, destacando especialmente el arco central peraltado, que confiere al puente esa apariencia majestuosa y característica. Su función fue siempre estratégica: por aquí pasaron viajeros, comerciantes y ejércitos, quizás incluso los primeros guerreros cristianos que, liderados por Pelayo, encendieron la chispa de la Reconquista en Covadonga, apenas a unos kilómetros de distancia.
A lo largo de su historia, el puente ha sufrido diversas restauraciones. La más importante tuvo lugar en 1876, cuando el municipio de Cangas de Onís llevó a cabo una profunda reparación, dejando constancia de ello en una lápida conmemorativa. Ya en el siglo XX, tras la Guerra Civil Española, el puente volvió a ser restaurado entre 1940 y 1943 bajo la dirección del arquitecto Luis Menéndez-Pidal y Álvarez, quien también trabajó en la conservación de otros monumentos asturianos.
La Cruz de la Victoria: un emblema colgante
Dentro de poco, 5 de julio, se cumplirán 87 años desde que fuera colgada, por primera vez, la simbólica Cruz de la Victoria del arco central de El Puentón o puente “romano” (en realidad es medieval) que une los concejos de Cangas de Onís y Parres, sobre el mítico río Sella. Un puente que, con el transcurso del tiempo, se ha convertido en uno de los monumentos nacionales –fue declarado el 3 de junio de 1931, siendo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes Marcelino Domingo– que más ha despertado la atención de turistas en el Principado de Asturias. La cruz sufrió algunos y puntuales actos de sabotaje o gamberrismo, pero se ganó la admiración y el respeto de oriundos y forasteros.
La famosa cruz, sumamente fotografiada, fue instalada en tiempos de Emilio Antonio González Capitel, alcalde de Cangas de Onís (1937-1943) durante la dictadura franquista. Allá por el año 1999, cuando se cayó al río Sella, por motivos desconocidos –previsiblemente al desgaste del material del que estaba hecha– sufrió grandes desperfectos, por lo que se barajó realizar una réplica de la misma. Los hermanos cangueses Sergio y José Ricardo Trespando se encargaron de la estructura de madera, con ayuda de otros colaboradores, y una vez culminado el arduo trabajo decidieron donarla al Ayuntamiento para colgarla en el mismo lugar y arco que ocupaba la anterior. En la parte posterior de la Cruz figuraba la inscripción: "Cangas de Onís, 1999".
Después, el 1 de septiembre del año 2021, tras otro acto vandálico de uno o varios desalmados que se cebaron con nocturnidad y alevosía en el puente "romano", el Ayuntamiento aprovechó para reemplazar la omega mayúscula por otra minúscula y devolver la Cruz de la Victoria a su estado original. No en vano, la cruz original tenía la letra omega en minúscula, como el resto de las cruces de la monarquía asturiana, "pero tras un incidente que acabó con la cruz en las aguas del Sella se hizo otra copia muy digna, pero en la que no se respetó el detalle no menor de la letra omega minúscula", apuntaba igualmente, hace unos años, Fran Rozada. Dicho y hecho.
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