04 de mayo de 2019
04.05.2019

El violín de Suwanai encandila en Oviedo

La sinfónica asturiana y la violinista japonesa mantienen en vilo al Auditorio durante una brillante velada que emocionó a la audiencia

04.05.2019 | 01:39

Emoción, ovaciones y el público en vilo durante casi toda la noche, ayer, en el Auditorio Príncipe Felipe. Si el violín de la japonesa Akiko Suwanai encandiló a la audiencia, no fue tampoco menor el triunfo de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA). Al término de la "Sinfonía nº 5" de Tchaikovsky, los aplausos atronaron como justo reconocimiento a una gran velada.

El programa gustó y fue un acierto, reforzado con la presencia de Akiko Suwanai, la violinista más joven de la historia en ganar el concursi Tchaikovsky de Moscú, (lo hizo a los 18 años) y que ya había colaborado con la OSPA.

Desde la primera nota del "Concierto para violín" de Korngold el sonido de su violín se propagó por la sala. Suwanai toca el "Delfín", un Antonio Stradivarius de 1714 que anteriormente perteneció a uno de los más grandes violinistas del siglo XX, Jascha Heifetz. Además, el de Korngold es el concierto más moderno del repertorio canónico para este instrumento, y el público agradeció la interpretación.

Suwanai demostró ser una violinista completa, con una gran expresividad que se dejó sentir especialmente en los numerosos pasajes líricos que abundan en el concierto de Korngold. Pero la parte técnica no se queda atrás, especialmente en lo que a la mano izquierda se refiere, con un cambio de arco casi imperceptible, y mucha claridad en los pasajes complicados del tercer movimiento.

Como propina interpretó el primer movimiento de la "Sonata nº 2 para violín solo" de Eugène Ysaÿe. Una obra en la que Suwanai aún fue un paso más allá para mostrar al público ovetense su dominio técnico del violín, su precisión y su increíble sonido.

La OSPA abrió el concierto con la obertura de "La novia vendida", de Smetana. Una obra que los profesores de la orquesta conocen bien y que quedó patente ayer en la seguridad que mostraron durante su interpretación.

El director invitado Brett Mitchel prefirió asegurar y no eligió un tempo demasiado rápido. Mitchel es un maestro muy sujeto a la partitura, de gesto preciso, muy pendiente de las cuestiones de tempo, con el que la OSPA parece funcionar muy bien, como se pudo evidenciar ayer.

La segunda parte estuvo dedicada a la "Sinfonía n.º 5" de Tchaikovsky. La OSPA mantuvo en vilo a los asistentes durante todo el transcurso de la misma, con una ejecución llena de matices y una sonoridad majestuosa en el primer movimiento, que dejó paso al segundo, muy romántico, hasta el brillante finale en el que no quiso guardarse nada en la recámara.

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