01 de julio de 2012
01.07.2012

El peor cine, sin pelos en la lengua

El ciclo cultural «Intersecciones» proyecta por primera vez en Oviedo una película «basura» comentada por cuatro especialistas entre el público

01.07.2012 | 02:00

E. VÉLEZ

«Esto es una vergüenza, no me dejan oír la película, voy a quejarme a la organización». Un despistado espectador mostró ayer así su malestar durante la proyección de «El asesino de muñecas» en el Centro Cultural de Cajastur. Su equivocación fue mayúscula porque en realidad no se trataba de un pase cinematográfico al uso, sino que era comentado. La cita «Trash entre amigos» (algo así como «Basura entre amigos») del ciclo de música y cine de la Caja «Intersecciones», recibió una acogida desigual. Una parte disfrutó de lo lindo y otra se marchó ofendida después de intentar sin éxito que cesaran las críticas en voz alta con sonoros «¡chist!» o «¡ya está bien!».


El funcionamiento de lo que bien puede llamarse una sesión de cine sin pelos en la lengua, es muy sencillo. Cuatro especialistas en la materia se sientan en el patio de butacas y, gracias a unos micrófonos, hacen partícipes al resto del auditorio de sus críticas. Dicho de otra manera, es lo mismo que ver una película desde el sofá de casa con un grupo de amigos. Eso sí, la única condición es que la película sea mala o muy mala, al menos, para los comentaristas. El director de cine Nacho Vigalondo; el periodista, guionista y escritor, Rubén Lardín; el crítico y periodista Daniel Fernández, más conocido como «Señor Ausente» por su blog de internet; y el escritor y realizador Raúl Minchinela fueron los encargados de apostillar cada diálogo del filme.


Antes de la proyección, los cuatro aclararon el propósito de «Trash entre amigos», y no dejaron lugar a dudas sobre su opinión de la cinta. «Vais a ver una película asquerosa, absurda y completamente delirante mientras nosotros os molestamos todo el rato», explicó Lardín. Pese a un preámbulo tan sincero, un sector del público prestó suma atención desde el minuto uno, por lo que las caras de asombro se multiplicaron cuando en la sala se oía a la perfección «vaya pintas de tonto el culo que tiene ese tío», o «debe ser muy duro tener que hacer de galán montado en bicicleta». Varias personas se marcharon tras diez minutos de proyección y aseguraron que iban a presentar una reclamación formal. Sin embargo, el público bien informado no podía contener la risa, que incluso llegó a convertirse en llanto descontrolado ante las hilarantes frases del grupo de especialistas sentado en el cine reconvertido en sala de estar.


«El asesino de muñecas» es una película del director Miguel Madrid, de 1975, clasificada por la crítica de la época como filme de terror español. El argumento presenta a un joven emocionalmente inestable y afeminado que colecciona muñecas. Es el hijo de los jardineros de una mansión en la que empiezan a ocurrir asesinatos y todo hace sospechar que él es el culpable. Ambientada en el Parque Güell de Barcelona, el director pretende crear una atmósfera aterradora por medio de efectos ópticos y juegos de cámara muy al estilo del realizador Valerio Lazarov durante sus años en Tele 5, con un juego de zoom constante, el uso del «flas back» y la visión subjetiva. Casi cuarenta años después de su estreno, el sector cinematográfico español considera esta cinta como una rara avis del cine patrio y algunos sectores autodenominados «frikis» la defienden como película de culto en diversos festivales de cintas descatalogadas o fuera de los circuitos convencionales. Para los componentes de «Trash entre amigos», el seudónimo que el director de la película utiliza en los títulos de crédito, Michael Skaife, «es el primer indicio de que el filme no va a ir por buenos derroteros».


La propuesta de ayer del ciclo «Intersecciones», dirigido por José Luis Cienfuegos, es una novedad en Oviedo, y pretende hacer de cada proyección una fiesta. Según el «bloguero» Daniel Fernández, que salió cubierto con una máscara de luchador mexicano como guiño a su mote «Señor Ausente», el objetivo de «Trash entre amigos» es fomentar un diálogo constante, en tiempo real, entre la película y el público para enriquecer el visionado y añadir un ingrediente que no ofrece la sesión formal: la complicidad. La primera experiencia en la ciudad del peor cine español de todos los tiempos no ha dejado a nadie indiferente.

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