Cuando Fina Clemente llegó a Oviedo con 14 años -en 1943- los obreros cobraban en Asturias una media de 1,44 euros al mes y el kilo de patatas en el ultramarinos de su abuelo no llegaba a las ocho perronas, una cantidad que hoy día equivaldría a unos insignificantes 0,008 euros. Desde entonces han pasado 74 abriles y la vida ha dado muchas vueltas, pero Fina continua al pie del cañón tras el mostrador de su tienda de la calle Mon, un establecimiento que lleva abierto desde 1904 y que es historia viva del Oviedo Antiguo.

La entrañable tendera y su hermana Elvia, que también estuvo muchos años en el negocio de la familia, "se han ganado el cariño y el respeto" del barrio a lo largo de este tiempo y por eso sus vecinos han decidido organizarles un acto de homenaje que tendrá lugar hoy a las siete y media de la tarde en la Plaza de Trascorrales. A continuación habrá una cena a la que asistirán amigos, familiares y "miembros de distintas generaciones" que siguen siendo clientes de la tienda.

Fina Clemente ya tiene hora para la peluquería. Hoy tendrá que quitarse la bata de rayas y las zapatillas que todos los días se pone para trabajar en el ultramarinos, un "uniforme" que es la seña de identidad de una mujer que el sábado va a cumplir 88 años. Aún así no tiene ninguna gana de jubilarse. "Yo de aquí no pienso irme a no ser que la naturaleza me obligue", asegura la mujer, que se mantiene delgada, casi sin canas y sin una sola arruga. "Yo creo que el secreto es trabajar. Abro de ocho y media de la mañana a dos y media de la tarde y de cinco a nueve de la noche. Además nunca estoy parada, me da rabia sentarme porque si alguien que me conozca me ve puede pensar que estoy enferma", asegura.

"Una gran familia"

Elvia Clemente ya no está en la tienda, se jubiló al cumplir los 65 y anda un poco pachucha de las piernas. No obstante, no olvida todos los recuerdos que guarda de un Oviedo Antiguo que ha pasado a la historia. "Antes había un montón de comercios y mucha más vida. La gente llegaba a la tienda y todos éramos como una gran familia, no existían los supermercados y la gente se movía más por los barrios", afirma. Elvia considera que su hermana "debería descansar" y cerrar la tienda "ahora que aún puede disfrutar un poco de la vida", pero sabe que eso es prácticamente imposible y que la vida de Fina está en su tienda de la calle Mon.

Fina Clemente no tuvo una vida color de rosa. Se quedó viuda cuando tenía 52 años con tres hijas y una de ellas se le murió muy joven, cuando contaba con 25 años. Los que la conocen aseguran que "siempre ha tratado de ayudar a los demás", que sigue repartiendo bocadillos gratis "a todos los que lo necesitan" y que nunca ha tenido problemas con nadie del barrio, ni siquiera en los años en los que el Antiguo estaba infestado por la heroína o ahora con los jóvenes protagonistas de la "movida" nocturna en la calle Mon. "Todo el mundo me ha respetado siempre y el homenaje es otra muestra de cariño. Es importante querer a la gente y que ellos te quieran", subraya la tendera.