19 de enero de 2012
19.01.2012

«Si El Buscón de Quevedo se escribiera hoy sería un político, sin duda»

«Otros sistemas han virado a tiempo, como el alemán, restando poder a los estados federados; aquí la receta pasa por revisar las autonomías»

19.01.2012 | 01:00
José Ramón Chaves posa con su último libro.

Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Galicia, acaba de publicar «Sonrisas ante el poder público»

Chus NEIRA


José Ramón Chaves García (Oviedo, 1962) ha recorrido prácticamente todos los niveles de la Administración pública hasta llegar, en la actualidad, a la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Galicia. De su experiencia se alimenta, en buena parte, su blog, contencioso.es, y la selección que de su bitácora ha hecho en el libro «Sonrisas ante el poder público», donde recopila los textos más humorísticos sobre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Mañana lo presenta, a las siete de la tarde, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA.


-¿Es propio de un señor juez escribir blogs y libros de humor?


-Siempre hay el estereotipo del magistrado sobrio, aislado, en su pedestal. Pero mi trayectoria es un tanto atípica. He sido funcionario, siempre escribí en periódicos y me parecía oportuno tratar estos asuntos de la Administración con humor e inmediatez. Eso no tiene que ver con mis sentencias. Es lo mismo que un cirujano que opera con rigor y luego escribe con humor, algo ventajoso y saludable.


-¿No ha tenido problemas en su trabajo por estas aficiones?


-Nunca jamás. En la justicia y la carrera judicial hay una gran independencia y respeto entre los compañeros.


-¿Tiene vocación didáctica?


-El contenido del blog está muy dosificado. Tres cuartas partes son comentarios muy serios y una es de humor. Lo que he pretendido es humanizar el poder, quitarle la máscara y mostrar que detrás hay seres humanos y situaciones muy divertidas. Trato de explicar que el poder no es el poder impersonal, frío, que recorta y sanciona. El poder también admite una lectura irónica.


-¿Incluso con la que está cayendo?


-Sí, bueno. Lo que sucede ahora, que es uno de los grandes problemas de los gobiernos, es que hemos pasado de solucionar las cosas subvencionando a hacerlo recortando. ¿Y dónde se recorta? En el eslabón más débil: el opositor, el contratado temporal... ¿Y dónde se ingresa? De la manera más fácil, en el impuesto sobre la renta. La situación es próxima al esperpento. Esto es un circo y se puede mirar fríamente o con una perspectiva tragicómica.


-¿Es el funcionario el malo de la película?


-Tengo la mejor de las opiniones sobre los funcionarios. Lo que sucede es que la gente es infinitamente más exigente con ellos que con un empleado de banca o de unos grandes almacenes, también porque lo siente como algo propio. Pero si uno mira atrás y compara el servicio público que se prestaba hace diez años, verá que gracias a esa masa de funcionarios el servicio público ha mejorado de una forma espectacular. Habrá ovejas negras, pero no son los responsables de la crisis y a pesar de ello van a contribuir a superarla. En resumen, creo que la solución a que el barco se hunda no puede ser recortar el sueldo a los tripulantes ni echarlos por la borda.


-¿Qué pretende al ponerle el distanciamiento irónico a la Administración?


-Lo divertido no es lo contrario de lo serio, sino de lo aburrido. Mi esfuerzo, también en el blog, es llegar al ciudadano. Quiero que después de leer el libro cuando vean el telediario se digan «es como si estuviera viendo la cabalgata de los Reyes Magos, pero yo sé la verdad». Que no se crean todo lo que hay, que esto tiene un trasfondo. Y yo lo he vivido todo, ésa es la clave.


-¿A qué se refiere?


-A que cualquiera podría opinar, pero yo he sido cocinero antes que fraile y conozco muy bien todos los temas de los que hablo. Creo que hace falta un paso más allá en lo que podemos llamar puertas abiertas en la Administración. La gente tiene que saber cómo se toman las decisiones legislativas, hay que mostrar lo que se cuece en esas cocinas. Ése es mi pequeño esfuerzo.


-Después de ver qué hay detrás, ¿qué más se puede hacer?


-En los años de bonanza se nos vendió que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Ahora, con la crisis, por primera vez nos estamos dando cuenta de que el sistema es manifiestamente mejorable. Habrá que mirar por el retrovisor y mejorar. No necesariamente recortar. Hay otros sistemas que han virado a tiempo, como el alemán, que restó poder a los estados federados para actuar de forma uniforme. En España, posiblemente la receta pasa por una revisión, y no meramente cosmética, del sistema autonómico.


-¿La justicia funciona bien?


-Los jueces, sí. La soledad del juez poniendo sentencias es como un trabajo de galeras. En la mesa del juez los asuntos no están parados, y en los últimos años se ha impuesto un sistema estajanovista de tantas sentencias pones, tanto vales. La media en España son doce a la semana. Estamos pasando de las delicatessen al McDonald's, y aunque ahí también puede haber calidad, sería deseable un poco más de cariño y de tiempo.


-Última, ¿referente literario?


-Quevedo. Forzosamente. Si algo hay en la política actual son pícaros. Si El Buscón se escribiera hoy, sería un político. Sin duda.

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