26 de enero de 2019
26.01.2019

La OSPA rompe moldes

La directora Marzena Diakun lideró un concierto muy sugerente con la sinfónica asturiana ante un Auditorio con poca afluencia de público

26.01.2019 | 01:36
La directora Marzena Diakun, de espaldas, y la soprano Marta Mathéu, en el centro, durante la actuación de ayer en el Auditorio.

La OSPA rompió ayer con los esquemas que suelen imperar en sus conciertos de abono al incluir un programa muy sugerente en el Auditorio, con obras ajenas al canon interpretativo. No se limitó únicamente a obras instrumentales, sino que introdujo varias series de canciones para soprano que confirieron cierta novedad. Lástima que el público no acompañara con su asistencia un concierto de gran interés.

La soprano Marta Mathéu abrió la velada con una selección de las "Doce tonadillas en estilo antiguo" de Enrique Granados en una adaptación para orquesta de Albert Guinovart. Su voz se caracteriza por su amplio torrente sonoro, muy homogéneo en todo el registro vocal, y con una emisión muy cuidada. También cabe destacar su versatilidad y su delicadeza en los agudos.

Marzena Diakun, la directora invitada por la OSPA para este programa constituyó todo un descubrimiento.

En primer término, por el buen trabajo que ha realizado con la orquesta a lo largo de esta semana, y que se deja sentir en la forma en la que la orquesta empastó el sonido y en la uniformidad en los ataques.

Además, se percibía en ella una atención constante a los profesores de la sinfónica asturiana, y se la vio implicada en defender las obras elegidas.

Asimismo, la sinfónica asturiana también supo responder, y afrontó con gran calidad un programa complejo y arriesgado para la plantilla orquestal. La "Sinfonía sevillana" de Turina es una obra llena de colores sonoros y la orquesta consiguió explorarlos todos, no en vano fue una de las obras más aplaudidas.

"Amoremes", de Albert Guinovart es una serie de canciones en catalán para soprano, piano y orquesta en la que la sensibilidad está a flor de piel, y la delicada lectura que Methéu y Diakun hicieron ayer contribuyó a potenciar este aspecto.

La segunda parte, con "D'un soir triste" de Boulanger y el poema sinfónico de Karlowicz, fue el punto álgido del concierto para la OSPA, que tuvo una nueva oportunidad para la exploración del timbre orquestal y el trabajo de conjunto.

En definitiva, un concierto interesante que habría una afluencia mayor.

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