Ch. NEIRA

Los grupos de chorbos van entrando al edificio de la antigua Consejería de Sanidad con sus ropas amplias y sus bolsas con priva, y el personal que gestiona lo que ahora es el centro social ocupado y autogestionado de La Madreña le pide que lo dejen para luego: «Oye, si no os importa, dejad el botellón y pillad las cervezas aquí, que tenemos que financiar lo de la fiesta con la barra».

La mayoría de chavales arrastrados al edificio ocupado por el reclamo de las rimas y los grafitis, un festival organizado en colaboración con la gente de Hip Hop Asturias, entiende la petición, y aunque no sueltan las bolsas, se estiran y piden algo. Los precios, argumentan los de La Madreña, son populares. Una cerveza, un euro.

Son las nueve de la noche y en el piso inferior, una estancia de techo muy bajo, la gente se agolpa en torno a un escenario donde dos de Pola de Lena riman con soltura. El personal está animado. El ambiente, la atmósfera, es denso. Se nota que, en la práctica, la comunidad hip hop está algo alejada del movimiento que gira en torno a La Madreña, y que se podría resumir como 15-M y derivados de compromiso y activismo. Se nota en cosas como que la cabina del DJ está en la parte de atrás de la sala, como si esto fuera rock, no como para el rap. Pero esa lejanía con el hip hop no tendría que ser tan fuerte. De hecho en otros puntos de España es habitual que en los centros sociales ocupados existan talleres y grupos de hip hop, cuentan responsables del centro. Así que esta fiesta de ayer, con bastante éxito, público abundante, perseguía también el objetivo de mostrar La Madreña a la peña moza, a estos b-boys, quizá algo indiferentes ante la indignación.

La impresión es que estaban asombrados por la amplitud del edificio y poder campar a sus anchas por él, birra o cachi en mano.

La jornada dio para más actividades. Durante todo el día la peña de LGDC («La Güela Dice Crew») ha estado decorando las paredes, en las que desde los primeros días de la ocupación ya se hicieron grafitis y «stencils» interesantes. Lo hacen en el estilo del grafiti, firmas, letras, aunque los del 15-M preferirían algo un poco más inclinado al arte urbano. En otra sala, para completar, se ha organizado también una charla sobre hip hop y compromiso. «A ver si ahora se aficionan y vienen a pintar más al edificio». Ésa era la idea. Jornada de rimas abiertas.