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Incendios, veneno para el planeta

Resulta necesario redoblar los esfuerzos en la prevención de los fuegos y desactivar posibles focos latentes de ignición que se dan en ciertas partes del suelo y del subsuelo

Bomberos, durante las tareas de extinción de un fuego.

Bomberos, durante las tareas de extinción de un fuego. LNE

Los incendios calcinadores resultan fenómenos de alto riesgo para el desarrollo y bienestar de los espacios globales: urbanos, no urbanos, industriales, agrícolas y de ocio, que, en definitiva, se encuentran al servicio útil de la humanidad. Buena parte de estos fuegos son debido a actuaciones y descuidos desmesurados relacionados con la sociedad de bienestar.

Otros tienen su raíz iniciática, en latencias generadas en los suelos por macro y micro tensiones naturales, reactivadas por la propia naturaleza sobre cualquier espacio. El suelo, el subsuelo y la atmósfera próxima pueden sufrir tensiones.

Así sucede incluso en los ámbitos de suelos helados, donde un fenómeno como el "permafrost" libera gases de descomposición orgánica, que actúan como mechas de ignición. Otro tanto se puede percibir en suelos recalentados (resecados y desertificados), donde la absorción y desorción promueven la expulsión de gases que actúan en muchos casos también como mechas de ignición.

En ámbitos biorecalentados y de cultivo los cambios de floración, polinización y labrantío, movilizados por nieblas, lluvias, tormentas racheadas de vientos y eléctricas, crean una micro dinámica en sus subsuelos que moviliza gases y fluidos recalentados.

En ciertos puntos singulares aflora agua termal e incluso vulcanizada, inductora de recalentamientos que pueden estimular incendios.

Las zonas urbanas y urbanas no industriales desarrollan y consolidan redes de térmicas llenas de pérdidas, que pueden trasmitirse al subsuelo, como mechas y micro-mechas de ignición, si no se actúa permanentemente con contundencia.

Está claro que tanto el suelo, el subsuelo y la atmósfera próxima a estos, tienen valores latentes incendiarios de diversa entidad. Las actividades de desarrollo y bienestar, ocio e industrialización próximas, no bien gestionadas, pueden dar lugar a la activación de temperaturas propias del subsuelo y su entorno en forma de gases y microfluidos, que contando además con una especie de malicia antropológica y los descuidos de gestión terminan en mechas activas peligrosas.

El protoincendio late en extensas zonas de los suelos, bio-suelos y en la atmósfera próxima con sus zonas de cultivo y espacios residenciales y de ocio. Las puntos de la tierra con suelos, subsuelos y atmósferas bajas y zonas de habitabilidad y desarrollo, resultan ser espacios generadores de latencias de ignición. Su mal conocimiento, delimitación y variable gestión añaden índices de peligrosidad.

El incendio como germen esta fosilizado en tiempos geológicos. Continua ahí en estado latente, a nivel global y dependiendo de la correcta y responsable gestión universal de sus latencias.

Sus actividades nos empobrecen. Las respuestas frente a su aparición súbita siempre son pobres y pocas. Tienden a crear un nivel de suelos y subsuelos inactivos, de larga recuperación. La defensa activa la conocemos y alabamos su permanente heroicidad.

Es necesario desactivar esas latencias de ignición. Esas mechas latentes de ignición están en la amplia y diversificada corteza litoral y continental. Necesitan de permanentes observaciones y de una sistematización de sus peligros.

Es necesario impulsar observatorios de riesgos de incendios urbanos, focalizados sobre todo en los espacios de ocio y residenciales. A la vez, es necesario establecer protocolos de actuación para colectivos y formar a personas en tareas de extinción.

El "terrorismo" de la tierra mechada" y llena de malicias con sus descuidos antropológicos está surgiendo con desmesurada fuerza y la globalización contribuye a ello. Por eso Europa debe redoblar los esfuerzos educativos y de gestión científico tecnológicos.

Es necesario atenuar los efectos destructivos en todos los campos ambientales de la tierra. Para eso se debe partir del estudio del subsuelo, mechado de latencias incendiarias fosilizadas universales y no debidamente valoradas y respetadas.

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