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Sanz: «Hace falta la belleza para no caer en la desesperación»

El arzobispo de Oviedo subraya el valor del arte en la presentación del Catálogo del Museo de la Iglesia

El arzobispo, Jesús Sanz, de pie, en el centro de la sillería gótica del coro, se dirige a los sacerdotes, profesores, políticos, empresarios y público en general que llenaba la Sala Capitular de la Catedral.

El arzobispo, Jesús Sanz, de pie, en el centro de la sillería gótica del coro, se dirige a los sacerdotes, profesores, políticos, empresarios y público en general que llenaba la Sala Capitular de la Catedral. / nacho orejas

Javier NEIRA

Iglesia y Universidad -y valga la redundancia si se consideran los orígenes de la academia asturiana- se reencontraron en la tarde noche de ayer en la Sala Capitular de la catedral de Oviedo -literalmente hasta la bandera- para la presentación del Catálogo del Museo de la Iglesia. La tercera pata en la cita fue el poder político-económico que ha costeado la obra. Y claro, los ciudadanos que llenaron el recinto.

Presidió el acto el arzobispo Jesús Sanz, que destacó cómo «la historia de Occidente es» en buena medida «la de la unión entre artistas y mecenas para lograr un precioso testamento de belleza». Citó a Tarkovski, para quien «lo bello queda oculto para aquellos que no buscan la verdad», y a Dostoievski, que consideraba que «el mundo será salvado por la belleza». Ya con palabras del Concilio Vaticano II añadió que «el mundo necesita de la belleza para no precipitarse en la desesperación» y completó el panorama indicando que «los artistas son los custodios de la belleza del mundo». Sobre el Museo de la Iglesia en sí dijo que es «un espacio para la belleza donde bondad y verdad se hermanan».

Habían precedido al Arzobispo seis parlamentos. Centrado en los valores, en la línea de Jesús Sanz, intervino el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo, José Suárez Arias-Cachero. Mostró su emoción por hablar en la Sala Capitular de la Catedral, donde, como recordó, la Junta General del Principado declaró la guerra al imperio de Napoleón y había enviado embajadores a Inglaterra para recabar ayuda. Añadió que «Oviedo no se entiende sin la relación secular con la Iglesia, que aparece constantemente en las manifestaciones artísticas». Y fue a más. Señaló que la libertad es resultado de la dialéctica positiva entre los poderes religiosos y civiles y que por eso mismo «la libertad corre paralela a la tradición judeocristiana». De ahí, añadió «no debemos tener ningún complejo en reivindicar nuestra tradición cristiana» que tan bien se refleja en el museo y en el catálogo.

Más brevemente habló el director general de Patrimonio del Principado de Asturias, José Luis Vega. Destacó la idea de solidaridad plasmada en el propio contenido del catálogo, donde aparecen piezas de veinticuatro parroquias asturianas que han cedido al museo «lo más valioso que tienen». Vega afirmó asimismo que deseaba que el catálogo «sea una referencia para los estudiosos del arte asturiano».

La consideración de los aspectos técnicos o más directamente centrados en los avatares de la obra que se presentaba corrieron a cargo primero del canónigo Ramón Platero, director del Museo de la Iglesia, que después de resaltar la compleja génesis del museo, desde los tiempos del magistral Emilio Olávarri -que se sitúa en los orígenes, hace más de veinte años-, explicó las vicisitudes experimentadas para la confección del catálogo. Platero contó la anécdota de la jornada al relatar pormenorizadamente la presión que ejerció sobre el arzobispo, aún en Huesca, para que escribiera un prólogo del catálogo, como así hizo in extremis. Como después, el concejal José Suárez también se refirió a la presión que padeció del propio Platero -«me sitió en el Campoamor, donde tengo mi despacho»- para que el Ayuntamiento de Oviedo ayudase económicamente a la edición del catálogo, el Arzobispo remató el bucle comentando, con gracia, que «casi, casi empiezo a tener miedo» al canónigo director del museo que «casi, casi es un bandolero, un bandolero de las buenas causas».

Tras Platero intervino Agustín Hevia Vallina, subdirector del museo, subrayando que en el catálogo «primamos la idea de servicio a la fe», enlazando, dijo, con una definición del arzobispo Sanz, para quien el museo es «un jardín de la belleza». Hevia recordó que el año pasado el museo tuvo 8.300 visitantes y apuntó la importancia de situar referencias de sus contenidos en internet.

Tras los canónigos habló Javier González Santos, profesor titular de Historia del Arte de la Universidad de Oviedo. Insistió en que la obra que se presentaba era un catálogo razonado. Es más, dijo que era el primero de carácter científico y sobre un ámbito similar que había en España. Repasó la lista de autores, varios discípulos del catedrático Germán Ramallo, así que formaban un equipo. Entre los citados, Yayoi Kawamura, María Sanhuesa, Javier Barón, Vidal de la Madrid o César García de Castro.

A su vez, José Vega, por Cajastur, relató la larga relación entre la entidad financiera y la Iglesia asturiana.

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