10 de febrero de 2012
10.02.2012
 

De Bretaña al Naranco

Cincuenta y un alumnos franceses se despidieron de la ciudad tras una semana alojados en casas de estudiantes ovetenses

10.02.2012 | 01:00
Los alumnos franceses, desayunando, ayer, en una chocolatería en Oviedo.

David ORIHUELA


Les quedaban por delante quince horas de viaje en autobús desde Oviedo hasta Tinan, en la Bretaña francesa. El grupo de 51 alumnos de tercero de la ESO que participaron en un intercambio con alumnos del Instituto del Naranco abandonó ayer la ciudad tras una semana en la capital del Principado. Por contrapartida, los ovetenses viajan a Francia.


La semana ha sido intensa en actividades, con excursiones y visitas a distintas zonas de Asturias, pero también con clases y, lo más importante, con aprendizaje de español.


Los franceses estaban acompañados por tres profesoras, Laurence Jean-Marie, Isabelle Eude, Stéphanie Bazin, que ayer se afanaban por inmortalizar a los chavales mientras desayunaban a las once de la mañana en una conocida chocolatería en el centro de Oviedo. Tenían que retomar fuerzas, no sólo para el viaje, sino para reponerse de toda la semana, y en lo más cercano, del baile de despedida que había sido madrugador, a las ocho y media de la mañana, en el polideportivo del centro educativo del Naranco.


Laurence Jean-Marie destacaba la importancia de este tipo de intercambios en el aspecto pedagógico y lingüístico, por la posibilidad que tienen los estudiantes de practicar el español. Para ello es muy importante la relación que tienen con los alumnos españoles, ya que durante la semana de estancia en Oviedo se alojan en sus casas, están todo el día juntos. Así que no queda otra que entenderse, no cabe recurrir al profesor para que traduzca cuando se está en casa viendo la tele o cuando se está de paseo o de compras por el centro con el anfitrión.


Esos paseos por la ciudad son lo que más ha atraído a Adélaide di Seyrat, una alumna de 14 años que visitaba Oviedo por primera vez y que ayer destacaba la belleza de la ciudad. «No entiendo muy bien español», decía, mientras explicaba lo bien que la habían tratado en su familia de acogida. El problema fue que su anfitriona no pudo disfrutar todo lo posible de la experiencia, ya que Clara Sánchez de Posada se había roto un hombro justo una semana antes cuando esquiaba en Andorra. Así que hubo prácticas de idiomas, charlas y paseos, pero no tanto como les hubiese gustado a las dos.


Ayer los franceses se despidieron de Oviedo y lo hicieron con el mismo cariño con el que fueron acogidos a su llegada el pasado día 2, un cariño que se incrementó con la convivencia de una semana y que ayer se notó en llantos de despedida, abrazos y promesas de mantener contacto a través, no ya de la clásica carta, sino de las redes sociales.


El director del instituto, Jesús Lana, también se mostraba muy satisfecho con la experiencia, que se repite año tras año en el centro ovetense y que permite tanto a los alumnos españoles como a los franceses conocer las costumbres de otro país y las de los alumnos de su edad.


De la Bretaña francesa a Asturias, dos comarcas relacionadas, con las mismas raíces celtas, que se hermanan en el Naranco compartiendo clases, excursiones, vivienda y experiencias que quedarán, con seguridad, en la memoria de todos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook