No se considera uno de los mejores médicos de España pero sus colegas le han elegido entre los 50 mejores. Jaime Martínez González del Río (Oviedo, 1942) ocupa el puesto 29 en el ranking "Top doctors" y es el único asturiano que está en la élite de una clasificación que elaboran los propios médicos atendiendo no sólo a sus conocimientos sino también a la opinión de los pacientes. Neumólogo, experto en tabaquismo y en asma, fumó cuando era joven y estudiaba la carrera, lo dejó porque lo notaba demasiado por las mañanas en los entrenamientos de rugby que, junto a la ópera, es su otra gran pasión. Se mantiene en activo, tres veces por semana pasa consulta en el Centro Médico tras haber trabajado toda su vida en la sanidad pública.

- Uno de los 50 mejores médicos de España.

-No lo creo. No creo que esté entre los mejores médicos de España, de todos modos se agradece que el reconocimiento sea antes de (morir) que después.

- ¿Cómo hago para dejar de fumar?

-Estando convencido y si es necesario con un tratamiento. El tabaquismo es una enfermedad. Si quiere dejar de fumar debe enterarse todo el mundo y fijar un día y una hora. Hay que ponerse como objetivo un año, no valen tres meses sin fumar. Aún así sólo una de cada tres personas que lo intentan lo consiguen, y no suele ser a la tercera sino a la quinta.

- No sólo es experto en tabaquismo sino también en asma ¿cómo afectan la ausencia de lluvia, la contaminación y los incendios a las personas que sufren esta enfermedad?

-Muchísimo. Ahora mismo (por ayer por la tarde) acabo de atender a una mujer de 41 años que vive en Ibias y a la que en las últimas semanas se le ha complicado mucho el asma.

- ¿ A esa paciente la acaba de atender en el Centro Médico, pero si usted tiene que ir al médico opta por la sanidad pública o la privada?

-Me operó Carlos Suárez en el HUCA. (Lo dice mientras se señala la cicatriz del cuello que queda como recuerdo de un cáncer de amígdalas, nada que ver con el tabajo).

- ¿Defiende la sanidad pública frente a la privada?

-Defiendo la buena sanidad.

- ¿Y en esa buena sanidad los médicos deben fichar?

-Me gustan las cosas sensatas y enfadar a los médicos llevando eso a rajatabla no es bueno. No me gustaría que un médico colgase la bata a las tres de la tarde y dejase en suspenso una intervención porque se pasa de su horario. Es algo que nunca me ha pasado en toda mi carrera profesional.

- Usted participó en la elaboración del protocolo europeo contra el tabaquismo y en la de la ley antitabaco española.

-En 1979, mis alumnos de la facultad de Medicina me denunciaron al decano porque les prohibí fumar en clase de respiratorio. Tres años antes prohibí a los médicos fumar en los pasillos del hospital, dejaban el cigarrillo en las meas de los pacientes y les obligué a fumar en los despachos.

- Se ha avanzado mucho.

-Falta educación. Se me cae el alma a los pies cuando veo a los niños de 12, 13 y 14 años fumando en la parada del autobús escolar, o cuando paso por la calle del Rosal. No son conscientes de lo que están haciendo. Y lo podemos lograr, nadie pensaba que íbamos a entrar en un chigre y no hubiese nadie fumando, y lo conseguimos.

- ¿Qué le hace más feliz, dar el alta a un paciente o el éxito de una ópera en el Campoamor?

-La felicidad tiene muchas facetas. En todos los años de profesión he disfrutado muchísimo y he trabajado muchísimo. Soy muy orteguiano y he tenido mucha suerte en esta vida, he sido yo y mis circunstancias siempre han sido buenas.

- Pero quiere dejar la presidencia de la Ópera de Oviedo.

-Lo he intentado dos veces y no me han dejado pero ya está llegando el momento. Si no lo he dejado es por el gran equipo humano de la Ópera y por la directiva, es lo mismo que en mi profesión, siempre he encontrado muy buenos equipos.

- Pero su profesión no la deja, sigue trabajando.

-Sigo teniendo ilusión por mi trabajo. Me ayuda a mantener las neuronas activas. Mientras esté a este nivel de trabajo, tres días a la semana por las tardes y aportando segundas opiniones sobre pacientes tanto de la sanidad pública como de la privada, lo seguiré haciendo. Trabajo con más calma, con más tiempo para hacer las cosas.

- Entre esos pacientes estaba Manolín el Gitano.

-Le traté muchas veces y viví muchas broncas suyas cuando ingresaba en el hospital.

- ¿Cómo estaba de salud?

-Muy mal. Era un enfermo respiratorio muy grave, fumaba muchísimo, además de su drogadicción. Tenía los pulmones destrozados. Tenía muchas enfermedades.

- El mendigo también era asiduo a la ópera.

-Siempre decía que yo era su médico y que era muy bueno y me preguntaba cuándo había ópera porque hacía buena caja. Siempre le daba algo.

- ¿Si le ponen una estatua en Oviedo?

-Sería una machada. Que Dios le tenga en su gloria, era un pobre desgraciado.

- ¿Algo que añadir?

-Mi familia, mi esposa, Susi Schmizrath, mis cuatro hijas y mis seis nietos que ahora paseo por Oviedo. Mi esposa se graduó con honores en la Universidad de California y cuando vino a Oviedo no le dieron el título porque alguien había traducido mal los papeles. Le dije a mi padre que o se arreglaba o llamaba a La Codorniz. Al final se arregló a medias. Mi esposa se ha encargado de la educación de mis hijas por mi trabajo.