06 de mayo de 2018
06.05.2018
Visiones De Ciudad

El patrimonio, tesoro y condena de la ciudad de Oviedo

Las más de treinta firmas que acumula, por ahora, "Visiones de ciudad" piden más cuidado para el arte y la cultura local

06.05.2018 | 17:31
Un grupo de turistas pasea ante la Catedral en un día de lluvia.

"Visiones de ciudad", la mirada sobre Oviedo en la que cada domingo alguien reflexiona sobre este territorio, acumula más de treinta capítulos. Es un buen momento para hacer un primer balance sobre lo que los ovetenses ven, quieren o piden para su ciudad.

Patrimonio. Sobre la potencia del patrimonio histórico hablaron muchos. En especial, la medievalista y directora de Extensión Universitaria, María Álvarez Fernández. Hizo hincapié en "la potencialidad que el patrimonio histórico y cultural de la ciudad medieval puede ofrecer en términos de desarrollo social y económico". Ignacio Quintana, exsubsecretario del Ministerio de Cultura también habló mucho de Patrimonio, y pidió un Museo de la Ciudad, del Ayuntamiento, "para conservar y hacer pública permanentemente la historia de Oviedo".

La Cultura. La cultura en Oviedo ha sido motivo de diversas visiones y desde distintos puntos de vista. Unos han visto la botella medio llena, otros medio vacía y otros rellena del líquido equivocado. El poeta y periodista Sergio C. Fanjul, en su visión desde el exilio madrileño, aplaudía cierta alegría cultural y vanguardia, una ciudad, contaba, "que ya no mira a Gijón con envidia cuando se trata de agitar la escena más allá de premios, óperas y zarzuelas". El escritor Fernando Menéndez realizó un planteamiento muy similar cuando escribió que aplaudía "las iniciativas culturales de salas, locales y colectivos y la paulatina superación de ese concepto tan rancio como es el Oviedín del alma". El alegato por una cultura alternativa que supere las tradiciones locales se completa con el de los que, precisamente, ven poco esfuerzo en defender esa parcela. De falta de apoyo a la cultura habló Ana Vega, que puso el acento negativo en "el escaso o nulo apoyo a la cultura propia, a quien crea, a quien forma parte de este tejido, sean librerías, salas de arte...". El crítico y comisario de arte Luis Feás insistía en el mismo concepto cuando lamentaba "el poco interés de los responsables políticos de Oviedo por el arte y la cultura". La cantante y poeta Gema Fernández también coincidió cuando destacó como lo peor de Oviedo "las trabas que imposibilitan el ejercicio y buen desarrollo de la vida cultural de la ciudad, el peligro que corre de acabar convertida en una urbe envejecida, triste y gris".

Toda esa reflexión conduce, como se ve, a uno de los debates más inevitables sobre Oviedo. ¿Es la ciudad víctima del síndrome de Vetusta o ha logrado sacarse de encima el estigma clariniano y todas las connotaciones que vinieron después? La catedrática de Derecho Internacional Público Paz Andrés Sáenz de Santa María se mostraba esperanzada en la conquista paulatina de cierto equilibrio. "Al compás de los cambios urbanísticos", reflexionó, "Oviedo se ha democratizado. Ya no es aquella sociedad de familias, cuya síntesis era la ópera de etiqueta en el Campoamor y la cena posterior en el Tenis, la de los "de Oviedo de toda la vida". Ahora es una ciudad abierta y plural, que puede ir tanto a la ópera, porque se ofrecen varias funciones, como a los chiringuitos. Oviedo ya no duerme la siesta". Julio Bueno de las Heras, catedrático de Ingeniería Química, lo resumió de otra forma cuando advirtió, en su lista de pegas la posibilidad de reencarnarse en Vetusta, en Pilares o que pierda su esencia. Contra ese carácter pesimista, cainita, de los propios ovetenses también alertaron varias voces, desde la escritora Leticia Sánchez al decano de los abogados, Ignacio Cuesta.

La Universidad. Oviedo es una ciudad universitaria. A veces se olvida y otras no se tiene tan en cuenta como debiera. No siempre fue así, el síndico Antonio Arias recordaba, por ejemplo, cómo en los años sesenta y setenta la institución funcionaba para los estudiantes como un auténtico ascensor social.

El Oviedo antiguo. Sobre el casco viejo de la ciudad han escrito muchos y han ofrecido diversas ideas. En general, se reclama un mayor cuidado patrimonial y un esmero en darle una vida económica más allá del monocultivo de la hostelería. La archivera de la Junta General del Principado, Josefina Velasco, lamentaba el botellón, las pintadas y pedía alguna solución: "Se echa de menos la variedad. Y tal vez una ordenación del barrio que incentive su revitalización". No fue la única que pidió evitar la plaga de pintadas y franquicias y sanear el Antiguo sin caer en la gentrificación.

Los barrios. El tono memorialístico, los recuerdos de infancia en la ciudad han marcado el enfoque de muchas de las visiones de ciudad publicadas hasta ahora. A veces, el punto de vista se ha centrado en los barrios. Del de Pumarín han escrito varios, y en el relato que de estas calles en los sesenta hacía el escritor y profesor de literatura Francisco García Pérez, se echaba en falta, desde el aquí y ahora, la pérdida de ciertos valores de solidaridad de barrio. La escritora Belén Suárez Prieto también habló del barrio. De los que lo habitan. Lo mejor de la ciudad, contó, son "las gentes que hacen que la ciudad sea hermosa, cada una de ellas en su vida doméstica y cotidiana; y lo peor son "los que sufren su cara más fea, la de la miseria y el dolor".

Urbanismo. La cuestión urbanística ha sido abordada desde diversos puntos de vista. El profesor Álvaro Ruiz de la Peña se fijaba, por ejemplo, en algunos errores cometidos en la ciudad. En especial, en dos, vinculados a lo que se llamó la operación de los Palacios: La desaparición de la estación del Vasco y del viejo Tartiere, para poner en su lugar lo que el autor definía como "uno de los artefactos constructivos más tóxicos e inarmónicos de la historia urbana de la ciudad", El Calatrava. Con un foco más amplio, el arquitecto Alfonso Toribio ponía encima de la mesa una de las cuestiones que más preocupan ahora en los planes estratégicos para los próximos años, la misión de Oviedo dentro del proyecto del Área Central Metropolitana. "Esta no es una oportunidad cualquiera, es el ser o no ser de la región", escribía Toribio. "Las consecuencias de no aprovecharla no serían neutras, y a Oviedo, como capital del Principado, le corresponde ejercer el liderazgo en el recorrido que nos llevará a la metrópolis del área central de Asturias".

Calidad de vida. En Oviedo se vive bien, y esa ha sido una de las grandes bazas que los autores de las visiones de ciudad han destacado. El presidente de la asociación asturiana de periodistas de turismo, Carlos Cuesta, la llamó la ciudad "amable" y alabó que "está hecha a la medida humana". Su tocayo y escritor Carlos Fernández casi dijo lo mismo cuando aplaudió que Oviedo "se sale de guapa" y tiene "el tamaño perfecto". Dentro de esa calidad de vida están los elogios a las zonas verdes, al Campo San Francisco, y, en el lado negativo, las quejas por los problemas del tráfico, en especial la entrada desde el Este.

Lo rural. Hubo también peticiones para conseguir una ciudad que potencie, integre y mime más su zona rural. Desarrolló esta idea con detalle el experto en la materia Jaime Izquierdo, que alertó de "los riesgos y problemas que genera a Oviedo el abandono de la periferia rural y su asilvestramiento". La escritora Virgina Gil también lamentó el olvido, en ocasiones, "del contexto geográfico y social donde se ubica, el resto de Asturias", y que a veces "desprecie el mundo rural que la rodea. No se abre a él y se encapsula". No se puede hablar tampoco de lo rural sin citar el Naranco. El director de la biblioteca de la Universidad, Ramón Rodríguez, lo incluyó en su lista de defectos: "El descuido del Naranco y la falta de un plan efectivo para regenerar el monte sagrado de los ovetenses".

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