03 de octubre de 2013
03.10.2013

La mirada de la "enfermera"

La pintora ovetense Emma Cano, vestida de ATS, se convierte durante dos meses en "la sombra" de un cirujano para inspirarse y retratar la vida de un hospital

03.10.2013 | 01:55

La pintora Emma Cano (Oviedo, 1959) tiene más ganas de vivir que nunca después de entrar y salir de un hospital durante dos meses. No estaba enferma. Iba a trabajar. Se puso una bata de enfermera y observó a los pacientes y al personal sanitario. Entró en las consultas y estuvo presente en varias operaciones. Aguantó el tipo en las salas de espera sin mirar el reloj. Fotografió todo lo que pudo y volvió agotada a su habitación de hotel para plasmar en un lienzo la entrega, la paciencia, la rutina y la vida.

Esos son los cuatro bloques en los que la artista ha dividido su exposición pictórica "Luz en Hipocratia", abierta al público desde hoy y hasta el día 18 en el Palacio Conde Toreno, con el apoyo del Ayuntamiento y el Principado.

El proyecto surgió en Cádiz casi por casualidad, "por carambolas de la vida", en el hospital Santa María del Puerto y la clínica San Rafael. Cano había ido a la "Tacita de Plata" a visitar a una amiga y compartió una cena informal con el cirujano andaluz Salvador Pascual y su esposa. El médico, amante del arte y la filantropía, no se anduvo con rodeos y le planteó la posibilidad de "retratar la humanidad y la realidad de un centro hospitalario".

La pintora ovetense se enfrentó a un reto. "La lección de anatomía" de Rembrandt, "La niña muerta" de Munch o la obra más oscura de Picasso eran sus referencias más socorridas, pero, hasta ahora, nadie había hecho una serie completa de cuadros sobre el tema.

Para evitar problemas, se vistió con el uniforme blanco y se convirtió en la sombra del doctor Pascual. "Iba con él a todas partes, fuese una urgencia o no, y pedía permiso a la gente para sacar fotos". Ese fue el origen de la primera sección de la exposición, "La entrega".

La mayor parte de los pacientes se dejó fotografiar. Casi nadie puso en duda el propósito de una mujer que les retrataba en una situación comprometida. Una revisión de próstata, una cura de urgencia, vómitos o mareos. El médico, su médico, les preguntaba si tenían inconveniente en que "una amiga artista" captara el momento. Ella les está enormemente agradecida. "Los enfermos confían plenamente en las batas blancas y les entregan su vida. Lo que dice el doctor va a misa". De la misma forma, la dedicación del personal sanitario con los pacientes forma parte de la muestra del Palacio Conde Toreno.

Los pasillos y las salas de admisión la inspiraron para pintar otro de los bloques de la exposición. "La espera". Una mujer tumbada en una camilla afectada por un ataque de vértigo había perdido la noción del tiempo. El resultado de los análisis no acababa de llegar. Cano quedó impresionada por la paciencia de los enfermos. "En un hospital se espera mucho, incluso a la muerte". Su breve paso por las habitaciones de los desahuciados le hizo aferrarse aún más a la vida.

"El médico es la cabeza pero los enfermeros son la columna vertebral". La pintora reflexiona así sobre el quehacer diario de un hospital. De una jornada prácticamente sin horarios y con todo tipo de concesiones surgió el bloque pictórico "La rutina". Cano estuvo al lado del cirujano Salvador cuando le llamaron para atender una urgencia en pleno descanso. Un chico había sido apuñalado y se debatía entre la vida y la muerte. Al cabo de varias horas, una enfermera se sentaba en el suelo del pasillo con la mirada perdida de alguien exhausto. Ese cuadro, ese instante, forma parte de "Luz en Hipocratia".

Al final, la artista se queda con "La vida", el título de la última sección de la muestra. "No sólo es el objetivo primordial de un centro hospitalario, sino que también está presente en todos sus rincones, desde las confesiones de los pacientes hasta los corrillos de los familiares o la planta de pediatría, llena de energía y buenas vibraciones".

La pintora ovetense prepara ya con el cirujano Pascual la segunda parte del proyecto pictórico. Viajará a varios países africanos para captar el trabajo de un traumatólogo en el tercer mundo. En su maleta, pinturas, pinceles, lienzos, un cuaderno, una cámara de fotos y la ilusión del artista que siente haber encontrado su camino.

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