12 de agosto de 2018
12.08.2018

"Era la bondad infinita, siempre alegre", dice la pandilla de Luanco

12.08.2018 | 02:03

El cumpleaños de Íñigo Tartiere Goyenechea en casa de su abuela era uno de los acontecimientos del verano en Luanco, cuando él y sus amigos eran unos niños. Carlos Andina, Chus Peña y Santiago Ochandiano formaban su pandilla. Los cuatro se conocían desde los tres años y cuando se paseaban por la villa marinera despertaban admiración. Las mujeres se daban la vuelta para ver pasar a aquellos chiquillos que pasaban las tardes jugando al fútbol en la playa, haciendo chocolatadas, organizando excursiones a Verdicio o recogiendo ocle y poniéndolo a secar para sacarse unos duros vendiéndolo después.

Carlos Andina, uno de aquellos "guajes", va hilando recuerdos de aquella infancia tan feliz, en la que el santo de Santiago y el cumpleaños de Íñigo, que se celebraba el 29 de julio, eran fiestas mayores para la pandilla.

A pesar de la distancia -dos de ellos vivían en Madrid y solo se reencontraban en verano- siempre se mantuvieron unidos y cada verano, aún ahora, se reunían para ponerse al día en Luanco. Desde hacía unos años la excusa era comerse un cachopo y este verano repitieron. Andina no puede creerse, después de haber pasado aquel buen rato y verlo tan sano y alegre, que haya muerto. "Era la bondad infinita, un bonachón, la persona más simpática, siempre alegre", se emociona hablando de quien dice que es "uno de mis amigos del alma" y al que todos los chavales llamaban "chipirón", "porque era muy moreno".

Severino Fernández es otro de los compañeros de infancia de Íñigo Tartiere y aunque desde hace años ya no coincidían tanto, porque el ejecutivo de Audi había trasladado su lugar de veraneo a Punta Umbría, mantenían el contacto. "Era muy deportista y juerguista, de estar con los amigos", dice refiriéndose a él. "Lo vamos a echar mucho de menos; ha sido brutal", concluye.

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