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El presentador que se presenta

Hubo un tiempo de vídeos VHS y Oviedo en blanco y negro en que el niño Nacho Cuesta custodiaba con celo una cinta en la que diariamente iba grabando las cabeceras del telediario. Con los años, la periodista acabó siendo su hermana Beatriz, y a él le quedó un síndrome de presentador de las noticias -buena dicción, cara bonita- que le vino muy bien en los Juzgados cuando se vio convertido en abogado a finales de los noventa. Cuesta es de esos tipos que se expresa con mucha corrección y que se gustan mucho de expresarse. Plusmarquista del hablar en público hoy y con un don natural para las relaciones públicas, encontró en el Colegio de Abogados un lugar donde entrenar sus dotes políticas y en Enrique Valdés Joglar el decano del que lo aprendió todo sobre aquella institución. Ocho años estuvo con él en la junta de gobierno, superó una campaña electoral más que dura y logró suceder al maestro con una victoria por goleada (más del doble de votos que sus rivales). Completado su primer mandato, deja ahora la sede de Schultz para embarcarse en la aventura de la política local de la mano de Ciudadanos. Recuperado de su afición enfermiza al deporte, ha ganado kilos, quitado barba y mantenido, cuando no se pone estupendo, ese hablar jovial con un soniquete que se diría gallego si no fuera moscón. Divorciado y padre de dos hijos casi adolescentes, Nacho Cuesta se presenta a las municipales como entusiasta de sí mismo y de la ciudad, una suerte de Suárez versión local siglo XXI sin trujas ni naftalina y con alguna cicatriz profunda que guarda bien bajo sus 47 palos.

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