20 de marzo de 2019
20.03.2019

Los mensajes de despedida que dejó escritos Escudero: sobre el sida, la felicidad, su condición gay y Urdangarín

El periodista quiso dejar algunos de sus pensamientos y recuerdos ante su inminente fallecimiento

20.03.2019 | 09:56
Felipe Escudero.

Hoy ha fallecido el periodista Felipe Escudero a los 55 años de edad. El que fuera responsable de comunicación de la Fundación Príncipe de Asturias de 1991 a 2004 ha fallecido en Oviedo a consecuencia de un cáncer que le diagnosticaron en 2018. En una carta extensa que remitió a LA NUEVA ESPAÑA para que se hiciese pública, Escudero explica su lucha contra el sida, un enfermedad que le fue diagnosticada en 1987. "La cruel realidad es que todo comenzó hace 30 años, cuando era un joven estudiante de Periodismo en Madrid. Era DJ en un bar gay, La Viznaga, y después en el Blanco y Negro y otros. Estudiaba periodismo y salía mucho. Salía todo lo posible. Y en esa época de fiestas llegaron también los muertos de sida, los tratamientos. Tenía veintipocos años de edad cuando me lo diagnosticaron, entonces sinónimo de muerte", explica. Esa fue la primera vez que pensó en el suicidio, una idea que le acompañó en varios momentos de su vida, pero de la que siempre supo sobreponerse. "El suicidio es rendirse. Cuando tenga que ser será", escribe Escudero.

En su recorrido vital, el periodista recuerda también su lucha contra las drogas, un mal del que pudo salir pero que le arrebató a su pareja, Javi, en 1996. Sobre su condición sexual, Escudero quiso dejar un mensaje claro para  los jóvenes: "Ser gay no es malo, digan lo que digan, y puede llevarte a alcanzar todo lo que sueñes. Desde la más antigua Historia de la Humanidad a la actualidad (incluyendo a uno mismo), los gays han dirigido épocas históricas, avances científicos, artísticos, económico, tecnológicos. De todo. No es motivo ninguno de vergüenza. Cuidaros y, aparte de cuidaros -insisto-, disfrutad intensamente de esta corta vida".

De su etapa en la Fundación Príncipe (ahora Princesa) de Asturias, el periodista guarda un buen recuerdo de Graciano García, quien, según cuenta, le apoyo mucho en esa época. Nada que ver con lo que recuerda de su relación con Natalio Grueso e Iñaki Urdangarín. Ahora, celebra "que paguen sus pifias". "Siempre mantuve que me fui de la Fundación por cuatro motivos: Urdargarín, Grueso, Rendueles y yo mismo. No se puede evitar lo evidente. La versión oficial sigue siendo que me fui voluntariamente, pero los papeles dicen "despido improcedente"", explica el periodista.

Pese a la tribulaciones de su vida y su final antes de tiempo, Escudero deja un mensaje positivo: "La vida es corta, no lo olvidéis. Sed felices y disfrutad".


Aquí puedes leer la carta íntegra:


La vida es corta, no lo olvidéis. Os lo digo desde el más allá. Trato de hacer bromas, pero lo cierto es que espero todos disfrutéis de la vida, porque es corta. Disfrutad.

He vivido bien, lo reconozco, y he disfrutado una vida quizá envidiable para algunos, y no tanto para otros, es verdad. Pero he sido feliz. Muy feliz. Aunque haya tenido altibajos, siempre me recuperé cuando fue necesario y ... así hasta el final.

Escribo estos textos plenamente consciente, con mi madre viva, con 95 años de edad, y yo con 55 años. Evidentemente, si leéis u oís esto, ya no estoy aquí. Os pido perdón, las cosas son así; podría haber sido antes, y veo a muchos aún peor que yo en ese camino de la vida.

Una buena educación, unos geniales padres (con sus cosas, como todos los padres nacidos en los años 20 del siglo XX) y unos grandes maestros que me ilusionaron por la literatura, la historia y tantas otras cosas. Estudié la carrera que yo quería y amaba, lo logré, viajé mucho y llegué a trabajar cerca de quien nunca en mi vida imaginé conocer. Es cierto: he sido feliz. Y en todos los aspectos; también en lo personal, aunque alguno se asombre. Feliz.

El 5 de diciembre de 2014 me caí, viniendo de caminar por el Parque de Invierno de Oviedo, y fracturé mi cadera izquierda. Siguió una grave infección, cuatro operaciones (con otra infección) y una dislocación. Resumen breve: un destrozo tremendo. Pero muchos ya lo sabéis. Seguramente esa fácil rotura fue consecuencia –según supe más tarde- de artrosis varias que muchos especialistas consideran efectos secundarios de más de 20 años tomando medicación para una enfermedad. Y desde unas pocas semanas antes de mi fiesta de cumpleaños sé que el pequeño tumor que tenía es cáncer. Por si faltaba algún problema, aquí llegan más... Un cáncer con metástasis, por ahora. Pero lucharé y, gane o no, desde luego le costará vencerme. Pero lo ha hecho. Se me han ido los viajes, las ganas de escribir, los sueños.

La cruel realidad es que todo comenzó en realidad en 1987, hace ahora 30 años, cuando era un joven estudiante de Periodismo en Madrid (eran tiempos muy divertidos -la llamada "Movida"- que de repente se hicieron muy duros). Era DJ en un bar gay, La Viznaga, y después en el Blanco y Negro y otros. Estudiaba periodismo y salía mucho. Salía todo lo posible. Salir de Oviedo había sido un milagro largo tiempo anhelado. Y en esa época de fiestas llegaron también los muertos de sida, los tratamientos... Tenía veintipocos años de edad cuando me lo diagnosticaron, entonces sinónimo a muerte por SIDA.

Tras aquel día en Madrid en 1987, al salir del consultorio de la calle Sandoval fui decidido a tirarme por el balcón de la calle León y Escosura, en el piso que compartía con Suso y Salo. Pero me acojoné al llegar al balcón, no lo hice, cogí un tren a Oviedo y hablé con Javi, mi pareja, en la misma cafetería de la estación de tren. Yo era algo cobarde pero su respuesta de seguir juntos me heló y me animó a luchar, aunque él no lo hizo incluso viendo después a amigos suyos de Madrid fallecer. Javi era Javi. "Glez." para otros.

Y desde luego lo hicimos. Vivimos bien todo y de todo y extrañamente felices (o quizá evitando el problema) casi diez años, con sus separaciones y vueltas. Él fue a Londres, yo a Nueva York. Pero volvimos a la vez. Poco después falleció aquel gran amigo de mi primera época en Nueva York que fue Juan Botas.

Yo nunca pensé llegar a los 30, pero después, y cada diez años, festejaba algo: los 30, los 40, los 50...

Pero al grano. Hablaba de Javi. Fuimos felices. Aunque es verdad que nos refugiamos con facilidad en el alcohol y las drogas. Yo acepté ponerme a tratamiento en 1991, con el doctor Victoriano Cárcaba, uno de esos pocos esos médicos, no sólo buen profesional, sino sanos, sinceros y valientes que me encontré en mi vida. Pero Javi se negó, él no quiso. Incluso me marché con él a Madrid y desde allí me sometí a un experimento de doble ciego en Cataluña, en el Hospital German Trias i Pijol (conocido como Can Ruti). Me costó mucho convencer a Javi de ponerse a tratamiento... y cuando al fin lo logré fue, ya en 1995, tarde. Falleció el 4 de julio de 1996.

Se lo conté a mi hermano Carlos viniendo de Lisboa, de la boda de mi querido primo Josele –otro cómplice querido- y años después, en navidades de 1996, a mi hermano mayor, Nicolás. Los dos me han ayudado inmensamente y más de lo imaginable en mis dolencias y quejas. Antes incluso se lo dije a mis jefes en la Fundación Príncipe de Asturias. Graciano García me apoyó mucho en aquella época, con una generosidad enorme. Aunque luego todo se hizo duro. Pero qué importa eso ahora. Mi hermano Carlos me ayudó siempre mucho desde Oviedo, y Nicolás entonces desde Canarias. Mis dos hermanos, como tantos otros amigos, me hicieron vivir y luchar.

¿Podría haber hecho más por Javi? Seguramente. Toda mi vida me ha mortificado eso.

Desde que falleció, cambió mi vida. Durante décadas avisé y previne a tantos amantes... Cientos de veces, en tantos sitios. Lo peor ha sido tener que escuchar y sufrir de tantos de ellos -algunos buenos amigos que lo tenían bien avisado-, que, a pesar de nuestras precauciones, lo habían acabado pillando años después... Creo que he llorado yo más por ellos de lo que debieran merecer. Y algunos se nos fueron. No digo sus nombres por respeto a sus familias, pero muchos los sabéis de sobra.

Porque se han ido muchos. Demasiados.

A los que seguís, tantos conocidos, os deseo en verdad lo mejor.

Desde que Javi falleció traté de seguir vivo, pero sin cuidarme en exceso, aunque no sé bien los motivos. ¿Porque quería disfrutar la vida? ¿Porque encontré a veces problemas inesperados? ¿Por cobardía? Siempre me han dicho que soy fuerte pero pasé dos años malos, y ahora celebro que Grueso y Urdangarín paguen sus pifias, ante las que no supe responder bien, por primera vez en años.

He estado al límite a veces, de alcohol e incluso drogas, pero también del trabajo. Y siempre traté de reponerme de todo. Encontré nuevos amoríos, con la verdad siempre por delante, y encontré felicidad. Pero no era el Felipe de 1987. No lo fui nunca, lo siento.

La Fundación Príncipe (ahora Princesa) de Asturias me dio todo su apoyo en aquella época. Luego se cambiaron los criterios y no tengo nada que objetar. Siempre mantuve que me fui de la Fundación por cuatro motivos: Urdargarín, Grueso, Rendueles y yo mismo. No se puede evitar lo evidente. La versión oficial sigue siendo que me fui voluntariamente, pero los papeles dicen "despido improcedente".

Ahora la fractura de mi cadera, y quizá algún mal trato profesional de ciertos médicos, y la imposibilidad física de moverme bien, me ha hecho más daño que un puto virus que me abordó muy joven pero estaba, y está, controlado en mí. ¡¡¡Tengo el virus indetectable total!!!¡¡¡ El doble de defensas que cuando lo descubrí!!!! Todo mejor... pero... manda cojones, ¿¿verdad?? Una fractura de cadera por artrosis –quizá por la propia medicación- provocó una enorme depresión. Hay límites para todo, incluso para la paciencia.


En 2016 y 2017 he tenido, o quizá sufrido, períodos con tendencias suicidas. Muchas veces. En esta época he sido el "llorica" (oído incluso en el hogar) que nunca pretendía o quería ser. Quejica y quizá cascarrabias, aunque creo que lo era más antes currando. Lo cierto es que últimamente he llorado incluso viendo las noticias tristes, las felices o, flipante, viendo películas como "Sister Act". Me he quejado lo que no hice cuando otros, incluido Javi, estaban mal. Pero sobre todo lloro.

Sin embargo, nunca me derrotó ni el VIH (en 30 años cumplidos, repito, en mayo de 2017), ni el ser dado de alta como enfermo de SIDA, ni mucho menos los desamores. Éstos, al revés, siempre me han ayudado y apoyado mucho, y lo agradezco.

Pero lo de la cadera me hundió más de lo que os podáis imaginar. Dejé de escribir, de proyectar cosas... Dejé de soñar. Y eso fue lo peor, dejar de soñar.

Y ahora, para rematar, en 2018 me acaban de encontrar un carcinoma que no parece ser amigo mío, se ha extendido algo en pocos meses y me han hablado de una expectativa de vida de 5 años. ¡Quién sabe cuánto me aguantará a mí o yo a él, pero más le vale rendirse al cáncer ante mí! Soy peleón. Sería poco normal que, tras tres décadas de enfermedad por SIDA, la cadera rota y pequeñas infecciones, te mate un cáncer. Con todo el respeto que siento a quienes padecen cáncer o tienen amigos o parientes o ya difuntos de tan terrible enfermedad. No me rendiré.

Veo a otros con mala salud y pienso y sé que yo tengo suerte, que estoy mejor... Que hay que seguir...Pero hay días que de verdad duele y la depresión corroe por dentro, por mucho que sonría. He mirado muchas veces el viaducto Marquina, donde hace unos meses, en verano de 2017, se tiraron dos personas en pocos días. Pero no. No es lo mío rendirme así, y menos con mi madre viva.

El suicidio es rendirse. Cuando tenga que ser será, y sólo espero que sea lo más rápido e indoloro posible. Pero tengo poco que disfrutar ya cuando escribo estas líneas, que ya son demasiado largas.

Ya está bien.

He vivido a tope, la verdad, no me quejo. En todos los sentidos: trabajando y disfrutando. Creo que he tenido mucha suerte. He sido muy feliz y, a mi edad, he viajado por todo el mundo, estrechado manos que nunca imaginé y trabajado en lo que me gustaba de verdad. Gracias a la vida por eso y a los que lo hicieron posible.

Empecé a morir en 1987, el año que lo supo Freddy Mercury, pero al menos dure más de lo previsto y si me hubieses cuidado quizá me quedaría mucho, pero ver tan de cerca la muerte, ver a mi pareja exhalándome en mis brazos, me ha llevado a disfrutar como si no hubiera más que meses restantes. Ahora llegó la hora. Y no es momento de llorar, quejarse o mirar para atrás, sino para adelante. Y animarse, y animar a los demás que los pasarán mal una temporada pero luego lo superarán, como todos hacemos.

Temo a la vejez solitaria y a una mala pensión, así que no merece la pena. Mejor disfrutar más e irse antes.

Cuando leáis esto todo ya habrá pasado. Sabed que siempre hay futuro para todos. Lo mejor es lo que queda. Disfrutad de esta corta vida que gozamos. También deseo una buena vida a quienes me hayan hecho o yo haya hecho daño.

La vida pasa rápido

¡Ahijado Eloy, no lo olvides!! Y disfruta la vida como hay que hacer. Sé honesto. Disfruta, haz el bien y sé feliz. Y cuídate. Te deseo lo mejor. Siento mucho no haber sido muy buen padrino, pero sentía pánico incluso de que me vieran abrazarte cuando eras niño. Siento que a veces he sido cobarde en eso. Lo siento.

Pido que no haya funeral, sino, como mucho, ceremonia de la palabra. Que mi cuerpo sea donado a la Facultad de Medicina, para que sus estudiantes puedan ver y aprender. Y más con los efectos, venganzas y sufrimientos de un paciente como yo, que llevo de todo. Si mi cuerpo no lo quieren en la facultad, se incinera y se tira por ahí. Nunca al mar, que ya está bien contaminado y las cenizas no son plancton.

Nunca he madurado ni me considero maduro. Soy algo crío. Una mezcla de Peter Pan y un gilipollas. No me considero culpable de nada, que quede claro, salvo de vivir mi vida, disfrutarla y sufrirla. Porque reconozco que he tenido suerte y he disfrutado de una vida intensa y plena. Cometí inmensos errores, pero todo ha ido junto. También creo que he ayudado a muchas personas, y eso me hace sonreír de vez en cuando.

Cariño y comprensión a todos. Mis fallos y defectos son muchos, pero siempre creo que traté de ayudar a los amigos de verdad. Aunque quizá cometiese muchos errores con alguno. Os ruego me perdonéis (total... ya estoy muerto), y, salvo que seáis crueles o encontréis placer en las desgracias ajenas, si no me perdonáis o entendisteis, espero la vida sea "buena" con vosotros.

Sed felices y disfrutad. Es ley de vida.

A los jóvenes: ser gay no es malo, digan lo que digan, y puede llevarte a alcanzar todo lo que sueñes. Desde la más antigua Historia de la Humanidad a la actualidad (incluyendo a uno mismo), los gays han dirigido épocas históricas, avances científicos, artísticos, económico, tecnológicos... De todo. No es motivo ninguno de vergüenza. Cuidaros y, aparte de cuidaros -insisto-, disfrutad intensamente de esta corta vida.

Sigo sin creer ni tener fe, así que voy al fondo negro. Si no es así, bienvenido lo que sea, pero sé que no, que me quedo en negro y sin existir más que en recuerdos.

Besos. Adiós. Bona nit

Empezado el 9 de enero y totalmente modificado en octubre de 2018.

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