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Actividad quirúrgica

Un hospital a la medida de las personas

El Monte Naranco, que nació como Sanatorio Antituberculoso, cumple 70 años como un centro enfocado hacia los mayores l "Más que un hospital, es un hotel", dice una paciente

Lo que en 1947, hace casi 70 años, fue inaugurado como Sanatorio Antituberculoso de Oviedo, es hoy un hospital centrado en la geriatría al que algunos pacientes quieren ascender de categoría. "Más que un hospital, es un hotel", subraya Carmen Con Cibrián, natural de Corao (Cangas de Onís) y residente en Oviedo, quien desde el pasado martes permanece ingresada en el Hospital Monte Naranco, afectada de una gripe A que parecía dispuesta a asfixiarla. "Todo el personal está muy atento a lo que necesitamos, la comida está muy buena y, para encima, desde la ventana tenemos una vista preciosa de la ciudad", señala Rosario Rodríguez Fuente, conocida entre sus allegados como Lila y vecina de Santa Cruz de Llanera, quien sufrió un ictus el pasado 29 de diciembre.

Estos dos testimonios resumen buena parte de la actividad actual y del ambiente interno del centro sanitario ovetense, emplazado en un privilegiado espacio de la falda del Naranco. Su seña de identidad ya no son los enfermos de tuberculosis expuestos a los benéficos efectos del sol en sus amplias terrazas orientadas al sur, sino la atención a las personas mayores, colectivo emergente en Asturias. Con todo, su cartera de servicios es más amplia, e incluye, entre otras actividades, unas 4.500 intervenciones quirúrgicas anuales.

En estas semanas invernales y gripales, el Monte Naranco tiene a tope de ocupación sus 189 camas. "Sabemos, porque nos lo dicen, que los pacientes valoran nuestro papel como hospital de referencia de geriatría de toda el área sanitaria de Oviedo y la visión integral con la que los tratamos", destacan Nuria Ortega y Margarita Vázquez, enfermeras de un centro sanitario cuyas dimensiones y organización parecen particularmente diseñadas a la medida del ser humano.

Mari Luz Cuendias sale del Hospital Monte Naranco poco después de las doce del mediodía. Tiene ingresada a su madre, vecina de Grado, una de esas personas que, a punto de cumplir 89 años, "tiene un poco de todo", explica con expresión poco clínica, pero muy ilustrativa: "Lleva aquí dos días. La atienden muy bien, con mucho cariño. Cuando llegué esta mañana, ya le habían dado el desayuno, la habían aseado, la cama estaba hecha y estaba sentada en una silla", afirma.

La principal puerta de entrada del Monte Naranco es el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), explica Nuria Ortega Solís, enfermera supervisora y coordinadora del área de geriatría. Otra vía de acceso relativamente frecuente, y que marca una de las señas de identidad del centro sanitario, son los equipos de cuidados paliativos de la red de atención primaria, que en determinados casos consideran que sus pacientes, encaminados hacia el tramo final de la vida, no pueden ser tratados adecuadamente en sus domicilios.

El Monte Naranco destaca asimismo por sus actividades preventivas. Entre los programas de actuación en marcha, el más conocido por la ciudadanía es el de detección precoz del cáncer de mama. Otros protocolos preventivos que desarrolla son una consulta de detección precoz del cáncer ginecológico, otra de infecciones de transmisión sexual (ITS) y un programa de cribaje de cáncer de colon, aún incipiente. La cartera de servicios incluye también consultas ambulatorias de reumatología y alergología, una unidad de salud oral y bucodental y otra de desintoxicación de drogas.

Margarita Vázquez Rodríguez, supervisora de enfermería y responsable de calidad del área de geriatría, destaca que el Monte Naranco dispone de un hospital de día geriátrico que ofrece rehabilitación y terapia ocupacional, tanto a pacientes ingresados como a otros que ya han sido dados de alta y son traídos desde su casa en ambulancia por la mañana y se marchan a las tres de la tarde, después de comer.

Esther Sancristóbal es la médico geriatra responsable de la planta de ictus, la tercera derecha. "Nos llegan pacientes desde el HUCA, bien desde urgencias, bien desde el servicio de neurología", explica la doctora Sancristóbal. La planta dispone de 25 camas; por ella pasan unos 350 pacientes al año. Se trata, en general, de enfermos que ya han sido estabilizados en el HUCA y que son enviados al Monte Naranco para su tratamiento de rehabilitación, basado tanto en fisioterapia como en terapia ocupacional.

En una de las habitaciones de la planta, la supervisora, Begoña Cimadevilla Baragaño, atiende a Nieves Bobes Santianes, paciente de 84 años que vive en Noreña. El pasado 23 de diciembre sufrió un ictus, fue atendida en el HUCA, y una semana después la trasladaron al Monte Naranco. "No tengo ni idea de cuándo me darán el alta. No tengo prisa, sólo quiero hacer las cosas bien y recuperarme lo más posible", explica la mujer. La acompaña su marido, Pablo Pazos Ortega: "Llego sobre la una del mediodía y estoy con mi mujer hasta las nueve y media de la noche. Los dos estamos muy cómodos".

Amelia Isusi Rodríguez, ovetense, sufrió un ictus el 2 de enero. Tiene 69 años. "Me estoy recuperando mejor de lo que pensaba. En el HUCA estuve muy a gusto y aquí lo mismo", subraya. Hace unos días ganó una partida de parchís que se disputó en la habitación.

Entre el personal que las atiende figura Alba Fernández Méndez, estudiante de cuarto curso del grado de Terapia Ocupacional. En fase de prácticas, tiene bien aprendido el objetivo último de su trabajo: "Hacemos rehabilitación de la vida diaria para que el paciente logre la máxima autonomía e independencia posible en su vida".

Una faceta de los pacientes en la que han de incidir los trabajadores de esta planta es la social. La gran cuestión es determinar en qué momento están preparados para retornar a sus casas. Y si su casa, y su entorno familiar, están preparados para recibirlos. "Es un aspecto que valoramos desde el momento del ingreso. Trabajamos de forma coordinada con los fisioterapeutas, los médicos de rehabilitación y la trabajadora social", relata la supervisora de la planta. Forma parte de este proceso concienciar a la familia del paciente sobre la nueva situación, ofrecerle "una visión realista" y darle la formación suficiente para que se maneje con el enfermo después del alta.

Como curiosidad, el personal de la planta subraya algunos de los hitos decisivos para este tipo de enfermos, como la primera vez que pueden ducharse o sentarse en la taza del váter. "Para los sanos son tareas sencillas; para estos pacientes implica mucho esfuerzo personal y la coordinación de varios profesionales".

La planta tercera izquierda del Hospital Monte Naranco no siempre está abierta. Es una suerte de "planta de invierno", que se pone en marcha cuando llega la gripe y una porción de las personas mayores que sufren los efectos de la epidemia requieren ingreso y el HUCA no da abasto. La planta tiene 22 camas en habitaciones individuales en las que se exigen -también a los familiares de los enfermos- medidas preventivas como mascarillas, bata y guantes, y se restringen las visitas. Carmen Con Cibrián es una de las ocupantes de la planta. Se queja de que la gripe A la ha tomado con ella: en las últimas semanas la ha llevado hasta tres veces a urgencias del HUCA. El pasado martes se vio "muy asfixiada", el HUCA estaba lleno y terminó en el Monte Naranco. "Estoy mucho mejor y muy bien atendida", enfatiza esta mujer de 86 años.

Juan Carlos Miñana trabaja desde 2001 como geriatra en el Hospital Monte Naranco. Hace ocho años asumió la consulta de deterioro cognitivo. La historia de los pacientes a los que atiende suele comenzar con pérdidas de memoria, alteraciones de conducta y trastornos de orientación. "Lo más habitual es que el diagnóstico final sea una demencia, una palabra que engloba muchas cosas distintas", señala el doctor Miñana. El alzheimer, por ejemplo, es un tipo de demencia. Las exploraciones permiten efectuar un diagnóstico más fino. Sin embargo, "el resultado final, aunque se llegue a él por distintos caminos, es el mismo en todas las demencias: una dependencia total, no saber quién eres...".

"Manejamos los mismos diagnósticos y tratamientos que los neurólogos; lo que aportamos como plus es una visión global del paciente. No sólo vemos su cabeza, sino toda su persona, con una visión integral que incluye memoria, corazón, aparato respiratorio... Es un factor diferencial de la geriatría", reivindica Juan Carlos Miñana, quien cada año atiende unas 2.000 consultas, además de las dudas -sobre todo referidas a medicación y alteraciones de la conducta- que los familiares de los enfermos le plantean por vía telefónica.

Visión integral: ése es el ADN del Hospital Monte Naranco, aunque su fisonomía experimente mutaciones a lo largo del tiempo. "Sabemos que el ciudadano valoran mucho nuestro papel como hospital de referencia de geriatría de toda el área sanitaria de Oviedo, y la visión global con la que tratamos a los pacientes", defienden las enfermeras Nuria Ortega y Margarita Vázquez.

Visión integral, visión global. Una forma de conseguir que un centro sanitario sea confortable. Que el paciente se sienta no sólo atendido, sino cuidado. Un modo de que un hospital esté diseñado y organizado a la medida de las personas.

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