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Títulos que forman parte del Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias

El discreto encanto de la nobleza astur

Cien ciudadanos, unos titulados por el Rey y otros hidalgos de familia, forman una curiosa élite, sólo virtual, ya que no tiene privilegios, pero está cargada de memoria histórica

Ceremonia de investidura en la Capilla del Rey Casto de la Catedral, en 2003. En el primer banco, por la derecha, el conde de Villafranqueza, Joaquín Milans del Bosch, el doctor Eduardo González Menéndez y Juan Antonio Irbici.

Ceremonia de investidura en la Capilla del Rey Casto de la Catedral, en 2003. En el primer banco, por la derecha, el conde de Villafranqueza, Joaquín Milans del Bosch, el doctor Eduardo González Menéndez y Juan Antonio Irbici.

Javier NEIRA

Son apenas cien, pronto cumplirán veinte años reunidos, unos son nobles por la historia familiar y otros por la gracia del Rey, y constituyen el Cuerpo de la Nobleza del Principado de Asturias desde 1990. Para ingresar hay que pagar 300 euros y después 60 al año. Y, claro, ser noble.

El discreto encanto de la nobleza astur

El discreto encanto de la nobleza astur

Ángel Bueres Santa Eulalia, fiscal de la institución, explica el concepto: «Somos nobles, unos porque descienden, como es mi caso, de hidalgos, y otros porque tienen un título del Rey».

Paradójicamente, puede ser más noble, por así decir, un descendiente de un hidalgo pobre que remonta esa condición privilegiada tres siglos atrás que un duque -sin origen hidalgo- que acaba de recibir el título.

El discreto encanto de la nobleza astur

El discreto encanto de la nobleza astur

De todos modos, a cualquier hidalgo, por muy atrás que pueda remontarse, le encantaría tener un título, y a los titulados les trae sin cuidado contar o no con origen hidalgo.

El relativo embrollo se despeja al considerar la fecha de 1836 en que se desmorona definitivamente el Antiguo Régimen en España. Desaparece el sistema estamental -nobleza, clero, pueblo llano...- y surge el Estado liberal, donde todo el mundo tiene los mismos derechos y deberes. Las diferencias serán desde entonces sólo de tipo económico.

¿Y cómo se puede saber si determinada persona es noble? Si tiene título, lo dicho, no hay duda. Si no lo tiene, debe probar que los antepasados que llevaban su primer apellido eran hidalgos. Y debe probarlo en tres generaciones al menos anteriores a 1836.

La prueba se busca por los padrones municipales donde se distingue la condición de pechero o hidalgo de cada cual. «Tener carrera universitaria o pertenecer al Ejército ya indicaba nobleza; de todos modos se busca la correspondiente anotación en los padrones», comenta Bueres, que añade: «Yo tengo los cuatro apellidos probados hasta el siglo XVI. Bueres, de Caso; Santa Eulalia, de Boal; Rodríguez de Arango, de Cangas del Narcea, y Blanco de Bousoño, de San Martín de Oscos».

Cada cual elige una fórmula de investigación, por su cuenta o pagando a un genealogista para que le haga el trabajo.

El Cuerpo de la Nobleza de Asturias está presidido por Ramón Gutiérrez y Álvarez de Tejera, vizconde de Campogrande. Arrancó con tres nobles titulados y tres hidalgos probados: el conde de Toreno, el marqués de Canillejas, el conde de Güemes, Juan Eladio Llaneza, Luis Blázquez y Manuel Rodríguez Maribona. Se reunieron en Oviedo, en el domicilio de Llaneza, en la calle Cervantes, y ahora la sede está en el domicilio de Bueres, en la calle Asturias. Nobles, pero sencillos.

Entre sus actividades destacan las publicaciones de heráldica y genealogía; la concesión de premios y las investiduras anuales que se realizan en la capilla del Rey Casto de la Catedral o en el templo parroquial de San Tirso el Real.

El Cuerpo de la Nobleza está abierto a todo el mundo que pueda probar tal condición. El candidato entrega la documentación al fiscal; el Consejo de Nobles, formado por 12 personas, decide; en la capilla del Rey Casto, arrodillado, jura fidelidad al Rey y a España, y en el Club de Tenis cena con sus ya nuevos compañeros, eso sí, de chaqué y las señoras con traje cóctel o incluso largo, las más puntillosas. En la última investidura ingresó nada menos que don Duarte de Bragança, jefe de la Casa Real de Portugal. Lástima que no acudiese a la cita.

Bueres subraya que en toda España hay entidades similares. Asturias «y eso que es tierra especialmente de hidalgos», ha sido quizá la comunidad más rezagada a la hora de lanzarse a la recuperación de una memoria histórica tan peculiar.

¿Pura carcundia? «Suena carca, pero es algo corriente», insiste Bueres. «El presidente del cuerpo de Madrid es el conde de Murillo, marido de Esperanza Aguirre». ¿Para presumir? «No, no se trata de presumir», añade. ¿Elitista? «A cada cual le mueve una razón». ¿Y si buscando aparece un antepasado bastardo? «Si está reconocido por un hidalgo, transmite la hidalguía y en paz». ¿Machista ya que las mujeres no trasmiten? «Bueno, así era. Los criterios son los mismos en todos los sitios y se remontan 3.000 años atrás, hasta el antiguo Egipto. Y llegan hasta hace poco, en la Academia de Artillería de Segovia se pedía nobleza hasta el año 1900».

Entre los nobles no titulados, figuran más de setenta ciudadanos como Marta Yglesias y Cienfuegos-Jovellanos, José de Vitienes, Pablo Junceda Moreno, Armando Caso de los Cobos, Eladio de la Concha García-Mauriño o Javier Gómez de Olea. Entre los premiados en el último octubre, el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, la Fundación Selgas-Fagalde y la Fundación Instituto Jovellanos.

Marqués de Aledo, vizconde de Almocadén, vizcondesa de Almocadén, marqués de Bacares, conde de Cabra, condesa de Cabra, vizconde de Campo Grande, vizcondesa de Campo Grande, marqués de Canillejas, duque de Fernández-Miranda, marqués de Floresta, barón de Grado, conde de Latores, conde de Mieres del Camino, conde de Montella, marqués de Montemura, barón de Porterfield, marquesa de Puebla de Ovando, conde de Ribadedeva, conde de San Antolín de Sotillo, condesa de San Antolín de Sotillo, marqués de San Juan de Nieva, conde de San Pedro, conde de Santa Ana de las Torres, condesa de Santa Ana de las Torres, marqués de Valdeterrazo, conde de Vega del Pozo y conde de la Vega del Sella.

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