José Manuel Zapata protagonizó algunos de los momentos más divertidos de la gala de ayer, como su aparición travestido con tacones de color rosa, peluca y un enorme bolso acharolado para cantar el tango de la Menegilda "Pobres Amas" de "La Gran Vía". Bibiana Fernández lució figura sobre el escenario. Primero de rojo, luego con un traje rosa chicle rebosante de volantes de gasa y finalmente elegantísima, con un sobrio blanco. Entre los dos presentadores se estableció cierto coqueteo y la sensación de que el amor estaba en el aire se extendió a los premiados y al público. Contribuyó la elección de las canciones y la música de la gala y de la iluminación y la escenografía, evocadora y lírica -a tono con la ocasión-.

Hubo alguna otra ausencia, además de la de Mehta. El musicólogo Carlos López Amat, que compartió el premio especial del jurado con Alier, no pudo viajar a Oviedo. Su sobrino Joaquín Turina recogió por él "La Gitanilla" -la figura que reciben los premiados-. El premio al recital, que era para Christian Gerhaher, lo recibió el director del Centro Nacional de Difusión Musical, Antonio Moral. Del premio al mejor director de escena, para Dmitri Tcherniakov, se encargó la directora artística del Gran Teatro del Liceo de Barcelona, Christina Scheppelmann. Davide Livermore, el intendente del Palau de les Arts de Valencia, se marchó de Oviedo con el premio a la mejor producción de ópera, por "La forza del destino", de Verdi.

"He hecho en la vida lo que me gustaba, que es cantar", dijo Aragall al recibir su galardón, y tras declarar su amor a su mujer y a sus hijos añadió: "He sido muy feliz".