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Oviedo salda su deuda con Álvarez-Santullano

El maestro, impulsor de las Misiones Pedagógicas y modernizador de la educación, tendrá una calle en su ciudad

Álvarez-Santullano, en el centro de la imagen, en el Centro Asturiano de México poco antes de su muerte.

Álvarez-Santullano, en el centro de la imagen, en el Centro Asturiano de México poco antes de su muerte. FOTO CEDIDA POR LA FAMILIA

Oviedo saldará por fin una deuda pendiente con uno de sus hijos más ilustres y también más olvidados, Luis Álvarez-Santullano (Oviedo, 1879-México, 1952). Pese al desconocimiento de muchos, Santullano fue uno de los grandes impulsores de la modernización educativa de la España previa a la Guerra Civil y estuvo al frente de una iniciativa tan celebrada como las Misiones Pedagógicas. Fue él, por ejemplo, quien propuso que Alejandro Casona dirigiese el Teatro del Pueblo. La vida de este ovetense fue, según la revista del exilio "Las Españas", "una lección espléndida, así en las aulas como en el hacer y convivir de cada día; un ejemplo singular de laboriosidad, de sencillez, de hombría y de bondad extraordinarias". Maestro, licenciado en Derecho, con estudios en el Seminario, fue también quien propuso que en los colegios españoles se estudiase Educación Física. Lo hizo después de un viaje a Bélgica para analizar su sistema educativo. Son sólo algunos de los aspectos más destacados de un hombre que ahora tendrá calle en Oviedo, gracias al PP.

Lo aprobó por unanimidad la Comisión de Cultura del Ayuntamiento a propuesta de la concejala popular María Ablanedo. En principio, la aprobación definitiva debería hacerse en el Pleno del martes.

María Ablanedo retomó una petición que ya había hecho en 2016 la familia de Santullano pero que finalmente no llegó a tramitarse. La concejala quiere que se reconozca "la labor desarrollada a lo largo de su vida por el pedagogo y escritor Luis Álvarez-Santullano".

Álvarez-Santullano estudió sus primeras letras en la escuela del Fontán, que dirigía su padre, un docente plenamente integrado en el movimiento regeneracionista promovido por la Institución Libre de Enseñanza. El padre, al que sus contrincantes llamaban "el sabiu de Faro", por haber nacido en esa localidad, inculcó en su hijo los mismos afanes.

Tras las primeras letras, en 1891 pasó al Seminario Conciliar de Oviedo, donde permaneció hasta 1898. Además asistió a las clases de la Escuela de Artes y Oficios, donde también ejercía su padre, pero el destino final era Magisterio. Dice la tradición oral de la familia Santullano, según cuenta el también docente Grabriel Santullano, sobrino nieto de Luis, que el padre exigía a sus hijos que antes de iniciar otra carrera de mayor rango estudiasen Magisterio. Así lo hizo el ahora homenajeado antes de matricularse en Derecho, carrera que acabaría en 1905. Ese mismo año le fue concedida una beca, pensión se llamaba de aquella, para viajar por Francia y Bélgica durante un año: de noviembre de 1905 a septiembre de 1906. Iniciaba un período de aprendizaje que le permitiría visitar, pensionado o por cuenta propia y con la ayuda de su padre, Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Suiza e Italia. En esos viajes conoció los sistemas educativos, asistió a escuelas, institutos y decenas de centros de enseñanza.

En 1909 regresó a Oviedo para casarse con la polaca de madre ovetense María Brzezicka. Luis Álvarez-Santullano fue alternando la docencia con cargos de gestión en la Junta de Ampliación de Estudios, encargada de la organización de las enseñanzas en España. En el año 1911 ejerció como inspector de Primaria en Tarragona y Zamora, donde fraguó una larga relación de amistad con Miguel de Unamuno. El 23 de abril de 1920 fue nombrado miembro de la Junta para la Extinción del Analfabetismo.

Misiones Pedagógicas

Al tiempo, gustaba de organizar "cosas" culturales, como dice la familia. Y la culminación de esa querencia fue la creación del Patronato de Misiones Pedagógicas, y, como él mismo declaró al presentar en 1941 una solicitud de trabajo en México a través de Alfonso Reyes, fue el encargado de organizarlas, en la excelente compañía de Cossío, Antonio Machado, Salinas y otros análogos elementos que se le dio la libertad de elegir para aquel patronato.

El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Salinas, adonde había ido con el fin de restablecerse tras una afección coronaria. En cuanto pudo, pasó al sur de Francia para regresar de inmediato a la zona republicana. El final de la guerra encontró al matrimonio Santullano-Brzezicka en París, donde Luis Santullano era, desde 1938, primer secretario del embajador de la República.

"Este episodio traumático será el comienzo de un período de oscuras incertidumbres, similar al que sufrirán miles de españoles que habían defendido la legalidad republicana", explica su sobrino nieto. Santullano no había sido nunca hombre de partido, pero "tanto él como sus hijos y familiares pertenecían a la élite intelectual que se había comprometido con la transformación de España en un sentido modernizador y laico, algo que el nacionalcatolicismo nunca perdonaría", relata Gabriel Santullano en la documentación presentada para solicitar la calle.

Un hombre comprometido que, según el historiador Antolín Sánchez Cuervo, "entendía la educación como un saber y una actividad intermedia entre la ciencia y el arte. Como una formación integral de lo humano enraizada en la experiencia vital que pone en evidencia el sentido dislocador del examen, entre otras prácticas de la enseñanza convencional. La entendía como un dominio del hablar y del obrar frente a la educación tradicional, a la receta de manual o a la enseñanza libresca. Y también como una tarea que debe gozar de plena autonomía frente a criterios de producción capitalista y moldes nacionales o proyectos de estado preestablecidos, susceptibles de derivar hacia concepciones totalitarias e instrumentales de la educación". Ese fue Luis Álvarez-Santullano. Ahora, Pleno mediante, con calle en Oviedo para reconocer su legado y su trayectoria.

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