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"Y todo por ser fieles a la República"

La identificación de los restos del único asturiano muerto en el penal de Valdenoceda hace revivir a sus sobrinos la tragedia de la Guerra Civil

"Y todo por ser fieles a la República"

El primer reloj que tuvo Jesús González Cabal fue el que su tío Rafael González Secades, uno de los hermanos de su padre, hizo llegar a la familia desde la cárcel de Valdenoceda, en Burgos, sabiendo que iba a morir. Alguien lo sacó de allí escondido en una caja de cerillas y así llegó hasta Cuyences, de donde había salido a luchar en el ejercito republicano aquel joven guapo y alegre que tocaba el acordeón y que hacía sonreír a las mozas del pueblo. A principios de esta semana, la Agrupación de Familiares de Represaliados de Valdenoceda hizo un llamamiento público buscando parientes del joven asturiano muerto en el penal burgalés para cotejar su ADN; ayer mismo, este periódico localizó a sus sobrinos, Clementina y Jesús González Cabal, que siguen viviendo en Oviedo.

Ellos conocían la infortunada historia de su tío. Oyeron contar a su padre, José Manuel González Secades, que uno de sus hermanos mayores había muerto "de hambre, palizas y tuberculosis" en la prisión burgalesa. También supieron de la tristeza de su abuela, Manuela Secades, la madre de Rafael González Secades, y de la desaparición de otro hermano, Jesús. La última vez que la familia tuvo noticias de él, cuenta Clementina González Cabal, fue en la batalla del Ebro. "Mi abuela fue mártir, no sonrió más y no se quitó el luto", afirma la mujer.

Los González Cabal sufrieron el azote de la Guerra Civil y la represión con dureza. De los seis hijos de José González y Manuela Secades -Jesús, Rafael, María, José, Manuel, Luisa y Luis- tres pisaron la cárcel y dos murieron -Rafael y Jesús, que era el primogénito-. "Mi padre, José Manuel, estuvo tres años en la cárcel, primero en Oviedo y luego en Cangas de Onís", cuenta Jesús González Cabal. "Y todo ese sufrimiento por ser fieles a la República", dice citando a su abuelo.

Los restos del asturiano de Valdenoceda -el único, según la Asociación de Represaliados de Valdenoceda-, ya han sido exhumados. Manuel Sempere, portavoz de la Asociación, dice que supone que son los hallados en junto a otro preso cordobés que murió 13 días después. "Los enterraban según iban cayendo de hambre", relata, en un solar que luego se incorporó al cementerio, abriendo tumbas sobre las fosas de los reclusos.

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