12 de febrero de 2017
12.02.2017

"La pensión completa no cura el estrés", aseguran los desalojados por el incendio

Los 35 residentes en Pumarín que habitan temporalmente en un hotel retoman su vida "cargando con bolsas llenas de ropa para varios días"

12.02.2017 | 01:47

Las conversaciones que la mayoría de los clientes del hotel Carbayón, en el barrio de Teatinos, mantienen en la cafetería a la hora del desayuno giran en torno al fuego, al agua, al monóxido de carbono, a los seguros y a los bazares chinos. Nada de fútbol, del tiempo o de las vacaciones. Esos comensales no son turistas. Viven a kilómetro y medio de este alojamiento ubicado a escasos metros de Los Prados. Son treinta y cinco vecinos que el jueves tuvieron que abandonar a toda prisa sus pisos del edificio número 36 de la avenida de Pumarín por el incendio que se desató en la tienda oriental de la planta baja. Los pocos clientes ajenos a la comunidad vecinal se unen a la charla mientras devoran la prensa para tener más datos del suceso. Primero lamentan lo ocurrido, luego les animan "a salir adelante" y por último, se plantean ir a ver "la zona cero".


"¿Dulce o salado? Tenemos de todo. Pedid lo que queráis. No hay prisa". Una de las encargadas del hotel, Silvia Vigil, se desvive por atender a una clientela más numerosa de lo normal a mediados de febrero. "Somos un hotel familiar de dos estrellas que abrió hace quince años y siempre colabora con el gobierno local en casos de desastre. Hemos tenido personas que tenían grietas en su casa o víctimas de desahucio", aclara al servir un café con leche y un cruasán a Francia Flórez y Claudia Méndez, dos amigas y vecinas de Pumarín.

"Aquí estamos muy a gusto, pero no pasamos las vacaciones. La incertidumbre de no saber cuándo podremos volver a casa es terrible. La pensión completa no cura la angustia ni el estrés". Ambas comparten habitación en el hotel "porque no había dos individuales disponibles" y pasan por alto la incomodidad de despertarse bruscamente por los horarios de trabajo o las obligaciones del contrario. "Entendemos que es una medida de urgencia, aunque queremos recuperar la normalidad lo antes posible y dejar de estar cargando con bolsas llenas de ropa para varios días al no tener ni las maletas".

El Ayuntamiento corre estos días con los gastos de alojamiento y manutención de los vecinos gracias a la coordinación de la Concejalía de Atención Ciudadana y la de Servicios Sociales. Los que optaron por quedarse en el hotel (otros se han ido a casa de familiares o amigos) tienen habitación y desayuno en el establecimiento de Teatinos y reciben dos vales de comida; uno para el menú de mediodía y otro para la cena, que pueden canjear en varios restaurantes del entorno.

La previsión más halagüeña indica que el edificio volverá a ser habitable el martes o el miércoles, una vez que los técnicos reparen las conducciones de agua corriente y saneamiento, ahora destrozadas por el fuego. Y que el peritaje de la compañía de seguros del inmueble concluya que la estructura no está dañada. Aún así, los habitantes de las viviendas interiores de la primera planta tendrían que esperar por lo menos un mes más para regresar.

Eso le pasa a Julio Suárez, el hijo del propietario del local incendiado, que vive con su esposa en un primero interior del portal 36 de la avenida de Pumarín desde hace diez años. Su piso es uno de los dos domicilios más dañados por el incendio. Los bomberos de Oviedo lo usaron para acceder al almacén de la parte trasera del bazar chino y la virulencia de las llamas y las explosiones de los botes de spray y envases con gas reventaron las ventanas, quemaron las persianas y los marcos o arrasaron la terraza, además de teñir de negro las paredes e inhabilitar el agua corriente y parte del cableado. "En el Ayuntamiento nos han dicho que el lunes el asistente social se pondrá en contacto con nosotros para buscar una solución si tenemos que quedarnos mucho tiempo fuera de casa". Pese a la desgracia -de la que desconoce la causa y sigue de cerca la investigación de la Policía Científica- relativiza las consecuencias. "Podría haber sido mucho peor, dentro de lo malo, no nos podemos quejar". A corto plazo, al matrimonio le urge tapiar las ventanas para proteger el piso de la lluvia y las labores de desescombro que están a punto de comenzar.

Casi sin resuello, Pastor Lamprea bajó ayer las escaleras del hotel Carbayón a eso de las diez de la mañana. Iba cargado de bultos hasta arriba y le acompañaban su hijas de 8 y 16 años. Su mujer se había levantado antes para ir a trabajar. "Me trasladan de establecimiento porque mi habitación estaba reservada. Así que nada, a hacer la mudanza otra vez. Nos tienen mareados. Ya no sabemos dónde tenemos las cosas y el maletero del coche está a reventar". La familia se fue a un hotel de similares características en la calle Bermúdez de Castro y antes hizo una parada ante su casa en la avenida de Pumarín. La Policía Local les permitió recoger más objetos de primera necesidad.

El matrimonio formado por Cristina Rodríguez y Juan Manuel López, del 1º B del 36 de Pumarín, también desayunó en la cafetería del hotel de Teatinos. Coincidieron con Roberto Nazara, de los pisos superiores, con las amigas Francia y Claudia, y con Julio. Ya son como familia.

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