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Un centro comercial de andar por casa

Los vecinos del barrio y los funcionarios del Juzgado y de la Administración sustentan el Cívico, inaugurado hace veinticinco años

Luis Beltrán, de la tienda de fotografía

Luis Beltrán, de la tienda de fotografía DIANA ARANA

Fue un día como ayer, hace ya más de 25 años, cuando el Alcalde Gabino de Lorenzo entregaba la licencia de uso del Centro Comercial Cívico a sus promotores en su inauguración oficial. Nacía un complejo con 60 tiendas y 22 oficinas más un parking que había costado 3.500 millones de pesetas. Hoy sobreviven menos de la mitad de locales comerciales, sin sobresaltos y con una clientela fija, gente del barrio y funcionarios de la zona, que mantienen una "razonable vitalidad", como afirma uno de los responsables del complejo.

El centro, nacido con la idea de contraponerse al concepto de grandes superficies, intentó imitar el éxito que tenían otros complejos pequeños, capaces de aprovechar una ubicación privilegiada, como el ABC Serrano, situado en el corazón de una de las calles más transitadas de Madrid.

Durante la primera década larga, funcionó según las expectativas. "Es un centro chiquitín, que funcionaba bien, se llenaba", recuerda ahora Luis Beltrán, encargado de una tienda de fotografía, instalada desde el principio en el complejo.

El centro comercial de Llamaquique, tras el de Salesas, fue el segundo en construirse en Oviedo. Obra de los arquitectos Enrique Perea Caveda y los hermanos Manuel y Enrique Hernández Sande, generó mucha expectativas por los puestos de trabajos que se iban a generar, un total de 400. Así lo vieron los pequeños negocios que se instalaron con la inauguración. "El centro está al lado de los Juzgados, de los institutos, de las facultades, más o menos en el centro, ¿qué más podías pedir?", señala ahora Alejandro Muñiz, propietario de una autoescuela en el Cívico. "Nos mudamos aquí hace 15 años, nos parecía la mejor ubicación", recuerda también Javier Nespral, empleado de la copistería.

La idea de la construcción de un complejo comercial, nacida en los años 70, permaneció abandonada hasta los 90. Tras su puesta en marcha, hicieron encuestas a la población para radiografiar a los clientes. Un 72% de los entrevistados conocían el centro. De ellos, el 70% eran personas menores de 35 años, un 70% preferían ir a pie y un 90% opinaba que la ubicación era buena.

Pese a la gran aceptación en los primeros años, señala una clienta habitual aquellos primeros años, "no se le sacó el máximo partido; era una buena idea pero se quedó obsoleto". "Las cosas eran un poco caras cuando se inauguró", recuerda Rosa Freña, también habitual desde su inauguración.

A día de hoy, vecinos y comerciantes señalan que el alquiler de los locales es elevado, circunstancia que se agravó con la llegada de la crisis económica y el descenso de clientela. "Sobre 2005 empezaron a cerrar las tiendas", cuentan algunos clientes. Además, el propio consejero delegado de la sociedad promotora Centro Cívico calificaba entonces de 'tarea nada fácil' ocupar todas las tiendas y espacios del complejo.

Para evitar el cierre de sus establecimientos, los alquilados intentaron renegociar sus mensualidades, muchos sin éxito, llevándoles al cierre. "Los gastos de comunidad", se queja uno de los propietarios, "también son elevados, me suponen pagar el doble".

Otros como la tienda de fotografía tuvieron que cerrar uno de sus dos locales en el centro y reducir su plantilla de 7 a 3 empleados. "Hemos aguantado gracias a que mantenemos nuestro público", señala Beltrán.

La falta de público fue otro agravante:"Prefiero ir a la calle Uria, está muy cerca y hay muchas tiendas", cuenta Antonio Estrada, vecino del barrio, que como otros prefiere, por su oferta, Los Prados, Salesas o el eje comercial del centro. "Le faltan instalaciones de ocio, si las tuviera vendría más gente, como Parque Principado", cuenta Eugenia Fernández sobre la posible causa de la ausencia de público.

Negocios que resisten

Pese a todo, una veintena de negocios mantiene su actividad al tiempo que la ocupación de las oficinas es muy satisfactoria, 17 locales de un total de 22. Para muchos, una de las explicaciones del aguante del negocio es la fidelidad de sus clientes, el público familiar. "Vienen a hacer fotocopias desde pequeños, ahora ya se están graduando en la universidad", cuenta Rubín Fernández.

Un supermercado, una papelería, cafetería, floristería o peluquería, son algunos de los establecimientos que siguen en pie. "La gente no viene al ocio, viene a hacer algo en concreto", apunta otro cliente, Antonio Estrada.

En la actualidad, según la gerencia del centro, no se registran pérdidas y pese a que existan negocios que sólo logran abrir durante un corto tiempo, el centro comercial "se mantiene estable" gracias a la ocupación de las oficinas y los establecimientos que siguen abiertos.

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