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Un equipo fuera de juego

El Atlético Riberense denuncia las "trabas" municipales para jugar en El Llosalín y "recuperar el fútbol en el concejo"

Elías Otero, presidente del Atlético Riberense. LNE

El Atlético Riberense nació con la intención de recuperar la tradición futbolística en Ribera de Arriba y ahora no tiene un campo para disputar sus partidos a consecuencia de "la pasividad y el desinterés" de los responsables políticos del concejo. Al menos eso es lo que denuncia el presidente del club, Elías Otero, que lleva tiempo solicitando que el equipo pueda jugar en el complejo deportivo de El Llosalín (Bueño) "sin obtener colaboración ninguna del Ayuntamiento". Según Otero, el problema radica principalmente en el contrato que mantiene el Consistorio con la empresa concesionaria de la gestión de las instalaciones. "Nos dicen que si nosotros vamos a jugar allí supondría un coste para la empresa y que tendríamos que pagar alrededor de 1.600 euros al mes por entrenar tres días a la semana y jugar dos días al mes. Y eso que se supone que son instalaciones pagadas con dinero público y para el disfrute de los vecinos, no para lucrarse", explica el presidente.

El club nació de la mano de una serie de jóvenes que en su día jugaron en el desaparecido equipo Soto Rei. Por el momento no tiene ningún equipo formado, pero eso se debe "a que no se puede hacer nada si no sabemos donde vamos a jugar", recalca Otero. "Ahora queremos empezar con un equipo en Segunda Regional, pero la intención es crear categorías inferiores para que los niños del concejo no tengan que ir a jugar a Oviedo", señala Elías Otero. "Lo que queremos es que todo el concejo se identifique con el equipo, que Ribera de Arriba vuelva a tener un club para que los jóvenes practiquen deporte como el que disfrutamos nosotros en su día", asegura el presidente.

El responsable del club afirma además que el Ayuntamiento tampoco les han facilitado un espacio para ubicar su sede social a pesar de que otras asociaciones del municipio sí la tienen. "Algunas están en la antiguas escuelas de Soto de Ribera y nosotros hemos tenido que instalarnos en un restaurante que se prestó a acogernos", sentencia Otero.

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