José Antonio Corrales Zarauza fue pionero en el estudio del carbón y de la Ingeniería de Minas. Nacido en Oviedo en 1924, perteneció a la primera promoción de licenciados de la Escuela de Minas de Oviedo. Muchos empezaron la carrera. Luego, unos abandonaron; otros, continuaron en la brecha. Y sólo diez llegaron al final. Entre esa decena de elegidos que recibieron el título de ingeniero de minas en 1966 estaba Corrales Zarauza, fallecido el jueves en Oviedo, a los 95 años de edad.

"Hay que destacar sus cualidades de persona seria, recta y rigurosa, a la par que amable y con un atractivo sentido del humor", explicó ayer Jorge Xiberta, catedrático de la Escuela de Minas. "Se preocupó de la promoción todos los que colaborábamos con él, en ocasiones sin que fuéramos conscientes de la ayuda recibida, como fue en mi caso", añadió Xiberta.

Ya antes de licenciarse, en 1947, José Antonio Corrales Zarauza había entrado a trabajar en el Instituto del Carbón, prácticamente desde la inauguración de la instalación. Por aquellos años los laboratorios, que se dedicaron a establecer los tipos de carbón que había en Asturias, estaban situados en dependencias de la Facultad de Químicas, en la plaza de Riego.

En el Instituto desarrolló una intensa labor profesional hasta 1974, cuando se incorporó a la Escuela de Minas, en la que él mismo había estudiado. Tres años después se hizo cargo de la Cátedra de Química-Física y poco después, a principios de los años 80, sucedió a Luis Fernández Velasco en la dirección del centro. En 1989 le llegó la orden de abandonar las aulas. Había cumplido los 65 años y era el momento de la jubilación. Dejó de dar clase, pero no de preocuparse por la situación de la industria asturiana y en especial por todo lo relacionado con el carbón. Años después ya avanzaba la necesidad de una reconversión de la minería y de buscar fuentes de energía alternativas. Respecto a los futuros cambios en Hunosa y el sector minero, aseguraba que era inevitable: "El carbón asturiano no es ni mejor ni peor que otros, pero los yacimientos son malísimos; las capas son estrechas, tienen grandes plegamientos y están llenas de estériles. Así las cosas, la explotación es casi una labor de artesanía, carísima y peligrosa".

La familia de José Antonio Corrales Zarauza le despidió ayer por la mañana en el tanatorio de los Arenales de Oviedo, donde fue incinerado.