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Un colegio que enseña a convivir

La Fundación Educativa Santo Domingo, los Dominicos, ofrece desayunos y colaboración a las familias más necesitadas

Arriba, por la izquierda, Sara Bárcenas, Laura Mayordomo, Andrés Ferradás, Beatriz Barriuso, Verónica Rodríguez, Elena Rodríguez y Laura F. Llames.

Arriba, por la izquierda, Sara Bárcenas, Laura Mayordomo, Andrés Ferradás, Beatriz Barriuso, Verónica Rodríguez, Elena Rodríguez y Laura F. Llames. IRMA COLLÍN

Sara Bárcenas Cuendía, profesora de la Fundación Educativa Santo Domingo, el colegio de los Dominicos de Oviedo, siempre ponía en marcha los desayunos solidarios del centro a finales de octubre. Pero este año ha tenido que adelantarlo. El pasado lunes comenzó a recibir llamadas de usuarios preguntando cuándo empezarían a servir los desayunos, ya no podían esperar más. Así que lo harán en pocos días. Volverán a dar de desayunar a todos los niños, alumnos del colegio o vecinos del barrio, que no lo necesiten. Empezaron a hacerlo hace tres años y ahora, además del desayuno, les dan "un tentempié a media mañana, la merienda y a veces se llevan hasta la cena", explica la profesora. Si la situación lo permite hacen un reparto de alimentos un viernes de cada dos, todo depende de lo que recojan de los donativos, tanto de los padres de alumnos como de los vecinos y negocios del barrio que desde el primer momento se involucraron en el proyecto.

Son los propios alumnos y exalumnos del colegio los que se encargan de la intendencia. Recogen los alimentos, los seleccionan y preparan y sirven los desayunos.

Despertar a un chaval de 14 años una hora antes de lo necesario para acudir al colegio parece una utopía. Que un universitario no aproveche al máximo su sueño para regresar al colegio en el que estudio parece imposible. Pero es lo que ocurre con este proyecto que involucra a todo el barrio. Laura Fernández es una de esas exalumnas que acude todas las semanas a su antiguo colegio. Es ese sentimiento de pertenencia. Esta estudiante de cuarto curso de Psicología en la Universidad de Oviedo está "muy unida al colegio" y siempre tuvo ganas de hacer voluntariado. Lo que se ha encontrado es que el peligro de exclusión social "es una realidad". También encuentra una dualidad que le sorprende. Por un lado, se encuentra a diario con situaciones muy críticas pero por otro cree que a los desayunos solidarios de su colegio "acude poca gente", con lo que piensa que "sigue existiendo cierto estigma social", aunque también celebra que los pequeños que acuden a desayunar lo hacen sin ningún tipo de prejuicio. "Cuando alguno se olvida la merienda se la puedo llevar a clase y son ellos los que cuentan a sus compañeros que desayunan aquí".

El proyecto ha ido creciendo y ahora en el almacén también hay uniformes del colegio, algún chandal u otros productos. Incluso los voluntarios llevan comida y lo que necesiten a familias de otras localidades como Trubia. Como novedad este año, Sara Bárcenas quiere que durante ese rato que los niños pasan en las salas que los frailes dominicos han cedido para los desayunos también puedan resolver sus dudas escolares con la ayuda de exalumnos o profesor.

Hermanamiento con el Sahara

La mente inquieta de esta profesora ha ido más allá y ha logrado que su colegio se hermane con dos escuelas de los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia, centros en los que estudian 1.300 niños.

"Todo empezó con un mercadillo solidario en el que se recaudaron 800 euros", recuerda Bárcenas. Ese dinero se entregó a la Asociación Asturiana de Amigos del Pueblo Saharaui pero la relación no se quedó ahí. Los alumnos de los Dominicos prepararon 800 cajas con todo tipo de material, desde libretas y lápices hasta cartas manuscritas y algún teléfono móvil. Esas cajas viajaron a los campamentos y así se establecieron contactos que perduran en el tiempo y que ha llevado a los Dominicos a establecer de manera oficial ese hermanamiento. Bárcenas quiere ahora articular otro modelo de colaboración para enviar la merienda a esos niños que viven en la hamada argelina.

Además de alimentar el cuerpo con comida, se han puesto en marcha actividades encaminadas a alimentar el alma. "No hay nada peor que un niño roto emocionalmente y hay muchos niños rotos", resume Sara Bárcenas. Así que para recomponer esos pequeños corazones se ha adentrado en el mundo del "mindfulness" o de atención plena. Todo el colegio para cinco minutos después del recreo en una suerte de meditación colectiva que trabaja el interior y la inteligencia emocional. La profesora lo ve como una necesidad, la de "parar para reparar". Hay música, ejercicios de respiración o de higiene postural, "para profundizar un poco en nosotros mismos y seguir adelante". Traducido al lenguaje de niños: "suben del recreo a las clases alteradísimos de andar corriendo y jugando así que paramos cinco minutos para respirar y luego todo va mucho mejor". Esos ejercicios se practican una vez al mes con tutorías de una hora.

Tutoría entre iguales

Es la última de las iniciativas puestas en marcha en los Dominicos y que también coordina Sara Bárcenas que con este proyecto trata de "hacer frente al acoso escolar y al bullying" con una práctica consistente en que sean los propios alumnos los tutores de sus compañeros.

En definitiva, un colegio en el que se aprende la lección más importante, la de convivir entre iguales.

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