08 de abril de 2017
08.04.2017

Los padres de las niñas atropelladas asumen la imprudencia y confían en su recuperación

"Están estables, por el momento parece que las cosas van bien", afirman los familiares de Miriam D. Q. y Carla F. Q.

08.04.2017 | 02:23
Un autobús, circulando ayer por la mañana a la altura de la parada donde se produjo el atropello.

Están en uno de los vestíbulos del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), con un estado de ánimo en el que se combinan el cansancio, la preocupación y la confianza. "Las dos están estables, hay que esperar", declararon ayer a LA NUEVA ESPAÑA, en referencia a sus hijas, los padres de las dos niñas que el jueves fueron atropelladas en Trubia por un autobús escolar. Una de ellas, Miriam D. Q., de 12 años, sufre lesiones cerebrales graves; y la otra, Carla F. Q., de 14, un traumatismo torácico menos grave.

Las dos niñas, primas entre sí, permanecían anoche ingresadas en la uvi pediátrica del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). Dada su evolución favorable, Carla, vecina de Sograndio, seguramente pasará a planta en breve. Miriam, que vive en San Claudio, deberá esperar. Los golpes en la cabeza son temidos por los médicos porque pueden dar lugar a consecuencias imprevisibles, incluso tiempo después del traumatismo. Por eso requieren una observación atenta durante unos días. "Confiamos en que se recuperen, por el momento parece que las cosas van bien", señalaron los padres.

Los padres de las niñas comparten la versión de los hechos facilitada por los testigos del suceso: "Fue una imprudencia de las crías", explicaron a este periódico. Asumida esta cuestión, todas las fuerzas de las dos familias están enfocadas a afrontar la tensión propia de la incertidumbre y a confiar en un pleno restablecimiento de las adolescentes, que anteayer jueves, como cada mañana, tomaron un autobús urbano para ir a clase al instituto de secundaria de Trubia. En vez de bajarse en la parada situada justo al lado del centro escolar, siguieron hasta la siguiente, emplazada delante de la vieja iglesia de la Fábrica de Armas, que carece de arcén, de acera y de paso de cebra.

Allí se bajaron, cruzaron la carretera por detrás del bus y justo al pasar al otro carril de la calzada fueron atropelladas por otro autobús que circulaba en dirección contraria y transportaba a compañeros del instituto provenientes de Quirós. Su chófer no vio a las niñas hasta que prácticamente ya había impactado contra ellas, con un golpe que incluso causó una rotura en la luna delantera del autobús.

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