30 de mayo de 2008
30.05.2008

El barrio que salió de la trinchera

n Próximo domingo:

30.05.2008 | 02:00

Cientos de vecinos salen a las calle oscuras de Vallobín vela en mano. Y no es una procesión. Ese día, hace treinta años, Vallobín tomó conciencia colectiva para reivindicar una iluminación pública que brillaba por su ausencia. Mientras medio barrio se manifestaba, con un civismo ejemplar, el otro medio apoyaba la reivindicación desde las ventanas de unos edificios, testigos de un crecimiento demográfico y urbanístico que ya se empezaba a notar.


Eran todavía tiempos de tendales colectivos en los prados y fincas, que a la vuelta de un lustro se iban a convertir en solares en edificación; era la época en la que los talleres de Renfe y la fábrica textil de Mantova impregnaban Vallobín de una actividad industrial de la que no queda ni el menor de los rastros. Bueno, miento. Todavía siguen en pie los viejos bloques de los trabajadores de Renfe, ahora jubilados, germen de una vocación residencial hoy plenamente consolidada.


La primera urbanización masiva de Vallobín se produjo a mediados de los años setenta, cuando la mayoría de sus calles estaban patas arriba para instalar el saneamiento y las primeras aceras. Aquellas trincheras de piedra y baldosa tal parecían la metáfora de una transición a punto de dar sus primeros pasos. También, por desgracia, fugaz presente de una generación perdida que cayó, entre ignorante y enganchada, bajo los efectos de una droga tan dañina como, por entonces, desconocida en sus efectos. Maldito Barín. ¡Cuánto futuro perdido o lastrado para nada!, ¡cuánto escarmiento en desgracia ajena!


Mientras la generación del «baby boom» español se disputaba los portones de los garajes y almacenes para imitar los cabezazos de Santillana, los remates de Quini o las estiradas de Miguel Ángel, los constructores que seguían sus edificios a pie de obra iniciaban su particular monopoly en el barrio, al que contribuyó de manera notable la firma Los Álamos, construyendo Padre Aller arriba, en lo que fue la primera promoción masiva de viviendas. Luego vendrían más y con ellas nuevos vecinos. El barrio respiraba vida en sus droguerías, panaderías, confiterías y en sus tiendas, auténticos centros sociales de una vida cotidiana que, sin saberlo, tenía los días contados con la llegada de los primeros supermercados.


La transformación de Vallobín discurrió pareja a la desaparición de los trenes y tendido ferroviario de su superficie. Primero, en los años ochenta, llegó la trinchera paralela a la calle Marcelino Suárez, bajo la que ahora discurren los trenes de Feve procedentes de Trubia. Luego, en 1993, la parte superior de esa trinchera sirvió para mejorar los accesos rodados del barrio al centro de la ciudad, en la actualidad colapsados al suponer también la única salida para La Florida. El día que Vallobín dejó atrás esa trinchera maduró el barrio residencial que conocemos hoy, conectado al centro como pocos, gracias a la Losa que en los últimos años del siglo pasado evitó que muchos vecinos tuvieran que seguir jugándose el físico atravesando una docena larga de vías de todas las rutas ferroviarias de Renfe en Asturias.


La «operación Cinturón Verde» también permitió la supresión y traslado de los talleres de Renfe hasta Llanera. La gran playa de vías y las enormes naves han dejado paso a una zona residencial, aún pendiente de remate, que ha generado una zona de esparcimiento en el territorio que, sin tren de por medio, todavía será frontera peatonal infranqueable con la Argañosa en este nuevo siglo. Hay cosas que no cambian ni con el paso del tiempo, aunque en algunos casos se agradece. Allí donde Vallobín se funde con la avenida de los Monumentos, en el antiguo camino de los Solises, reconvertida hoy a, probablemente, una de las calles más pequeñas de Oviedo, puede contemplarse uno de los rincones más genuinos del barrio, porque está casi igual que hace 30 años. En el patio de una casa unifamiliar pueden contemplarse reproducciones a escala, hechas artesanalmente concha a concha, de la Catedral, Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y los Pilares. Una delicia para la vista y para evocar el «es un soplo la vida» de Gardel.

La serie «Oviedo Siglo XXI» continuará el próximo domingo con el primer reportaje dedicado al barrio de la Argañosa.

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