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El arte de afilar que llegaba de Galicia

Los profesionales recorrían las calles pregonando sus habilidades, que también incluían arreglar paraguas

El arte de afilar que llegaba de Galicia

El arte de afilar que llegaba de Galicia

Echo en falta a aquel obrero orensano de "la Terra da chispa" que cruzaba nuestras ciudades y pueblos, llamando la atención con aquel silbato tan particular que, como si fuese una armónica, soplaba a la altura del labio inferior, a la par que gritaba "afilador y paragüero", cuando arreglaba potas y ollas de porcelana.

Aquellas preciadas piezas se nos caían al suelo y la porcelana granate saltaba. Aquel amanuense las arreglaba poniendo un remiendo que aseguraba con un clavo, tanto en el exterior como en el interior. De ese modo se conseguía que las ollas siguiesen cociendo en nuestras cocinas.

Aquel manitas también nos arreglaba paraguas, porque las varillas que sujetaban la tela terminaban oxidándose por la humedad propia de nuestra Asturias. Ellos, maestros en reparaciones, aprovechaban las viejas varillas de otros paraguas rotos para sustituirlas en sus reparaciones.

También eran los reyes a la hora de afilar nuestros cuchillos y tijeras, que luego cortaban con demasiada facilidad los embutidos y las carnes. Las tijeras volaban cuando se ponían en contacto con las telas más duras.

Con el tiempo, y ya en Madrid, observé como un persona salía de su coche Mercedes, abría el portaequipajes y se acercaba una piedra de afilar unida a un motor que, suponía, iría conectado a la batería del coche. De un restaurante próximo salió un camarero con una gran bandeja llena de cuchillos. El operario del coche puso en marcha el motor y la piedra de afilar comenzó a rodar con tal fuerza que en un periquete afiló todo aquel montón de cuchillos. Enseguida le trajeron otra bandeja.

Recuerdo, también, como en el Fontán y enfrente del arco de las madreñas, había un orondo y calvo profesional que arreglaba nuestras potas, paraguas y afilaba con enorme soltura ¿Se acuerdan ustedes de él? Yo sí. Años después fue retratado por el pintor Andrés Tresguerres.

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