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La Ería, en la educación está la mezcla

En el colegio ovetense conviven niños de treinta y siete países extranjeros que trabajan a diario en el aula de acogida y que se han convertido en intérpretes de sus padres

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La mezcla de nacionalidades del ColegioPúblico de Infantil y Primaria La Ería es algo así como una macedonia, donde el resultado de juntar todos los ingredientes resulta un postre muy dulce. Niños de treinta y siete países que hablan catorce idiomas diferentes conviven en las aulas, y es precisamente

Al aula de acogida acuden los alumnos a trabajar no solo el idioma, también los valores y costumbres de su país de acogida. "¿Qué es un frixuelo?", pregunta alguien en voz alta. "Un fruto", dice un dubitativo Diego Alba, natural de Paraguay y que habla guaraní con sus padres en casa. "No, no, un fruto, no; pero si lleva cerdo yo no como", le responde Zaín, que no tiene claro en que consiste el postre asturiano pero que al desvelar su profesor que es una especie de torta hecha de huevo, leche, harina y azúcar ya se está imaginando el manjar. Porque lo que sí que sabe Zaín Muktar, además de que quiere ser enfermero, es que no come "ni cerdo, ni puerco, ni 'gochu' porque todo es lo mismo".

Trabajar en un colegio donde el 23 por ciento de su alumnado es de procedencia extranjera es "un lujo" comenta González Orviz, y es que "el enriquecimiento del idioma es amplísimo, porque lo que queremos es que todos aprendan de todos y trabajamos en las dos direcciones. Cuando hablamos de la Navidad cada uno explica qué representa para ellos, lo mismo hacemos con la gastronomía o las costumbres", asegura. El inventario de la cocina de estos alumnos se lleva para casa un amplio diccionario que muchos desconocían: vaso, tenedor, cristal, vidrio, cuchara?

Pablo Almeida, de Brasil; Zain Muktar, de Pakistán; Diego Albes, de Paraguay; Daniela Faga de Cuba, Lola Fadili, del Sáhara, Zamarit Jhojara, de Colombia y Víctor Gaspar, de Brasil son el grupo que trabajan a diario en el aula de acogida. Son amigos, compañeros, trabajan juntos y se respetan. "Todos somos iguales, aunque seamos de un país diferente. Cuando yo vivía en Cuba mi mejor amiga tenía la piel de un color diferente al mío", concreta Daniela Faga.

El colegio está muy concienciado de la importancia que tienen la educación en valores en el centro y por eso también cuentan con un programa específico de inmersión lingüística para aquellos alumnos que no saben nada de castellano, y a través de las exposiciones pone en relieve la realidad de esos países de donde proceden los niños que juegan en el patio. Y así cada uno comparte su realidad. Diego Albes echa de menos los ñoquis de Paraguay y el buen tiempo, pero está contento en España. Todos lo están, pero también orgullosos de sus raíces que llevan con orgullo. En la entrada del cole da la bienvenida la exposición "Mi país, Rumanía" y una vez se termine habrá otras dos más: "Las migraciones" y "Mi viaje". Un centro escolar que demuestra que "es posible convivir en esta sopa de letras, que es la realidad de la calle", concreta el profesor.

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