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Los Sábados, Fontán

Nueve metros cuadrados de felicidad

Cristina Álvarez y Carmen Uría son las últimas en llegar al mercado del Fontán

Cristina Álvarez Acebedo, a la izquierda, y Carmen Uría Riesgo, en su puesto del mercado.

Cristina Álvarez Acebedo, a la izquierda, y Carmen Uría Riesgo, en su puesto del mercado. IRMA COLLÍN

El mercado del Fontán surgió de una desgracia, del incendio que arrasó Oviedo la Nochebuena de 1521 y del que sólo se salvó la casa de la Rúa. Pese a que había antecedentes de venta de mercaderes en la zona no se reguló hasta después del incendio. El 10 de septiembre de 1523 el emperador Carlos V, para superar la crisis local derivada del desastre, concede a Oviedo un mercado franco a celebrar todos los jueves a partir del mes de enero de 1524. Ahí comenzó todo y ahí sigue tanto en la plaza del Fontán como en el edificio del mercado construido a finales del siglo XIX en el espacio que ocupaba el colegio de los Jesuitas.

El mercado del Fontán fue diseñado por el arquitecto Javier Aguirre y, pese a los altibajos sufridos a lo largo de los siglos, está en plena forma. Todos los días es un ir y venir de clientes y turistas. En la actualidad están abiertos más de una treintena de puestos. Sólo queda uno libre. Cuando uno de los negocios echa el cierre al poco tiempo ya está ocupado, lo que da la medida de la buena salud de la que goza el mercado.

Las últimas en llegar son Cristina Álvarez Acebedo y Carmen Uría Riesgo, una pareja que acaba de abrir un asador. Al frente del negocio está Cristina, ovetense de nacimiento, para la que tener un puesto en el Fontán tiene importantes connotaciones históricas y sentimentales. Álvarez Acebedo nació en la calle Eduardo Martínez Torner cuando los vecinos del Cristo decían aquello de "bajar a Oviedo". Desde su casa se veía el viejo Tartiere y ella disfrutaba cuando allí terminaba el desfile de América en Asturias.

Pero la infancia es un territorio lejano y Cristina Álvarez Acebedo se quedó sin trabajo el año pasado, a una edad en la que es muy complicado encontrar otro. Su último empleo había sido como camarera de pisos en un céntrico hotel ovetense. Antes había estado en Madrid y Canarias. Con un hijo universitario la situación era complicada. A sus "taitantos", ella y su pareja, Carmen Uría, decidieron convertirse en eso que ahora se llama "emprendedoras" y que no es otra cosa que buscarse la vida. Querían abrir un negocio en el Fontán, fuera del mercado, y había locales, pero la normativa les impedía desarrollar una actividad tan simple como asar pollos. Así que encontraron un huequín de 9 metros cuadrados en el interior del edificio y allí siguen desde mayo del año pasado. Su mostrador, cercano a la puerta de la calle Fierro, es un punto de vigía extraordinario. Carmen Uría, una mujer tan observadora como cariñosa y divertida, se lo pasa en grande. "Ves de todo y de todos", resume. Carmen, trabajadora de hostelería, llegó a Oviedo desde Cangas del Narcea y nunca pensó que acabaría teniendo su propio negocio, "pero había que hacer algo" después de que su chica se quedase en el paro.

El Fontán es centro turístico, "pero la venta es a los ovetenses", apunta Álvarez Acebedo, que dice estar "encantada" con su puestín en el Fontán. Les va bien, pero les gustaría poder abrir los domingos. Lo han solicitado a los responsables del mercado y por ahora les han dicho que no. Hay puestos que sí abren domingos y festivos y ellas quieren hacerlo. "Sería trabajar más, pero siendo autónomo no te queda otra", apuntan. El trabajo es duro, pero estar en el Fontán "aporta muchas satisfacciones". Tener un puesto en el mercado más ovetense te lleva a ir conociendo a los compañeros, "aunque en realidad hay poco tiempo para relacionarse", y a los clientes, "que son fijos; cada uno tiene su sitio preferido para comprar y los acabas conociendo por el nombre".

Salvo el restaurante superior, Cristina y Carmen son las únicas que ofrecen comida cocinada en un mercado que es la despensa de Oviedo. Han abierto un nuevo modelo de negocio, simple pero efectivo, y ya se sienten parte del entorno. Están contentas, pero sus miras también les llevan a ver otras posibilidades haciendo en el Fontán algo similar al mercado de San Miguel de Madrid, donde hay varios pequeños negocios de hostelería que lo han convertido en referencia de tapeo de la capital, o el mercado de Elche, donde los clientes pueden comprar lo que les apetezca en alguno de los puestos y degustarlo en unas mesas habilitadas para ello.

Han sido las últimas en llegar al Fontán, pero se sienten como en casa, como si llevasen allí toda la vida. Disfrutan del mercado y de la relación con el público. Emprendedoras en el centro neurálgico del comercio ovetense.

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