02 de junio de 2018
02.06.2018

"Dejé de apretarle el cuello cuando bajó los brazos", dice el acusado de matar a Karla Pérez

El marroquí Abdelwahid Aghbalou asegura que "sólo quería que no gritase" y que "creía que solamente se había desmayado"

02.06.2018 | 02:07
El abogado de la familia de Karla, Mario Kopke, con Victoria Carbajal, la letrada de Abogadas por la Igualdad.

"Sólo quería taparle la boca para que no gritase, pero se me fue la mano al cuello. Dejé de apretar cuando bajó los brazos". Así describió ayer el marroquí Abdelwahid Aghbalou el macabro episodio en el que perdió la vida Karla Belén Pérez, la joven de origen ecuatoriano y residente en Oviedo a la que estranguló en las inmediaciones de la playa melillense de La Hípica en julio del 2016. Aghbalou reconoció durante la primera jornada del juicio que agredió a su expareja en presencia del hijo de ambos -que por entonces tenía diez meses-, pero defiende que se fue del lugar del crimen "pensando que se había desmayado" y sin saber que estaba muerta. "Le di unos golpecitos en la cara para ver si despertaba, pero no me contestó y pensé que lo estaba haciendo para asustarme. Me puse aún más nervioso, cogí al niño y me fui de allí", explicó el acusado ante el tribunal del jurado.

Abdelwahid Aghbalou reconoció que había quedado con Karla en Melilla a pesar de que desde abril de 2016 pesaba sobre él una orden de expulsión de España y otra de alejamiento por haberla maltratado mientras convivían en un piso de Ciudad Naranco. Su relación sentimental se había acabado y ella tenía previsto irse con el niño a Ecuador, pero accedió a ir a la ciudad autónoma para después desplazarse a Tánger con el acusado y que el pequeño conociese a la familia de su padre. El día que murió Karla los tres habían pasado la jornada en la playa y paseando por la ciudad, pero al llegar la noche se produjo una fuerte discusión entre ambos que acabó en tragedia. "Discutimos por dinero. Ella se puso muy agresiva y empezó a gritar como hacía siempre y a decir que iba a a llamar a la Policía. Tenía mucho carácter. Entonces, como yo estaba incumpliendo la ley de alejamiento y tampoco podía estar en España, empecé a tener miedo y traté de hacerla callar", dijo Aghbalou. "Me había pegado muchas veces y una vez llegó a clavarme un cuchillo porque no quería barrer la casa", añadió.

Después estuvo deambulando por Melilla. Llamó a su hermano contándole su versión de los hechos y éste le dijo que si Karla se había desmayado lo normal era avisar a una ambulancia o a la Policía, pero el marroquí no acudió a comisaría hasta las once de la mañana a pesar de que la hora de la muerte de la joven está fijada al menos cinco horas antes. Primero se las arregló para vender el móvil de la víctima y, según sostiene, para consumir un gramo de cocaína que le dieron a cambio del terminal.

Este es uno de los puntos a los que se agarra la defensa del acusado para tratar de rebajar la condena a la que se enfrenta su cliente alegando que la muerte de Karla fue fruto de un homicidio por imprudencia grave y no un asesinato como considera el fiscal y el resto de los letrados personados en la causa. "Tiene problemas mentales y aficiones al alcohol, la cocaína y el cannabis. Actuó bajo los efectos de un trastorno mental transitorio, afectado por el miedo insuperable a ser detenido y por un arrebato", sostiene Lorenzo Álvarez. El abogado también trató de demostrar que no hubo alevosía -uno de los condicionantes para que el delito sea considerado asesinato- y que el acusado no llevó a Karla a una zona oscura y poco transitada de Melilla con la intención premeditada de matarla. Tanto el fiscal como los abogados de la acusación piden para él 26 años de cárcel al considerar lo contrario y que existe el agravante de violencia de género. "La llamó 79 veces en tres días antes de quedar con ella en Melilla. Le controlaba su vida", dijo Victoria Carbajal, de Abogadas para la Igualdad.

Lorenzo Álvarez insistió en que el acusado se entregó en comisaría, pero los policías que lo atendieron ese día afirman que no reconoció haber matado a Karla y que sólo quería deshacerse del niño para escapar a Marruecos.

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