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Visiones De Ciudad

La "San Silvestre" hace ovetenses

Zancadas y momentos inolvidables en una calle Uría a rebosar

La "San Silvestre" hace ovetenses

La "San Silvestre" hace ovetenses

"¿Quién me mandaría meterme en este lío?" Es la frase que se me vino al cabeza justo en el instante que me colocaba en la línea de salida de la "San Silvestre" de Oviedo de 2007. Como diría Forrest Gump "es curioso las cosas que uno recuerda". Pocas horas antes había logrado la victoria en la "San Silvestre" de Gijón y llegaba el momento de afrontar uno de esos retos que siempre has soñado, pero nunca creías que fueran a llegar. El doblete estaba a tan sólo 4 kilómetros, aunque por el camino me esperaban un puñado de los más ilustres rivales del atletismo asturiano de la época. Entre otros, el entonces juvenil Carlos Alonso, el "recordman" asturiano Tino Zapico y el campeonísimo Pablo Alonso se presentaban como escollos para lograr mi reto.

Mentiría si dijera que desde el principio supe que iba a ganar, de hecho, eso no ocurrió hasta los últimos 50 metros. Pero lo que sí tuve claro es que aquella carrera iba a ser diferente y marcaría un antes y un después en mi relación con la ciudad donde nací y estudié Matemáticas.

Desde aquel día, las imágenes que se me vienen a la cabeza cuando pienso en Oviedo van relacionadas con la penumbra amarillenta de las luces del Campo San Francisco o con el silencio roto por jadeos y pisadas de la Calle Independencia; pero, sobre todo, Oviedo para mí es una marea de gente que invade la calle Uría y que abre pasillo a tu paso haciendo que, por un momento, tú corazón olvide su labor y trate de ralentizar su ritmo deseando que es instante sea eterno.

Justo esos momentos son los más efímeros. Segundos que se graban a fuego en tu memoria y que, aunque sepas que el tiempo los ha distorsionado, son incluso más bellos porque son los sentimientos que provocaron los que los han ido moldeando.

Pero el triunfo en la San Silvestre no lo fue todo. Fue el deporte también el que unos años antes me llevó a retornar a la ciudad donde nací durante mi época de estudiante. De entonces se me viene a la cabeza la palabra "diversión", imagino como al resto de universitarios, pero también se me vienen a la mente las horas en aquella diminuta y limitada sala de entrenamiento situada entre el colegio mayor América y el San Gregorio, que para nosotros era como un segundo hogar.

Pese a mi condición de gijonés, no se me caen los anillos en reconocer que para mí la capital del Principado siempre fue una ciudad talismán. En sus pistas logré excelentes resultados y marcas y aunque a nivel de carrera popular tuve muy escasas apariciones, ganar una "San Silvestre"que por la cercanía del público suele ser más cálida que la de Gijón, siempre permanecerá en mi recuerdo, casi tanto como los numerosos amigos y buena gente encontrada en los kilómetros recorridos por sus cuestas, donde tarde o temprano volveré a dar alguna zancada.

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