12 de junio de 2018
12.06.2018

Adiós a Luis Antonio Iglesias, el hotelero discreto que impulsó el asociacionismo asturiano

Severino García Vigón destaca la visión empresarial del fallecido: "Cogía negocios en el momento oportuno y los dejaba en el más adecuado"

12.06.2018 | 02:00
La mujer y las hijas de Luis Antonio Iglesias, recibiendo el pésame, ayer, durante el funeral en la Corte.

El funeral por el eterno descanso del empresario hotelero Luis Antonio Iglesias Peláez, pionero del asociacionismo en el sector en Asturias, se celebró ayer en la iglesia parroquial de Santa María La Real de la Corte. El empresario había nacido en el concejo de Salas hace 87 años, al que siempre estuvo muy vinculado y siempre hizo gala de su origen, como destacó ayer el párroco, José Ramón Garcés, durante el funeral.

La iglesia estaba repleta de fieles que arroparon a la viuda del fallecido, Lucía Fernández, y a sus dos hijas, María Gabriela y María Adriana Iglesias Fernández. Entre todos ellos hubo muchos llegados u originarios de Salas, como Frank Menéndez Mancera, fundador de la Escuela de Turismo de Oviedo y de la Alianza Francesa, que destacó la apuesta hotelera del fallecido en Sudamérica.

Luis Antonio Iglesias, además de ser uno de los socios fundacionales de Unión Hostelera Asturiana, la patronal pionera del sector, fue uno de los propietarios del hotel ovetense Ramiro I, entre otros establecimientos del sector, como alguno en Uruguay. Pero como siempre fue una persona muy discreta de sus logros empresariales, nunca quiso alardear de sus éxitos empresariales.

"Todo lo contrario. Era un empresario ejemplar que siempre prefirió estar en segunda fila. No le gustaban los protagonismos aunque fuera merecedor de ellos", contó a este periódico tras el funeral Severino García Vigón, expresidente de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE) y también de la Cámara de Comercio de Oviedo. Sobre su visión empresarial aportó un dato concluyente. "Supo coger sus negocios en el momento oportuno y dejarlos en el más adecuado", concluyó Vigón.

De dibujar el perfil humano se encargó el párroco de la Corte, el padre Garcés, que destacó "su capacidad para saber escuchar y después hacer el comentario oportuno para ayudar a los que le pedían consejo".

Luis Antonio Iglesias era también un apasionado de la música, algo que no pasó inadvertido para el oficiante del funeral. "Era el reflejo del gozo y la alegría que había en su corazón".

Con Luis Antonio Iglesias se fue una parte de la mejor hotelería ovetense, "un clásico", como lo recordaron sus compañeros.

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