17 de noviembre de 2007
17.11.2007

«La Dolorosa de Oviedo»

Osoro agradeció la donación que se expone desde ayer en el Museo de la Iglesia y los expertos la presentaron como una obra fundamental del Renacimiento castellano

17.11.2007 | 01:00
A la izquierda, «La Dolorosa de Oviedo» expuesta en el Museo de la Iglesia desde ayer. Sobre estas líneas, la talla con varios de los donantes al fondo.

Elena FERNÁNDEZ-PELLO


La profesora de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo, Yayoi Kawamura, ha rebautizado la talla de la Virgen Dolorosa donada por una familia ovetense al Arzobispado y expuesta desde ayer en el Museo de la Iglesia. Ella la llama «La Dolorosa de Oviedo» y presume que así se conocerá en los ámbitos artísticos y entre los investigadores que se acerquen a conocer la pieza, «de gran importancia para el conocimiento de la escultura renacentista castellana». Esta última opinión fue expresada por el restaurador de la obra, Jesús Puras, en su presentación pública.


La pieza, que se muestra sobre una peana semicircular de color gris azulado y con una luna templada con forma de arco de medio punto como fondo, permaneció oculta con una tela roja hasta el comienzo del acto y al ser descubierta la reacción de los asistentes fue de expresiva admiración. «No la reconocemos», comentó una de las donantes de la talla, que se refirió con especial cariño a María Teresa y Ángeles Rivaya Fernández, las dos hermanas que durante toda su vida tuvieron la escultura en su casa y que, debido a su avanzada edad, no pudieron asistir al acto de ayer.


Kawamura, vinculada por su matrimonio con la familia, fue la primera en intervenir, hablando de «La Dolorosa de Oviedo» como de una «obra huérfana» por el desconocimiento que existe sobre su emplazamiento original. La definió como «bella, expresiva y conmovedora», alabó su elegancia y la emoción que transmite y el brillo y el cromatismo de sus vestiduras. Planteó la cuestión de la autoría, su atribución, a Juan de Juni o a uno de sus discípulos, a finales del siglo XVI, o bien su datación en una época más tardía, casi un siglo después, y mencionó a Tomás de Sierra y su hijo Pedro de Sierra, escultores que repitieron ese modelo estético.


En cualquier caso Jesús Puras, que tomó la palabra tras Kawamura, recomendó «no obsesionarse con las firmas». «La Dolorosa de Oviedo», dijo, es importante en sí misma y «marca la evolución de los talleres castellanos». El restaurador se refirió a la tarea realizada con esta pieza como «un paso atrás», ya que consistió en eliminar repintados y añadidos para recobrar su aspecto original, muy alejado del que tenía cuando llegó a su taller, con los ropajes oscurecidos por una capa de pintura negra que le daba un aspecto fúnebre. Puras mencionó expresamente a su esposa, la también restauradora Ana Ruiz, que se ocupó de ese trabajo y destacó la calidad de los pigmentos hallados, como el blanco de plomo en la encarnadura del rostro o el sulfuro de mercurio del manto azulado.


El subdirector del Museo de la Iglesia, Agustín Hevia Ballina, se refirió a él como a un instrumento «para ahondar en el conocimiento de los conceptos teológicos y la fe cristiana». Fue Carlos Osoro quien cerró el acto, reconociendo la generosidad de la familia que ha donado la obra. «Las cosas que guarda la Iglesia las guarda para todos los hombres», observó y terminó rezando un Ave María ante la imagen.


Además de miembros de las cuatro ramas familiares que realizaron la donación -Rivaya Fernández, Cuesta Alonso de Nora, Cuesta Fernández y Portilla Cuesta-, al acto asistieron, entre otros, la cronista oficial de Oviedo, Carmen Ruiz-Tilve; el presidente de la Asociación de Amigos de la Catedral, Juan Uría; el empresario Pepe Cosmen, varios canónigos de la Catedral, Benito Gallego y José Franco, entre ellos; el deán Ángel Pandavenes, y el director del Museo de la Iglesia, Ramón Platero, que ha supervisado la donación, restauración y exhibición de «La Dolorosa».

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