«Soy más pintor que artista, pinto a diario y la parte social me parece impúdica»
«Con mis cuadros no quiero transmitir nada en concreto, hay situaciones en las que se te queda la imagen y la tienes que desarrollar»

Juan Nicieza, con una de sus obras, en la galería Dasto. / luisma murias
David ORIHUELA
«Soy más pintor que artista, porque pinto todos los días y la parte social del artista me parece impúdica. Mis cuadros no tienen la finalidad de contar una historia». Es la declaración no ya de intenciones sino vital y profesional de Juan Nicieza Lavilla, que hoy a las ocho de la tarde inaugura su exposición «Éste» en la galería Dasto, en la calle San Vicente, número 16. Pantalón negro rayado, camiseta verde y chaqueta negra. Barba cerrada y sonrisa abierta.
-¿«Éste» es usted?
-En alguno de los cuadros sí. Pintarte a ti mismo te resulta más fácil porque hay matices en las poses que son muy delicados. Un hombre con las manos en los bolsillos puede decir muchas cosas, pero si ése hombre eres tú sabes perfectamente lo que quiere decir.
-¿Y qué quiere decir?
-Nada en concreto. Hay situaciones en que se te queda la imagen y la tienes que desarrollar. Pintas lo que tienes a mano.
-Usted mismo, un perro, un pato, un tigre, un hombre tirando de una cuerda... ¿se cuelan en sus cuadros o los mete usted?
-Son ellos. Los personajes se colocan solos. El tigre surgió de «El tigre y la nieve» de Roberto Begnini, algunos de los perros de «La carretera» de Cormac McCarthy y, por ejemplo, otro de los cuadros soy yo en un atardecer en el cerro de Santa Catalina. Lo del pato, o la oca, que no sé qué es en realidad, lo hice porque me parece un contrapunto divertido para el perro. Los perros pueden estar famélicos o casi muertos y ¿has visto alguna vez un pato deprimido? Es curioso, lo del pato me pareció un hallazgo hasta que vi los dibujos de Pocoyó, en los que también hay un pato.
-¿Cómo se atreve a pintar El cerro sin el «Elogio del horizonte»?
-(Risas).
-¿El hombre del cerro disfruta del atardecer o se tira al vacío?
-Me gustaría transmitir sosiego, más que desesperación.
-En la exposición hay cuadros de todos los formatos, ¿en cual se encuentra más cómodo?
-En los grandes. Los pequeños me requieren mucho más esfuerzo y los cuadros grandes son mucho más rápidos. Además para pintar utilizo rodillos, brochas de pintor. Lo más bonito es encontrar las herramientas para tu forma de ser. Es como Antonio Suárez, que tiene sus propias herramientas. Y yo las herramientas que tengo son para formatos grandes.
-¿Pinta para vender?
-Vivo de esto pero no quiero engañar a nadie con retórica y discurso, prefiero pintar la iglesia de San Lorenzo o unas vaquinas por encargo. Me parece un discurso más honrado. Si el Bosco pintase el paraíso pintaría el Grupo Covadonga, con gente honrada que hace deporte; se te puede colar una Vicky Beckham, pero es gente honrada. Donde tomo el café, el tío abre a las seis de la mañana, podía abrir a las ocho, pero abriendo a las seis el café de las ocho está buenísimo. Son pequeñas cosas de gente honrada.
-¿Política y arte en Asturias?
-Tanto en política como en arte si alguien tiene un discurso muy agresivo parece que no habla, que vende axiomas. De todos modos en Asturias, y en todas partes, «hay gente pa to», como dijo el torero cuando le presentaron a Ortega y Gasset, pero yo creo que todo está en su sitio, todo está como tiene que estar.
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