11 de julio de 2009
11.07.2009
 

Secuestrados en su propia casa

La Policía cree que los inquilinos dormían en el pasillo para impedir que los Blanco pudieran escapar del piso - Los jóvenes acompañaban a la familia al cajero automático y vendían bienes materiales de la casa

10.07.2009 | 02:00

M. PÉREZ
Los Blanco vivían secuestrados en su propia casa. Es una de las hipótesis que baraja la investigación del asesinato de María Luisa Blanco después de escuchar las declaraciones de los acusados del crimen y de analizar una serie de pruebas. Según ha podido saber este periódico por fuentes cercanas al caso, los inquilinos dormían por turnos en el pasillo para evitar la salida de los Blanco del domicilio. Además, los Blanco, que tenían moratones por todo el cuerpo, vivían atemorizados y, según las mismas fuentes, mantenían económicamente a los jóvenes instalados en su casa.

Al parecer, y siempre según las mismas fuentes consultadas, la víctima, su madre y su hermano cuando salían a la calle lo hacían acompañados de alguno de los nuevos residentes de la vivienda, Cristian M., Jesús V. y Larissa L. Era habitual que los acompañasen al cajero automático a sacar dinero de alguna de las cuentas de la familia, cuyos ingresos eran la jubilación de María del Rosario B. y una paga que cobraba María Luisa B. por algún tipo de incapacidad. En la «pequeña sociedad delictiva» que, según fuentes de la investigación, tenían montada los hombres de la casa, también entraba llevarse objetos del domicilio para luego venderlos en el mercado de segunda mano, explicaron las mismas fuentes consultadas por este diario.

La tensa calma que se respiraba en el número 19 de Mariscal Solís empezó a cambiar, a peor, el día que Pablo Luis B. decidió denunciar a los inquilinos ante la Policía Nacional, una semana antes del asesinato de su hermana. Los agentes llegaron a presentarse en la vivienda, pero, finalmente, Pablo Luis no se atrevió a formalizarla, se cree, por su declaración posterior, que fue por temor «a represalias» de los otros jóvenes que vivían en su casa. La debilidad de la familia frente a los inquilinos se explica, en parte, por la deficiencia mental tanto de María del Rosario B. como de sus dos hijos, María Luisa y Pablo Luis. Según ha podido saber este periódico, María del Rosario es analfabeta y Pablo Luis B. sólo sabe dividir por una cifra.

El detalle de que uno de los jóvenes inquilinos dormía en el pasillo ya fue relatado a este periódico por un portavoz de la familia de Jesús V., pero desde otro prisma. Esta persona dijo que eran los Blanco quienes obligaban, en este caso, a Cristian M. a dormir en el pasillo.

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