08 de noviembre de 2012
08.11.2012

«Para tocar el concierto de Glazunov hay que ser medio ruso y yo lo soy del todo»

«Ejerzo como juez sin piedad de mí mismo y espero que lo aprendido sea útil a los demás si Dios me da salud»

08.11.2012 | 01:00
Alexander Vasiliev, ayer por la mañana, en el auditorio de Oviedo. | luisma murias

Violinista, concertino de la OSPA

Javier NEIRA


El violinista ruso Alexander Vasiliev, concertino -primer violín- de la OSPA ofrecerá hoy en Avilés y mañana en Oviedo, como solista el concierto de Glazunov. La cita avilesina es en la Casa de Cultura, a las ocho y cuarto. En Oviedo, en el Auditorio, a las ocho.


-¿Cómo es la pieza que interpretará?


-Demuestra el lenguaje musical propio de Glazunov. Se nota al escuchar otras obras suyas desde el famoso ballet «Raymonda» o «Las cuatro estaciones» hasta la música de cámara.


-¿Qué dimensiones y estructura tiene?


-Dura cerca de treinta minutos. No se divide en tres movimientos. Es una pieza entera, sola. Así que sin terminar, de un movimiento se pasa a otro. Incluye una pequeña cadencia. Está dedicado a las melodías rusas, a las danzas rusas y al ambiente ruso. Es un concierto desde luego romántico.


-¿Puede compararse, por ejemplo, al tan conocido de Bruch?


-No, es diferente. El de Bruch está escrito de forma muy clásica con tres movimiento, moderato, lento y rápido. Lo habitual.


-¿Cómo lo aborda?


-Para entrar en el fondo de esta música y tocarla, como igualmente ocurre con Chaicovsky o Rachmaninov, hay que ser medio ruso y yo lo soy del todo. Hay que ser ruso si no al cien por ciento al menos a la mitad y yo lo soy al cien por ciento.


-¿En qué consiste, para el caso, esa rusicidad?


-Es una pregunta muy difícil. Esta música contiene o está escrita en base a melodías, canciones y danzas rusas. Así que antes de tocar este concierto hay que saber un poco de Rusia, donde está o cómo es su mapa. Y también hay que conocer algo de su historia. Es necesario saber de qué país se trata, cómo ha sido su pasado.


-Glazunov era de San Petersburgo.


-Y vivió casi toda su vida en San Petersburgo. Fue director del Conservatorio estatal de la ciudad. Estaba muy relacionado con el teatro Mariinsky, ahí bailaron su famoso ballet «Raymonda». Era entonces la capital de Rusia. Glazunov tenía mucha relación con compositores destacados, con grandes músicos de la época. Muestra las obras que acaba de componer a los amigos que le apoyan, critican o dan consejos.


-Usted también es de San Petersburgo.


-En efecto, nací en San Petersburgo. Estudié en la escuela especial del Conservatorio, en el preparatorio, a partir de los cinco años y medio. Allí estuve un año y medio. Convocaron una prueba, una selección. Optaron 120 niños para una plaza. Me aceptaron. A los siete años empecé los estudios en la escuela musical especial del Conservatorio. Fueron 11 años. Y después otros cuatro en el Conservatorio. Cuando estaba en el último curso toqué para el jurado del teatro Mariinsky y me aceptaron para la orquesta. Después me probaron como solista y durante doce años fui primer violín y solista. Trabajé en giras por Japón y EE UU.


-Ahora, en Oviedo.


-Cuando en 1990 se empezó a mover todo en el país, decidimos marchar. Estábamos al borde de una guerra civil. Y desde entonces vivimos en Oviedo, mi esposa, mi hija y yo. Mi hija se casó con el músico y compositor Jesús Ángel Arévalo y tengo un nieto precioso.


-¿Cómo preparó el concierto?


-Durante dos meses más o menos. Es un trabajo casero. Un concierto como solista me ayuda a sentirme como un músico completo.


-¿Cómo puede juzgar su trabajo de solista?


-Ejerzo como juez sin piedad de mí mismo y espero que lo aprendido en mi vida sea útil para los demás si Dios me da salud.

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