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Antonio Suárez, más allá del paseo de los Álamos

El creador gijonés, recientemente fallecido, dejó una enorme huella artística en la ciudad con sus mosaicos y vidrieras

Mosaico del paseo de los Álamos, obra de Antonio Suárez. Miki López

Admiro profundamente a los pintores. Les envidio. Son capaces de plasmar en un lienzo una mirada, un instante, su visión de la vida. Abren los ojos a su realidad y la convierten en personales trazos de color y ensoñación. Para Horacio, una pintura es un poema sin palabras; no seré yo quien le contradiga. Por eso cada vez que un pintor, un artista, nos dice adiós, queda un hueco en el mundo que es imposible de rellenar.

La semana pasada nos dejó Antonio Suárez, artista nacido en Gijón hace 90 años aunque residente en Madrid desde hace cinco décadas. Fue, sin duda, uno de los grandes creadores asturianos del siglo XX. Miembro fundador en 1957 del colectivo de artistas vanguardistas de posguerra "El Paso" y protagonista de una densa y fructífera vida que no pretendo glosar. Pero sí hay una faceta que me gustaría compartir y que me ha sorprendido: la huella, no pequeña, que ha dejado en Oviedo y, especialmente, muy vinculada a la arquitectura. Sea este repaso a una parte de su herencia en la ciudad mi pequeño homenaje a un artista que creo merece la pena conocer y recordar.

Iniciemos, pues, ese paseo por la obra ovetense:

Vidriera emplomada en la capilla de las Dominicas. Obra de Castelao, bendecida el 19 de abril de 1951.

Mural al fresco en la vivienda del doctor Joaquín García Morán, obra también de Castelao de 1958, demolida en la actualidad.

Tapices para Kopa Club, fieltro y tela pegados a tabla. Encargo de Juan Vallaure en 1958. Tras el cierre del bar en 1973, la obra fue abandonada, por lo que se apolilló y descompuso.

Dos mosaicos y una vidriera con nervios de hormigón en los portales del edificio del Serrucho, en la calle Cervantes, 15. Proyecto de Castelao. Edificio habitado en diciembre de 1958.

Mural para el local de máquinas de coser Alfa en las casas del Cuitu, en Uría. A finales de los cincuenta, Vallaure reforma el local en los bajos del edificio. Con una nueva reforma en 1991 quedan tapados tras unos tabiques de pladur.

Distintos murales en la capilla del colegio mayor Santa Catalina, residencia femenina de estudiantes, año de 1942.

Capilla del Hospital General de Asturias, edificio parcialmente inaugurado el 1 de marzo de 1961. Trasladada por remodelaciones internas a la primera planta en 1985, el espacio liberado quedó para uso de despachos que en la actualidad acogen los laboratorios de análisis clínicos. El mural que formaba parte del baptisterio permanece allí, aunque con numerosos daños. Las vidrieras, desmontadas, se conservan en el propio hospital, y el vía crucis, en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

Mural de panel cerámico representando unas copas para el bar Sport, en la calle García Conde esquina la Luna. Obra también de Juan Vallaure de 1962. Fue destruido tras el cierre del bar a finales de 1990.

Numerosas obras en la fachada, el altar, el baptisterio y la capilla de invierno en la iglesia de Ventanielles, obra del arquitecto José Fonseca y Llamedo, inaugurada en marzo de 1963.

Murales en óleo sobre cemento realizado sobre el encofrado de la pared del portal, representando un paisaje industrial, en un edificio, obra de Juan Vallaure en 1963, en la calle García Conde. Mural cerámico en el interior, vidrieras y trabajo en forja en el vestíbulo, en un edificio para mutua de seguros en la calle García Conde, 5, realizado en 1963.

Mural para edificio de viviendas representando un paisaje agrario en un edificio de viviendas, proyecto de Castelao de 1963, en la calle Santa Susana, 35.

Talla de madera de San Juan Bautista, sagrario de teselas sobre puertas metálicas, vía crucis en pirograbado sobre madera, vidrieras en la iglesia de La Corredoria, obra de Juan Vallaure, inaugurada el 19 de marzo de 1964.

Vidrieras de la capilla del Colegio Santa María del Naranco. Situadas en la planta baja, representan la Anunciación, la Visitación y el Nacimiento. Había también un vía crucis, que actualmente está descolgado por su excesivo peso. 1964.

Mosaicos para paños frontales y varios murales y vidrieras para la Delegación Provincial de Hacienda, convento de Santa Clara, obra de reforma de 1966.

Paseo de los Álamos. Pavimento de 3.689 m2. Obra de 1966.

Capilla de la Escuela de Enfermería del Hospital General de Asturias. 1968.

Vidrieras emplomadas en la Facultad de Filosofía y Letras.

Pavimento del gran vestíbulo de la Facultad de Ciencias Biológicas y Geológicas. Proyecto de Castelao de 1967.

Mural con teselas cerámicas sobre cemento representando a niños jugando al corro y a otros sentados en pupitres, en el Colegio Público de La Corredoria. Proyecto de Florencio Muñiz Uribe, inaugurado el 1 de marzo de 1969.

Óleo sobre tabla para la oficina del BBVA en el local que ocupaba el antiguo café Peñalba. Proyecto de reforma de Vallaure de 1970.

Vidrieras en la capilla del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. 1973.

Cerámicas en la fachada, vidrieras y murales en el Palacio de los Deportes. 1975.

Por último, el Museo de Bellas Artes de Asturias alberga en su fondo veinticinco obras del artista: trece pinturas, ocho dibujos y dos murales, uno con incrustaciones de tesela y el otro, un fresco, además de una serigrafía y pirograbados con escenas de la Pasión de Cristo.

No cabe duda de que su huella en Oviedo es notable. Antonio Suárez se irá, pero su obra permanecerá para siempre.

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