11 de mayo de 2013
11.05.2013

«Como corderos al matadero»

Santa Bárbara despidió ayer a 55 trabajadores de Trubia de uno en uno, en un goteo «dramático», según el relato de la plantilla, que asistió al proceso con incertidumbre y pesar

11.05.2013 | 00:00

El turno entró, como siempre, a primera hora de la mañana, y a las ocho empezaron a llamar. Los trabajadores salieron a ver qué pasaba. Y poco a poco, sin convocatorias, en silencio y apesadumbrados, todos se fueron concentrando frente a dirección. Al ritmo al que los compañeros iban saliendo, uno a uno, del despacho con el sobre de General Dynamics -carta de despido y finiquito-, los jefes de personal volvían a salir y señalando con el dedo entre la multitud anunciaban a otro que le había tocado. Fue, en palabras de distintos trabajadores, «el día más triste de su historia», «un drama», «un goteo insoportable», «como corderos al matadero», «recuerdo de otras épocas en que te venían a buscar para fusilarte». Así, a lo largo de la mañana de ayer, Santa Bárbara fue completando la lista de los 55 primeros despidos forzosos en 235 años de historia de la factoría. Hasta casi agotarla. Quedaron algo menos de diez despidos, según cálculos aproximados de la plantilla, para comunicar entre los del turno de la tarde.

La ejecución de las primeras medidas del ERE, y de las más dramáticas, se hizo así efectiva en la mañana de ayer. Cada viernes, explicaron los trabajadores, se procederá a las otras salidas. El de la semana que viene, las bajas incentivadas. El día 24, los prejubilados.

A pesar de que se había rumoreado que la empresa podría aplicar un baremo muy estricto para seleccionar los despidos forzosos, como un segmento de edad, finalmente los 55 despedidos se seleccionaron caso a caso y sin guardar casi ninguna relación entre sí.

Hubo, es cierto, algunos departamentos más afectados. El de calidad, y dentro de éste el de selección de calidad de los proveedores, quedó totalmente desmantelado, según explicaron los trabajadores. Los portavoces sindicales lamentaron que un área como ésta, puesta en marcha en fechas relativamente recientes con la idea de ser «pieza fundamental», «el futuro» de la empresa, integrada por personal de «lo más cualificado», se haya destrozado «de un plumazo».

Entre los despedidos hay gente de 55 años, pero también mujeres de 46. En general, tal y como lamentaba toda la plantilla ayer, ante la dificultad de prescindir de los contratos relevo (porque obligarían a eliminar también el contrato del prejubilado asociado), en los casos en que dos personas, una con antigüedad y otra con sólo dos años de vida laboral en Trubia, compartían un puesto, se despidió a los de contrato antiguo y se dejó a los jóvenes. Eso generó, inevitablemente, cierto malestar en la plantilla con una hoja de servicio más larga.

La salida a las dos de la tarde fue igual de dramática. Muchos con bolsas con todas sus pertenencias y el sobre. La cabeza gacha, la mirada vidriosa. «Cuarenta años para nada». «Ahora, al frío». Frases de ese tipo. Entre los despidos tampoco parece que se hayan tenido en cuenta, según explicaron los trabajadores y sus representantes sindicales, las circunstancias personales. Figuran en la lista trabajadores que en su día fueron contratados para cubrir el cupo de personal con discapacidades; también mujeres y hombres con familia e hijos que tienen al otro cónyuge en paro.

A la poca «conciencia social» de la empresa, como denunció algún trabajador, también se sumaron críticas desde los sindicatos por un hecho «llamativo»: que «de todo el colectivo de fuera de convenio prácticamente no aparezca nadie entre los despidos forzosos». Es decir, los jefes no se ven afectados por el expediente. La pregunta, también recurrente entre los grupos de trabajadores a la espera del autobús, tras salir de la fábrica, era ésa: «Si echan a los seis trabajadores, ¿van a ponerse a trabajar con el material los jefes?, ¿va a coger la radial el director?, ¿el jefe de personal?». Ahora la plantilla regresará el lunes a sus puestos de trabajo, pero seguirán en la lucha. «La intención del comité de empresa, por unanimidad, es la de mantener la llama viva, seguro, hasta que se celebre el juicio de los despidos forzosos, al menos, porque esto es ya como una vela que se va a apagando», resumía, muy abatido, uno de los líderes sindicales de la fábrica. Se mantendrá la respuesta, pero cada vez con más desánimo. Algunos trabajadores ya alertaban ayer de que en diciembre habrá nuevos despidos.

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