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Escritor, hoy interviene en "Conversaciones con Landero" en la Cátedra Emilio Alarcos Llorach

Luis Landero: "Soy un escritor sedentario y mis libros siempre tienen un aire de familia"

"Como acabo de terminar una novela ahora disfruto del descanso del león abatido navegando en internet"

El escritor Luis Landero, el pasado mes de mayo en Oviedo.

El escritor Luis Landero, el pasado mes de mayo en Oviedo. NACHO OREJAS

El año que viene habrá nueva novela de Luis Landero. Saldrá en primavera y el escritor extremeño cree haber encontrado ya un título. Se lo reserva hasta que salga la edición y sea definitivo. Ahora descansa navegando por los mares de internet. Hoy estará en Oviedo, en la Cátedra Emilio Alarcos Llorach. Conversará con el crítico literario Luis García, y con el público que acuda al acto, a las ocho de la tarde en el Aula Magna del edificio histórico de la Universidad.

-¿Sobre qué viene preparado a conversar?

-¿Qué puede contar un escritor? Esto de la literatura es sota, caballo y rey. Un escritor puede hablar de cómo aprendió el oficio, cuáles son sus manías, quienes son sus maestros?

-¿Hablará más de su técnica literaria o de las honduras de sus libros?

-De lo que yo he escrito, yo no hablo. Hablo tangencialmente. A mí me gusta hablar del oficio de escribir, de mis maestros... No hablo porque me da pudor y porque difícilmente me releo, a veces ni me acuerdo de los personajes de mis novelas. De verdad. Una vez me pidieron en el Círculo de Lectores que hiciera un prólogo para uno de mis libros y no me acordaba de nada. Para mí escribir es apasionante, mientras escribo soy feliz.

-Entonces, no es de los escritores que releen y releen sus libros para mejorarlos.

-Yo no quiero saber nada de ellos, porque me da miedo releerme. Me entregó en cuerpo y alma a mis novelas, hasta sueño con ellas, y acabo con una sensación agridulce, de satisfacción porque he dado los mejor que yo puedo dar pero triste por no haber conseguido tocar el cielo con las manos. Los libros son como los viejos amigos, que es mejor no encontrárselos cuando ha pasado el tiempo.

-Mejor no regresar a los lugares donde se fue feliz...

-Yo fui feliz mientras escribo mi libro, es mi balsa de naufrago, es la cabañita que me protege de la intemperie. En esto como con los viejos amores, que es mejor no volver a ellos, ¿para qué?

-Su última novela, "El balcón en invierno", es muy personal.

-Quería escribir algo más cercano al corazón, me parecía que escribir una novela sin más era algo rutinario y empecé a contar por qué yo me hice escritor viniendo de una familia de semianalfabetos. Era una historia que estaba en el horno. A cierta edad miras atrás. Son los milagros de la escritura: empiezas a escribir una cosa y la escritura te revela otras.

-Usted tiene un largo oficio.

-En literatura no vale lo de quien hace un cesto hace ciento. Cuando uno empieza una novela es un aprendiz, se siente huérfano, primerizo. No vas a repetirte otra vez, consiste en desmarcarse, en no repetir?

-En ese sentido, los autores con mucha obra tienen menos campo.

-Yo considero que hay dos tipos de escritores: nómadas y sedentarios. Los nómadas pueden escribir sobre cualquier tema y los otros son los que están siempre moliendo el mismo grano. Yo soy en estos sedentarios. Quiero desmarcarme pero mis libros siempre tienen un aire de familia. Mis demonios siempre me están esperando cuando me siento a escribir.

-¿Cuál es su método? ¿Cómo empiezan sus novelas?

-La semilla de un libro siempre es un personaje, eso es lo que me incita a escribir. Le veo deambular, le busco un espacio... En ese personaje está el código genético de la novela, el tiempo, el espacio, es el aleph del que surge todo. Me gusta planificar, me gusta saber de dónde vengo y a donde voy, porque soy un poco caótico. Soy muy riguroso, pero eso no significa que la escritura sea burocrática ni funcional. La palabra es el soplo que da vida a mis ideas, y lo difícil es coger el pincel y empezar a pintar.

-¿Y sus lecturas? ¿Qué lee?

-¿Lecturas? Son tantas. Leo mucho, quiero que me influyan, cuanto más mejor, así me dan más marcha. Ahora mismo, aquí a mi lado, tengo cien, sesenta libros, son mis libros de cabecera, mi farmacia de guardia. Son los que me incitan. Yo por la mañana hago un calentamiento, y elijo una lectura según mi estado de ánimo.

-¿Que ha leído está mañana?

-Como acabo de terminar una novela estoy disfrutando del descanso del león abatido. Esta mañana he estado jugando en internet? Yo soy muy currante, dedicó las mejores horas del día a escribir pero ahora estoy de descanso.

-¿Y a qué juega?

-He estado buscando a un guitarrista, Santiago Pastor, y no lo encuentro por ninguna parte. Yo fui guitarrista profesional. En internet no busco nada concreto, así es como la gente lo utiliza. Entre novela y novela me dedico a navegar: escucho música de Alberto Cortez, veo fotos de Maribel Verdú, que me gusta mucho? y hasta que me ponga a escribir otra vez, cuando se acabe el recreo.

-Es su primera vez en la Cátedra Emilio Alarcos Llorach.

-Sí. Alarcos es, entre otros, uno de mis maestros. Y lo conocí, estuvimos juntos en un jurado del Premio Tigre Juan, charlando, paseando... Le tenía cariño, admiración, era tan llano, tan fácil de abordar, con él en diez o quince minutos ya te sentías en casa.

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