09 de marzo de 2013
09.03.2013

Vida y muerte en el Calatrava

Una joven da a luz a una niña en el baño de una hamburguesería del centro comercial de Buenavista, mientras una anciana se precipita desde un séptimo piso en el barrio

09.03.2013 | 00:00
Vida y muerte en el Calatrava

La vida y la muerte se cruzaron ayer en el barrio de Buenavista en un intervalo de diez minutos. Una anciana de 97 años perdió la vida al precipitarse al vacío desde un séptimo piso desde una de las torres que rodean el edificio de Santiago Calatrava a las cuatro menos veinte de la tarde. Sólo unos minutos antes, en el cuarto de baño de la hamburguesería del centro comercial nació, con dos semanas de antelación, una niña que pesó 2,5 kilogramos. Despreocupada, su madre había ido a comer con unas amigas y ni siquiera le dio tiempo a probar el menú. Dos historias con finales dispares y mujeres como protagonistas. Ayer, 8 de marzo, se conmemoraba en todo el mundo el Día de la Mujer.


El cuarto de baño de la hamburguesería del centro comercial del edificio de Calatrava se convirtió a la hora de las comidas en una improvisada sala de partos. La madre de la recién nacida -que ha optado por guardar el anonimato- fue a comer a este local acompañada de su prima y de una amiga, a la que recogieron unos minutos antes en el Centro Cívico. A pesar de su corta edad (22 años) la chica ya es madre de otros dos niños de 1 y 3 años y estaba esperando el alumbramiento de su tercer hijo, una niña, cuyo nacimiento estaba previsto para dentro de dos semanas. Las tres amigas -todas jovencitas y emigrantes sudamericanas criadas desde niñas en Oviedo- fueron caminando alegremente hacia el edificio de Buenavista, charlando de sus cosas. Todo parecía normal.


Llegaron al centro comercial, subieron a la última planta y entraron en la hamburguesería. Allí se acercaron al mostrador para pedir los menús. En ese momento, se sumó al grupo una cuarta persona, la tía de la embarazada y madre de su prima. Cuando iban a sentarse a la mesa, la embarazada les dijo que tenía que ir al baño -más tarde confesaría que se encontraba mal, pero que prefirió no decir nada- y, con las mismas, se retiró. En realidad, la chica había roto aguas y estaba de parto. En el cuarto de baño se encerró en el aseo de minusválidos y allí, ella solita, dio a luz a su tercer hijo, una niña que pesó dos kilos y medio y midió 47 centímetros.


Al ver que la joven se retrasaba mucho, su prima fue al baño a buscarla, temiendo que le hubiese pasado algo. En efecto, algo había pasado.


-¿Estás ahí dentro? Ábreme.


-No te imaginas lo que me ha pasado.


La joven casi se desmaya de la impresión cuando su prima finalmente abrió la puerta y se la encontró tendida en el suelo del baño, con un bebé a un lado y la placenta al otro. A pesar del susto, la chica reaccionó rápidamente y envolvió a su recién nacida sobrina en su cazadora. Acto seguido, cogió el móvil y llamó a los servicios de emergencia. Luego avisó a su madre, y a la otra amiga, que se habían quedado en el restaurante comiendo el menú, ajenas a la situación.


Los efectivos de emergencias llegaron al lugar de inmediato en una uvi móvil del Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU) del Principado. Los sanitarios ordenaron desalojar el restaurante de comida rápida para atender a la madre y a su bebé. La mujer les dijo que estaba bien, que se ocupasen de la niña. El médico la subió a una de las mesas del local y ahí la envolvió en una mantita. Las dos fueron trasladadas después hasta el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).


Cuando la recién nacida salía del edificio del arquitecto Santiago Calatrava en ambulancia, en la calle un coche fúnebre se llevaba al Instituto de Medicina Legal el cuerpo de la anciana fallecida. La vida y la muerte volvían a cruzarse.

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