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Paco Pepe de la Cigoña: "Ningún católico relevante participó en la sublevación de 1936"

El periodista afirma que el nacionalcatolicismo "no fue un invento de Franco" y se remonta a Recaredo, con la conquista de América como punto importante

Paco Pepe de la Cigoña, ayer, en la Fundación Gustavo Bueno. LUISMA MURIAS

Francisco José Álvarez de la Cigoña, conocido como Paco Pepe de la Cigoña, desmontó ayer la idea de que el nacionalcatolicismo fue "un invento" de Franco. Lo hizo en una conferencia en la Fundación Gustavo Bueno y lo hizo de dos formas, explicando que el nacionalcatolicismo en España es anterior a Franco y que el dictador mantuvo importantes disensiones con el Vaticano.

De la Cigoña, uno de los periodistas especializados en la Iglesia católica más seguidos en lengua española, se remontó a la conversión al catolicismo de Recaredo (siglo VI) y a partir de ahí habló del avance de la Reconquista con Pelayo, el catolicismo de los reyes Alfonso II y Alfonso III y el traslado de la corte a Oviedo. Como punto importante en esa trayectoria del nacionalcatolicismo en España puso sobre la mesa la conquista de América, "un fenómeno de evangelización".

En ese repaso histórico reconoció periodos con menos impronta católica como las etapas liberales o la II República, "marcada por la violencia hacia la Iglesia católica".

Ya en 1936, De la Cigoña afirmó que "ningún católico relevante participó en la sublevación, que fue un acto militar que nada tuvo que ver con la religión".

Lo que sí reconoció fue que "en aquellos momentos los católicos se sienten salvados por la sublevación militar, ya que en las zonas en las que triunfaron los nacionales no había asesinatos de religiosos, salvo en el País Vasco, donde se mató a los curas de los gudaris".

Desde aquellos inicios, el Vaticano fue receloso con el franquismo. "Pío XI repartió palos al fascismo y al comunismo y no apuesta por el franquismo, aunque sí es cierto que en 1937 un documento del arzobispo de Toledo y prelado de España considera la sublevación una cruzada a favor de la Iglesia".

Pese al nacionalcatolicismo de Franco, el Vaticano tuvo muchas dudas. "Hay proximidad pero también reticencias", dijo De la Cigoña. El Vaticano pide cambiar el concordato con España y solicita a Franco que apruebe la libertad de conciencia y que elimine el derecho de presentación, con el que el Caudillo era el encargado de aprobar la terna para nombrar obispos. Franco aceptó la primera petición, no la segunda, y le pusieron obispos auxiliares.

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