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Porlier, una cárcel sin piedad

Las infrahumanas condiciones de los presos a inicios del siglo XX, antes del traslado del presidio al Naranco

Una imagen de la antigua cárcel que se ubicó en la plaza Porlier.

Una imagen de la antigua cárcel que se ubicó en la plaza Porlier.

Recientemente, en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, se abordó por Begoña González el tema del maltrato a los internos en el antiguo Hospicio. Hoy vamos a narrar el trato deplorable que recibían los presos de la desaparecida Cárcel Correccional en la plaza de Porlier, a finales del XIX y principios del XX

En diciembre de 1887 el Ayuntamiento de Oviedo y la Diputación se disponían a construir una nueva cárcel en las estribaciones del Naranco, actual sede del Archivo Histórico, de acuerdo con el proyecto del arquitecto Javier Aguirre. Seis meses más tarde, en junio de 1888, por ley publicada en la Gaceta el 11 de mayo, se establecían las condiciones del convenio entre ambas entidades para afrontar la obra. Iniciada en 1896 y finalizada en 1905, fue inaugurada dos años después en 1907 recibiendo de la antigua cárcel a 140 hombres y 20 mujeres, acompañadas éstas, por niños pequeños.

Las condiciones de la cárcel, la situación en Porlie y su traslado al Naranco. En junio de 1882, un diario asturiano publicaba un relato estremecedor de la vida diaria de los presos en las cárceles: "En primer lugar, existe la perniciosa costumbre de confiar la dirección y custodia de las secciones de presidiarios a los "cabos de vara", hombres que están reputados como los de peores y más bajos sentimientos. Sus decisiones van acompañadas de horribles blasfemias, usando castigos bárbaros y crueles. Añadamos a esto la desnudez completa de los presidiarios o la alimentación malsana que se reparte, de tal escasez, que, muchos de ellos mueren de inanición. Otro sufrimiento son los rudos trabajos que realizan y el mísero lecho de una estera sobre el húmedo suelo".

El diario católico "Las Libertades", de 23 de octubre de 1899, denunciaba la "situación intolerable del contacto escandaloso de niños y jóvenes condenados a penas leves con los criminales más empedernidos". Curiosamente, las mujeres ovetenses que se dirigían hacia Cimadevilla o el Fontán eludían pasar por la calle Mendizábal para no escuchar la sarta de "piropos" soeces y groseros procedentes de las ventanas del presidio orientadas a la citada calle.

Se denunciaba igualmente las pésimas condiciones sanitarias y la absoluta falta de higiene, los brotes de sarna y otras enfermedades, la carencia de ropas de abrigo y la ausencia del servicio médico, que aumentaba hasta la desesperación a los reclusos. En setiembre de 1903, el diario "El Correo de Asturias" exponía la necesidad urgente de la nueva cárcel del Naranco por "hacerse cada día más indispensable el traslado de presos hacinados sin condición alguna higiénica, hasta el punto de constituir un peligro para la salud pública".

Un año más tarde, en abril de 1904, un periodista visita la cárcel y realiza un amplio reportaje sobre la vida de los presos. El director del centro le refiere las diversas actividades de los condenados. "Cincuenta de ellos se dedican a hacer calceta, otros alfileteros, otros mangos, otros redes, y hasta tenemos un carpintero y un albañil. El caso es que no tenemos herramientas". En los calabozos se aplicaba el "cepo", del que se liberó una noche el célebre bandido "El Turón". Otro sistema aplicado era la "blanca", instrumento formado por una cadena unida al suelo y terminado en una argolla en la que se introducía el pie del penado·

En aquellos años se hacía ya imprescindible la inauguración de la nueva cárcel dadas las condiciones deplorables de la cárcel- fortaleza. El nuevo centro penitenciario, en el Naranco, antes de inaugurarse ya ofrecía temas de denuncia y se consideraban algunos fallos notables como la ausencia de luz y herramientas tan necesarias en los talleres, la escasa dotación de retretes en las tres plantas; había uno por cada planta, de solo dos plazas y sin tazas de sifón; la falta de espacio en las salas de enfermería y autopsias o un horario inaceptable de las dos comidas diarias: a las diez de la mañana y las cinco de la tarde, con 17 horas sin percibir alimento alguno. Así y todo el nuevo centro ofrecía claros avances en la calidad de vida de los presos, lejos de las condiciones infrahumanas de la antigua cárcel de Porlier

Veinte años después de su proyecto se inauguraba la nueva cárcel del Naranco, y el 8 de mayo de 1907 se procedía al traslado de presos de la antigua Fortaleza de Porlier en medio de una inusitada expectación. Antes de las cuatro de la madrugada se había previsto la dotación de ocho guardias civiles para evitar posibles aglomeraciones. A las cuatro y media salía el primer pelotón de 20 presos procesados por causas leves. A las cinco salía otro pelotón de 40 presos protegidos por la Guardia Civil de Infantería y Caballería y a las 5.45 horas el resto de los presos por delitos graves, cerrando la comitiva otro grupo de leves acompañados por el director de la prisión, Colubi.

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