03 de mayo de 2019
03.05.2019

Jacobs y su personal versión de Beethoven

El director belga ofreció en el Auditorio la "Misa solemne" del compositor de Bonn, llena de fuerza

03.05.2019 | 01:04
René Jacobs, junto a Polina Pastichak y Sophie Harmsen y varios integrantes del coro.

La actuación de René Jacobs ayer en Oviedo, del ciclo "Los Conciertos del Auditorio", destacó por la versión tan personal que ofreció de la "Misa solemne" de Beethoven, ante un público expectante que llenaba la sala. Su propuesta se diferenció especialmente en lo que a sonoridad y tempo se refiere.

A pesar de que su interpretación de esta obra tan canónica y conocida de Beethoven funcionó y tuvo mucha fuerza, quedó la sensación de que el público esperaba aún más, sobre todo por ser Jacobs uno de los grandes actuales y por la altísima calidad de los músicos que lo acompañaron.

El Rias Kammerchor, al que Jacobs situó a ambos lados de la orquesta para mejorar la comprensión del texto, fue uno de los grandes protagonistas de la noche por la dificultad que esta partitura entraña para todas las secciones. Sin embargo, su ejecución fue brillante ayer. Un sonido muy empastado que esconde detrás un meticuloso estudio durante los ensayos. Lástima que el ruido que hicieron las sillas al sentarse los integrantes del coro deslució algunos momentos muy delicados de la obra.

Jacobs mantuvo un gesto comedido durante el transcurso de la obra, al que la sonoridad, los balances y el empaste entre orquesta, coro y solistas delatan el trabajo y la coordinación que hay detrás.

Fue asombrosa la labor de conjunto también con la Orquesta Barroca de Friburgo, emplazada en el centro del escenario con sus profesores tocando de pie. Aunque Jacobs avanzó a LA NUEVA ESPAÑA que su versión no recurriría al uso de instrumentos originales, eran varios los instrumentos en las secciones de viento madera y metal que no presentaban la forma moderna de cualquier orquesta Sinfónica. También el vibrato puntual en las cuerdas contribuyó a revestir de historicista una composición que hunde sus raíces ya en pleno Romanticismo al igual que lo hace La novena del propio Beethoven.

Los solistas también contribuyeron significativamente a ese trabajo en conjunto que sobresalió en esta cita ovetense. Polina Pastirchak fue una soprano de voz cristalina, muy bella, al igual que el bajo Johannes Weisser. El tenor Steve Davislim hizo gala de un timbre peculiar y de una buena proyección sonora, y la Mezzosoprano Sophie Harmsen, que actuó en sustitución de Patricia Bardon, destacó por su potencia y oscura sonoridad.

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