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MARINA PARDO | Mezzosoprano, encarnará a Federico García Lorca el domingo en el Campoamor | ÓPERA DE OVIEDO: LXVI TEMPORADA

"En los primeros ensayos de "Ainadamar" estábamos llorando todo el tiempo"

"Queremos que la amplificación de las voces y de la orquesta sea muy natural, que el público casi no la note, estamos trabajando para lograrlo"

Marina Pardo, en la tarde de ayer, en el patio de butacas del teatro Campoamor.

Marina Pardo, en la tarde de ayer, en el patio de butacas del teatro Campoamor. Luisma Murias

La mezzosoprano santanderina Marina Pardo encarnará a Federico García Lorca en la ópera "Ainadamar", de Golijov, que el domingo se estrenará en el teatro Campoamor como cuarto título de la LXVI Temporada de Oviedo. Estudió en Oviedo con la profesora Celia Álvarez Blanco.

-¿Por qué el papel de Lorca lo hace una mujer?

-Golijov, el compositor, estuvo en Granada hace dos años, cuando se estrenó esta producción y se lo pregunté, me dijo que fue por casualidad. Era un encargo para un taller de ópera que tenía dos sopranos y una mezzo. Las sopranos para los papeles de Nuria y Margarita Xirgu y la mezzo para Federico. Hubo quien buscó significados, que si era un rol de pantalones o un querubín. Pues no, fue algo pragmático. Tenían una mujer, eso es todo. Alguna vez lo hizo un contratenor. La hicimos en Granada, se cayó el proyecto de Santander y ahora en Oviedo. La coproducción era Santander, Granada y Oviedo. En febrero vamos a EE UU, a Filadelfia. Y es que vio la producción gente de allí y, además, nuestro director musical, Corrado Rovaris, trabaja en Filadelfia.

-¿Cómo es su rol?

-Tiene mucha enjundia porque es muy grave. La mayor parte de la obra está escrita por debajo del pentagrama. Por eso, entre otras cosas, va amplificada. La orquesta también va amplificada para equilibrar los efectos sonoros grabados. La obra está pensada para eso. Y por lo mismo hay que reforzar las voces. Está escrita cerca del musical con un tratamiento de la voz distinto a la ópera. Quiere que la voz se fusione con la orquesta.

-¿La amplificación va a chocar o incluso decepcionar?

-En el primer ensayo no salió del todo bien. En Granada la representación la hicimos al aire libre y muy bien. Queremos que la amplificación de las voces y de la orquesta sea muy natural, que el público casi no la note, estamos trabajando para lograrlo.

-¿Cómo vive los días previos a las representaciones?

-Con respeto a Federico, a lo que ocurrió en su entorno. Es un tema muy cercano. En Granada vas por la calle y te dicen: "Éste es sobrino de Ruiz Alonso; aquella prima del que lo denunció". Allí me entró la seriedad. Respeto a la figura histórica, al compositor y al director de escena, a Luis de Tavira, que es director de teatro y trabaja de otra manera. Trabaja más desde dentro del personaje. Lo normal es que te digan vas hasta ahí, coges la copa y sales. Él, sin embargo, te dice: "Sal por donde quieras, pero debes sentir esto y lo otro".

-Tres personajes.

-Tres personajes principales y otros tres que mueren con Federico, el maestro, el torero y el que lo ayuda en los últimos momentos. El coro está en el foso con la orquesta. Casi no caben porque, además, hay mucha percusión. El ballet es muy protagonista.

-Usted es santanderina y estudió en Oviedo.

-Cierto, estudié en Oviedo con mi queridísima Celia Álvarez Blanco. Debuté en el Campoamor con la OSPA cantando "Alexander Nevsky". Pero no la reciente producción en la que también participé. Con la OSPA y con "Oviedo Filarmonía" tengo muy buenas relaciones, muchos músicos son compañeros de carrera. Hice aquella "Electra" maravillosa en el Campoamor como una de las criadas, "Doña Francisquita" hace dos años y el "Mesías" de Haendel y el "Réquiem" de Mozart. Hago más música sinfónica que de escena.

-Volviendo a Lorca como símbolo de las víctimas.

-Claro, es eso. Pero depende del director de escena. Nosotros somos obreros. Salimos a morir. Los hechos hablan por sí solos. Cantamos y actuamos lo mejor que podemos.

-¿Cómo es el ambiente en los ensayos?

-Muy rico. El ballet ayuda mucho en ese sentido. En los primeros ensayos estábamos llorando todo el tiempo. Cuenta la carga histórica tan emocional y, además, se te pone delante el cantaor, haciendo de Ruiz Alonso, acusando con el dedo... a mí se me caían las lágrimas a chorros. Y lo vi a él después, sentado en un rincón, siguiendo la obra y también lloraba. Con los bailarines, lo mismo. Te da un subidón y tienes energía a tope cuando empiezas a cantar. No es aria, recitativo, cuarteto, ahora uno, ahora otro... no hay piques, es todo muy generoso.

-¿No es un título muy duro?

-También el "Réquiem" de Verdi, que te deja paralizado en la butaca. No hay que tener miedo a revivir lo cercano, a revivir nuestra historia.

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