Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Las Pelayas cierran sus talleres de encuadernación y restauración de libros

La comunidad benedictina de la ciudad pone fin a una actividad a la que se ha dedicado durante cincuenta años, debido a la escasez de pedidos

Monjas de San Pelayo, trabajando en el taller de restauración, en una fotografía de archivo.

Monjas de San Pelayo, trabajando en el taller de restauración, en una fotografía de archivo. LNE

Las monjas benedictinas de San Pelayo han echado el cierre a sus talleres de encuadernación y restauración de libros y documentos antiguos por falta de encargos. Desde el monasterio explicaban ayer que esa es la razón que las ha abocado a cesar en una actividad a la que han dedicado los últimos 50 años. Explicaron que "el trabajo bajó muchísimo" y que ya no resultaba rentable mantener los talleres con los que contribuían al sostenimiento económico de la comunidad.

Las religiosas ovetenses empezaron a trabajar en la encuadernación en el año 1967 y aprendieron la técnica de artesanos como Ángel Grossi. A lo largo de estas décadas las monjas se fueron transmitiendo esos conocimientos unas a otras y llegaron a estar entre los talleres más importantes de España, con encargos de instituciones religiosas y civiles. Han restaurado, entre otros muchos documentos, el Libro de los Testamentos de la Catedral de Oviedo, del siglo XII, y un manuscrito medieval con la historia de Navarra, propiedad del monasterio de Santo Domingo de Silos. Han hecho trabajos para la Fundación Princesa de Asturias, para el Principado y para el Archivo Provincial.

Las Pelayas dominaban la técnica tradicional de encuadernado y solían viajar a Madrid para familiarizarse con las nuevas. En la década de los 90 del siglo pasado establecieron una intensa relación con la Imprenta Artesanal, radicada en la capital, y colaboraron con sus profesionales.

Las encuadernaciones se hacían a mano, con la maquinaria adquirida por el monasterio, y requería precisión y fuerza. Las monjas atendían, además de encargos de instituciones y organismos oficiales, a los particulares que llegaban con libros corrientes. Libros de honor o de firmas, tesis doctorales y fascículos eran trabajos muy comunes. Los clientes elegían personalmente las telas, pieles y papeles que las monjas utilizarían. Una de las especialidades del monasterio era la rotulación en pergamino, una técnica medieval de copiar manuscritos.

En los talleres del monasterio de San Pelayo se restauraron las actas capitulares de la Catedral de Oviedo. Además del códice del Libro de los Testamentos, encargado por el obispo Pelayo y una joya del románico español, las monjas se ocuparon de "La Regla Colorada" y del "Libro Becerro", otras dos obras excepcionales custodiadas en el archivo catedralicio ovetense, cliente asiduo de las Pelayas.

En el año 2004 llegó a manos de las benedictinas, la historia manuscrita más antigua que se conserva de Navarra, un documento que fue recompuesto hoja a hoja. El encargo de restauración llegó del monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, el propietario del libro, y se hizo para un editor navarro que quería realizar una tirada facsimilar del manuscrito y que pagó el trabajo.

Ayuntamientos y archivos municipales de toda Asturias solían recurrir a menudo a los servicios de las Pelayas. En 1998, las monjas restauraron los libros de actas municipales del concejo de Gozón correspondientes a los siglos XVII y XVIII.

Cuando el Ayuntamiento de Oviedo otorgó a la comunidad religiosa la Medalla de Oro de la ciudad, su labor al frente de los talleres de encuadernación y restauración de libros y documentos antiguos fue una de las contribuciones que se destacó.

Compartir el artículo

stats